NUESTRAS PARROQUIAS

Buscamos unas Parroquias que sean Comunidades generadoras de vida, en ella fuimos engendrados por el Bautismo, y ella acompaña a sus hijos desde que nacen hasta que mueren. Escuela en la que nos formamos y maduramos unos con otros en la fe por la evangelización y la formación, como tarea permanente de conversión personal y comunitaria, entendida como un proceso dinámico que nunca acaba, como experiencia profunda de Dios e interiorización de la vida de Cristo (Gál 2,20; Filp 1,21). Debe ser un lugar de encuentro y vínculo de comunión, casa abierta a todos, hogar de los pobres, plataforma misionera, donde aprendemos y vivimos en libertad, fermento de nueva humanidad. Atenta a los signos de los tiempos y a las necesidades de nuestra gente


Bizitza sortzen duen Parrokia baten bila gabiltza, bertan Bataioaren bidez sortu ginen, eta gure seme-alabei jaiotzetik hil arte laguntzen diena. Katekesi eta ebanjelizazioaren fedean hezten eta heltzen garen ikastetxea da, bihurtze pertsonal eta komunitarioko etengabeko zeregin bezala, inoiz bukatzen ez den prozesu dinamiko bat bezala ulertua, Jainkoaren esperientzia sakona eta Kristoren bizitzaren barnerapen bezala (Gal 2,20; Filp 1,21). Topagune eta elkarte-lotura izan behar du, denontzat irekitako etxea, behartuen etxebizitza, plataforma misiolaria, aske ikasi eta bizitu dezakegunak, gizarte berri baten hartzigarria.


miércoles, septiembre 30, 2026

Levántate y deja las excusas

 


El sacramento de la reconciliación no siempre es fácil. Muchos son los que no lo practican, dejando su alma en el umbral de la libertad; pero Dios está esperándonos como el padre de la parábola del hijo pródigo, o puede que necesites que otros te animen y lleven a Jesús como al paralítico que lo introdujeron por el techo.

El pecado nos hace alejarnos de Dios y cerrarnos a su amor. Por mucho que miremos para otro lado, la culpa nos sigue acompañando. Nuestra miseria solo sana con la misericordia de Dios. El camino hasta el confesionario está lleno de trampas y obstáculos, incluso en nosotros mismos con frases del tipo:

“No tengo nada por lo que confesarme”. “La confesión es humillante y alienante”. “No siento deseos de confesarme, no me dice nada. “Yo me confieso directamente con Dios”. “Siempre caigo en las mismas faltas”. “Total, por esto no voy a confesarme”.

Si te reconoces en alguna de estas frases, te repito lo que dijo San Pablo: “En nombre de Cristo os suplicamos, que os dejéis reconciliar con Dios” (2Co 5, 20). El mismo Cristo instituyó el sacramento para darnos la libertad frente a las ataduras del pecado (Jn 20, 30), además de ser un ejercicio que la psicología reconoce como sanador al tener signos visibles de lo invisible. Nos hace maduros en la fe al enfrentarnos a nuestro pecado (1 Jn 1, 8-9). Comprobarás que el sacerdote está ahí para levantar al pecador y no abrumarlo, transformando el remordimiento en alegría y acción de gracias profundas, más allá de sentimientos pasajeros de cuando te apetece o no. Por ello, ¡levántate! coge tus excusas y echa a andar hacia el sacramento, fíate de Dios. Si quieres servir, tienes que hacerlo libre de ataduras, cargas y frases engañosas, porque el total es lo que importa. Así serás libre para servir, disponible para ser santo.

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