NUESTRAS PARROQUIAS

Buscamos unas Parroquias que sean Comunidades generadoras de vida, en ella fuimos engendrados por el Bautismo, y ella acompaña a sus hijos desde que nacen hasta que mueren. Escuela en la que nos formamos y maduramos unos con otros en la fe por la evangelización y la formación, como tarea permanente de conversión personal y comunitaria, entendida como un proceso dinámico que nunca acaba, como experiencia profunda de Dios e interiorización de la vida de Cristo (Gál 2,20; Filp 1,21). Debe ser un lugar de encuentro y vínculo de comunión, casa abierta a todos, hogar de los pobres, plataforma misionera, donde aprendemos y vivimos en libertad, fermento de nueva humanidad. Atenta a los signos de los tiempos y a las necesidades de nuestra gente


Bizitza sortzen duen Parrokia baten bila gabiltza, bertan Bataioaren bidez sortu ginen, eta gure seme-alabei jaiotzetik hil arte laguntzen diena. Katekesi eta ebanjelizazioaren fedean hezten eta heltzen garen ikastetxea da, bihurtze pertsonal eta komunitarioko etengabeko zeregin bezala, inoiz bukatzen ez den prozesu dinamiko bat bezala ulertua, Jainkoaren esperientzia sakona eta Kristoren bizitzaren barnerapen bezala (Gal 2,20; Filp 1,21). Topagune eta elkarte-lotura izan behar du, denontzat irekitako etxea, behartuen etxebizitza, plataforma misiolaria, aske ikasi eta bizitu dezakegunak, gizarte berri baten hartzigarria.


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El mayordomo

Sinopsis

Podríamos comparar El mayordomo con una fotografía de la lucha por los derechos civiles que se llevó a cabo en América por más de 30 años. Basada en un hecho real, cuenta la historia de Cecil Gaines, un muchacho negro que pasó de vivir su infancia esclavizado en una granja de algodón, a trabajar como mayordomo de la Casa Blanca. En el transcurso de la historia, la vida de Gaines y la de su esposa e hijos se irán enlazando de una manera brillante con la historia de los Estados Unidos del último siglo. Desde los asesinatos de Kennedy y Martin Luther King, pasando por el escándalo Watergate, o la guerra de Vietnam, este hombre se irá moviendo silenciosamente en los pasillos de la Casa Blanca, aparentemente sin ver nada, sin oír nada, como le hacen prometer en su primer día de trabajo. La película cuenta con la participación de Robin Williams en el papel del presidente Eisenhower, James Marsden como John F. Kennedy, Liev Schreiber como el presidente Johnson; John Cusack como Richard M. Nixon, y Alan Rickman como Ronald Reagan.

¿Por qué ver El mayordomo?

Porque es una lección de historia maravillosa donde los personajes se van incrustando y enlazando inteligentemente en lo que ha sido un momento muy importante para los EE.UU.: la lucha por los derechos civiles.  

Porque, en un momento como el que actualmente estamos viviendo a nivel global, es interesante contemplar diferentes modelos de lucha activa y militancia política, liderazgo compartido y discursos inteligentes por conseguir un mundo más justo y más equitativo.   

Porque merece mucho la pena ver el desarrollo de los derechos civiles desde el pacifismo de las universidades negras, hasta llegar al movimiento de los Panteras Negras, pasando por los discursos de M. Luther King. Es una clase magistral que nos muestra cómo un país fue construyéndose éticamente con respecto al concepto de igualdad.  

Porque es una película con una banda sonora llena de color y de sabor, que sabe acompañar cada escena y meterte en un campo de algodón, en unas calles llenas de manifestantes, en un autobús ardiendo y en la misma Casa Blanca. Y lo hace con la riqueza cromática del blues, del rock, de los clásicos. Gladys Knight, The Meditation Singers, Faye Adams y Rodrigo Leão, entre otros, hacen posible este milagro.    

Porque la galería de actores y actrices que aparecen en esta cinta son de gran categoría, llevándose la palma Forest Whitaker en el papel de Cecil Gaines, y Oprah Winfrey, que interpreta a la esposa del mismo.

 


 

Los consejos de Alice

Sinopsis

Paul Théraneau (Fabrice Luchino) es el alcalde de Lyon, tras una vida entregada en cuerpo y alma a la política, siente que ya no tiene ideas y que gobierna por inercia. Para recuperar su pensamiento contacta con Alice Heimann (Anaïs Demoustier), una joven y bella filósofa que da clases en Oxford. Poco a poco, se irá creando una bonita amistad entre ellos, al tiempo que se muestran los entresijos de un sistema que alberga de todo menos pensamiento crítico.

¿Por qué ver Los consejos de Alice?

  • Por la interpretación de los dos actores principales, en particular de Anaïs Demoustier (César a la mejor actriz, 2020), que poco a poco va cogiendo peso y aplomo en el discurrir de la película.

  • Porque es bastante graciosa y entretenida, sin tener que recurrir a grandes giros del guión ni a mostrar necesariamente las cloacas del sistema a base de grandes dramas y llamar así la atención del público.

  • Porque tiene grandes conversaciones, donde se es al mismo tiempo crítico con determinadas formas de pensamiento y por otro lado muy actual, y muestra la importancia de tener ideas profundas, humanas y cercanas a la realidad de la gente.

  • Y principalmente, porque muestra la utilidad de la filosofía y del pensamiento humanista en nuestro tiempo y sobre todo, la urgencia de la modestia en la clase política.

 

 

Hasta el último hombre

Sinopsis

Desmond Doss (Andrew Garfield) procede de una familia estadounidense marcada por los traumas vividos por su padre en la Primera Guerra Mundial. A pesar de todo, es un joven cristiano colaborador y muy enamorado de su novia. No obstante, con la llegada de la nueva guerra, Desmond decide alistarse en el ejército para luchar en la batalla del Pacífico, eso sí, lo hará con una particularidad especial: no empuñar jamás un arma. Un requisito que no solo le traerá varios problemas, sino que le permitiría salvar más de una vida.

¿Por qué ver Hasta el último hombre?

  • Porque es una gran película de Mel Gibson, con un reparto sugerente –donde destaca claramente Andrew Garfield– y el director se reencuentra con el guionista de Braveheart.

  • Asimismo, está basada en hechos reales y, siendo conscientes de los añadidos, siempre ayuda al espectador a reconocer las grandezas y las miserias del ser humano, contemplando la historia de una forma diferente.

  • Aunque es un estilo cristiano y explícito al que no estamos acostumbrados –y que a veces puede llegar a costar–, muestra un lado profundo de la religión basado en el amor al prójimo y en el deseo de vivir el Evangelio hasta el final y una sugerente visión del pacifismo, lejos de lo que solemos ver en ciertos grupos políticos.

  • Como buena película bélica, siempre cuestiona. Y no por morbo o por la necesidad de sangre, más bien porque acercarnos al infierno nos puede ayudar. Y más en estos tiempos en los que la guerra es más que una realidad muy próxima.

  • Por su calidad artística, que la hizo merecedora de seis nominaciones en los Premios Oscar –Mejor Actor, Director y Película incluidos–, ganando finalmente Mejor Sonido y Mejor Montaje.

 


 

 

 QUE SUENE LA MUSICA

Sinopsis

En una base militar inglesa, las mujeres de los soldados que viajan destinados por un tiempo a lugares en guerra, pasan meses aburridas. Buscando ocupación deciden crear un coro que, además de ir ganando en calidad, irá creando vínculos entre ellas. La música y la risa transformará en cierta forma sus vidas y relaciones, convirtiéndose en apoyo frente al miedo de saber a sus seres queridos aventurados en misiones bélicas.

¿Por qué ver Que suene la música?

  • Porque sabe mezclar el drama y la comedia sin caer en exceso en ninguno de los dos ámbitos. Así sabe intercalar momentos divertidos con otros de una profunda ternura que llevan a desprender alguna lágrima.

  • Porque habla de algo tan humano como son las diferentes maneras de vivir las dificultades y los duelos que trae la vida, así como el en quién o en qué se apoya cada persona para sobrellevarlos.

  • Por la música. Porque se presenta, junto al canto, como eterna compañera de los diferentes estados de ánimo y altibajos de la vida. Siempre sabiendo aportar lo que uno necesita: consuelo en la tristeza, euforia en la emoción, alegría en la celebración, hondura en lo solemne, coraje ante lo difícil, unión en la amistad…

  • Porque ayuda a poner el foco en lo importante. Por encima de las apariencias, éxitos y triunfos, le película tiene un argumento que ayuda a no dejarse cegar por el brillo de lo efímero para dar valor a la hondura de lo que realmente importa y da sentido.

Para pensar

  1. Los distintos personajes mantienen conversaciones sobre los duelos, las palabras de amor que se dice dentro de la pareja, sobre los límites personales y los esfuerzos por superarlos… ¿Podrías formularte tú cómo vives esos temas?

  2. En un momento dice un personaje sobre su hijo difunto: «Parece que su vocación era hacer reír a todo el mundo». Es una bonita expresión de lo que sería el sentido de la vida y la vocación de una persona: ¿sabrías definir la tuya?

  3. Otro personaje dice: «Todos los coros famosos no son más que coros malos que no se dieron por vencido». En mi vida, en mis proyectos y opciones ¿cómo está presente la dinámica de la fidelidad y la perseverancia?

 

 

 

Si Dios quiere

Sinopsis

Tommaso, un cardiólogo de prestigio, es un hombre de firmes creencias ateas y liberales. Está casado y tiene dos hijos. Uno de ellos, Andrea, prometedor estudiante de medicina, revoluciona a la familia cuando les anuncia algo que no es muy bien recibido por ellos.

¿Por qué ver Si Dios quiere?

  • Es una película agradable y divertida muy bien interpretada.

  • Es una crítica social en la que trata de poner de relieve las incongruencias a las que nos vemos sometidos. Con personajes muy caricaturescos que logran sacarnos una sonrisa a lo largo de la película. Porque resulta que un hombre de ciencia no es capaz de soportar que su hijo dedique su vida a la religión.

  • El guión es sencillo sin extravagancias, pero en el fondo plantea toda una reflexión sobre la relación entre la razón, la fe y los estereotipos. Es una película fácil para pasar un buen rato y reflexionar…


 

 

 

RESUCITADO



Clavius , un tribuno romano, es encargado por Poncio Pilato de hacer ejecutar la "pena capital" (crucifixión), a tres rebeldes acusados de sedición contra el Imperio romano del Canon, entre uno de ellos un tal Jesús de Nazaret. Además debe encargarse de su sepultura y vigilancia con una escolta de soldados por lo "inusual" y preponderante de su personalidad para las altas autoridades judías. Sin embargo es sorprendido al saber que los soldados a su mando habían desaparecido y la tumba estaba vacía, sorprendentemente sin señales de robo común. Esto inquieta a Pilato, quien le encarga investigar los rumores sobre la resurrección del mesías judío y localizar prontamente el cuerpo de Jesús de Nazareth para calmar la posibilidad de una inminente insurrección en Jerusalén durante los 60 días siguientes de su "supuesta" resurrección.2

Clavius empieza afanosamente a interrogar a probables seguidores e este líder religioso para indagar el destino del cuerpo humano; parte interrogando a los soldados que custodiaban la tumba, pero estos solo le dan una versión falsa, que luego descubre fue pagada por los fariseos.

Clavius busca en el Monte Golgota haciendo el reconocimiento de cuerpos de los ejecutados días atrás, llegando incluso a profanar tumbas de condenados comunes y de peligrosos judíos. Interroga a sospechosos de ser seguidores de Jesús, pero todos los interrogados solo alaban a Yeshua por su amor hacia el prójimo.

Un día, en una redada, Clavius sorprende en una habitación a un grupo de seguidores que parecen ser los principales y a Yeshua con ellos enseñándoles sus heridas hechas en la crucifixión. Clavius queda profundamente impresionado y sorprendido y decide seguirlos para averiguar la verdad acerca del personaje.

 

 

DISPARANDO A PERROS

¿Por qué ver Disparando a perros?

  • Porque está basada en hechos reales, tanto es así que uno de los productores (David Belton) y varios asistentes y figurantes fueron supervivientes y testigos de primera mano de aquella tragedia donde perecieron más de 2500 personas.

  • En su salida en 2005, obtuvo una gran valoración de la crítica. Se trata, además, de una película con mucho ritmo y que introduce al espectador en la historia con naturalidad.

  • En la película, el misionero está inspirado en el sacerdote católico Vjeko Curic, que logró defender y salvar con heroísmo a muchas personas de morir a machetazos. Muestra así una imagen de la Iglesia cercana a los pobres, con una fe muy explícita y lejos del prejuicio que muchas veces podemos encontrar en el séptimo arte.

  • La fotografía muestra la crudeza de la situación sin muchos aditivos, e incluso el escenario es el mismo donde se produjo la triste matanza. Además de esto, se complementa con buenos diálogos que ayudan al espectador a asimilar y dar respuesta a tanto dolor.

 


 

EL ÁRBOL DE LA VIDA



El árbol de la vida (The Tree of Life) es una plegaria en cine, no una película convencional. Igual que en la oración cristiana, has de ir a ella con tu presencia abierta, dispuesta, humilde, en escucha, dialogante, amorosa; para seguir el aliento del Espíritu, sin saber a dónde te llevará; sin querer comprenderlo todo, dispuesto a rendirte ante el Misterio. Así es El árbol de la vida.

La historia que da la materia para este ejercicio espiritual es la de una familia texana en los años 50s, los O'Brien, con papá, mamá, y tres hijos, donde el mayor, Jack, será el hilo conductor. Nada extraordinario: un papá trabajador, responsable, enérgico, exigente; una mamá tierna, dedicada, prudente, sumisa, religiosa, y tres chicos que juegan en el río, y con las ranas, y con resorteras, y que van de compras con sus padres, y que no entienden todo lo que les mandan y se rebelan.

Y también está cada espectador y su propia historia de la infancia, y su propia familia, y sus recuerdos, sentimientos, mociones interiores, preguntas. Cada uno, cada una, como hijo, hermano, padre, madre. El árbol de la vida va ofreciendo, a lo largo de 140 minutos, algunos puntos e imágenes para que cada quien vaya haciendo su propio ejercicio espiritual frente a la pantalla.

Su atrevida propuesta visual y meditativa tiene aquí el apoyo sobresaliente del mexicano Emmanuel Lubezki en la fotografía, de Alexandre Desplat en la dirección musical, y de una muy cuidada edición. Todo formando un extraordinario poema cinematográfico de inusitada belleza (que no dudo a algunos les parecerá aburrido y confuso), que nos pide atrevernos a vivir una experiencia y dejar que ella nos lleve.

Por eso, repito, se necesita la disposición personal, el tiempo, la apertura de corazón y de sensibilidad, la conciencia de lo que está sucediendo en el alma, y no engancharse con el engaño de querer explicaciones racionales, complacencias, materia fácil y digerida, acción inmediata y pasajera. Por tanto, no cualquier espectador estará en su momento para hacer este ejercicio espiritual, y no todos serán 'sujetos', ejercitantes, para ver El árbol de la vida.

Alguno de los puntos que dirigen esta plegaria cinematográfica es la pregunta por Dios y la búsqueda de su presencia y de su voluntad. La pregunta a Dios, a la vida, a los otros, al Misterio, en medio del dolor, de la pérdida, del desconcierto, de la duda, como lo van haciendo Jack y su madre: "¿Por qué sucedió? ¿Dónde estabas Tú?". "¿Por qué ser bueno si tú no lo eres?". "¿Por qué vine al mundo?"

Es la búsqueda de comunión con el hermano, con la madre, con el padre, con Dios, de un Jack adulto, un arquitecto de éxito profesional en Houston, perdido y solitario en un mundo frío e inhumano. Es la relación personal con Dios mediada por las representaciones, imágenes y experiencias de la infancia y de la vida: papá o mamá que me transmiten mi imagen de Dios, y el cosmos imponente del que formo parte.

Y es también la interpelación de Dios a Job en la tormenta:

"¿Quién es éste que empaña mi consejo con palabras sin sentido? Si eres valiente, prepárate. Yo te preguntaré y tú me responderás: ¿Dónde estabas tú cuando cimenté la tierra? Habla, si es que sabes tanto" (Job 38, 1-3).

Éste es el epígrafe con que inicia la película, para reconocernos con toda nuestra pequeñez y nuestra grandeza en medio de un universo que nos sobrecoge y nos rebasa, y de un Dios Creador que nos interpela pero no nos abandona.

¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Por dónde andar?

"Hay dos caminos para andar en la vida –dirá la señora O'Brien- : el camino de la naturaleza y el camino de la gracia".

"En el primero, el camino de la naturaleza, sólo buscas complacerte a ti mismo y que los demás te complazcan, y pierdes el ser feliz aun cuando el mundo brilla alrededor de ti. En el camino de la gracia, no buscas complacerte a ti mismo, y aceptas incluso ser olvidado, echado a un lado, menospreciado y humillado. Cada quien ha de elegir qué camino quiere seguir. Pero nos enseñaron que quien ama el camino de la gracia, no llegará a un mal final".

"La única manera de ser feliz es amar; si no amas, tu vida pasa como un destello".

Pero el camino de la gracia, del amor, no es fácil: hay que aprenderlo, transitarlo, perderlo, equivocarse, buscarlo, reandarlo, y volver siempre a aquellas experiencias donde se nos regaló la vida, la confianza, la ternura, el cuidado, el perdón... Quizás entonces, en ese camino espiritual, a través de tantas experiencias, podamos exclamar como Job:

"Yo te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos" (Job 42, 5).



EL QUINTO PODER

"Dale a un hombre una máscara y te contará la verdad". Es una frase de Oscar Wilde que Julian Assange convirtió en lema de WikiLeaks: garantízale a un hombre impunidad y te revelará sus secretos.

El problema es que estos enunciados prevén bastante bien el comportamiento humano, pero están al margen de la ética: con este principio podemos sacudirnos el yugo de un tirano, pero también nos pueden tiranizar. Y la frase es la misma.

Acabo de ver la película El quinto poder y, digan lo que digan los críticos, me parece apasionante. No entro en que el ritmo de docu-biopic sea lento, en que el personaje de Assange recaiga en un actor que lo convierte en una máscara (a mi juicio, un acierto). La historia, aunque contada desde una perspectiva unilateral (la de Daniel Berg, el socio ninguneado), no tiene desperdicio.

Lo que me interesa es el análisis de cómo un solo individuo es capaz de influir en el Sistema guiado por un principio que también es profundamente ambiguo: «Fiat iustitia pereat mundus» ('Que se haga justicia, aunque perezca el mundo').

Simpatizamos siempre con la epopeya de David contra Goliat. Simpatizamos con el principio de no manipular la información, no "editarla". Pero cuando eso significa, como en el caso de los archivos filtrados por Bradley Manning, poner vidas inocentes (o menos culpables) en peligro, la cosa cambia: daños colaterales.

Entonces se desmorona la ética del principio de no edición, y en ese punto advertimos cuánto seguimos necesitando un periodismo a la antigua usanza: es decir, responsable (la plataforma –analógica o digital- es lo de menos).

Lo que se extrae de El quinto poder es la naturaleza ambigua de los grandes eslóganes, el delicado equilibrio que supone la vida en sociedad, la tenue frontera entre el bien y el mal, la imposibilidad de reducir la ética a una sola consigna abstracta.

No es un mensaje amable ni optimista. Ni blanco ni negro: gris. Porque queremos simpatizar con el héroe de la libertad (Assange), y nos gusta menos su sombra responsable (Berg), que acaba conectando con el Sistema. Con el Mal. Y no estamos eximidos de saberlo, porque la ignorancia del adulto nunca se confundirá con la inocencia del niño.





Hijos de los hombres

Año 2027: el ser humano está al borde de la extinción: los hombres han perdido la capacidad de procrear y se ignora por qué razón todas las mujeres del planeta se han vuelto estériles. Al mismo tiempo, el mundo se estremece cuando muere un muchacho de 18 años, la persona más joven de la Tierra. Se vive, pues, una situación de caos galopante. En tales circunstancias, Theo (Clive Owen), un desilusionado ex-activista radical de Londres convertido en burócrata, es contratado por Julián (Julianne Moore) para que proteja a una mujer que puede tener el secreto de la salvación de la humanidad, la persona más valiosa de la Tierra..





el elefante blanco


Elefante blanco' se ha rodado en un barrio de chabolas de Buenos Aires, en el que dos curas y una asistente social trabajan día a día para combatir su situación de extremo abandono

Se trata de una coproducción hispano argentina protagonizada por Ricardo Darín, el belga Jérémie Rénier y Martina Gusman, esposa y musa del director, el argentino Pablo Trapero ('Mundo grúa', 'El bonaerense', 'Carancho').

La película sigue el día a día de dos curas obreros en una inmensa barrida marginal de Buenos Aires. El belga es un misionero en el Amazonas que tras una masacre es rescatado por su colega argentino para que le ayude en la labor humanitaria en la bolsa de pobreza bonaerense. Allí estos dos curas obreros estarán trabajando mano a mano con una asistente social en la Villa (nombre real de la barriada marginal donde se ha rodado la película).

Elefante blanco se rodó en el escenario real del filme, un lugar "en tierra de nadie" donde ni siquiera entra la policía, un asentamiento donde las mafias, la droga y la violencia han aislado por completo esta parte de la capital argentina. En palabras de Darín, el "estigma" reina en esta parte de la ciudad, porque "solo se piensa que la gente que vive allí es perversa". "Nos olvidamos de la cantidad de personas que se matan para mantener limpios a sus niños y enviarlos al colegio", lamenta. "Con esta experiencia aprendí a respetar mucho más a la gente que tiene fe", manifestó Darín en la presentación en Madrid de esta cinta.

En este escenario se evidencian las diferencias entre lo que necesita la gente, lo que necesitan los políticos, y lo que es conveniente para el proyecto de la iglesia católica en los poblados chabolistas. Ambos sacerdotes tratan de entender cuál es su rol dentro de la Villa y reconocen que tienen diferentes maneras de concebir y practicar su fe.

"Antes que la religión y la fe, es una película sobre las personas. Me han importado más las relaciones humanas entre las personas que la relación de estas con la fe. Es importante mostrar a gente mucho más comprometida que las instituciones a las que pertenecen", asegura Trapero, que se declara agnóstico, "aunque estudié con los salesianos, y ellos hacían muchas labores humanitarias con los pobres. Haber hecho esta historia es algo que mi terapeuta va a agradecerme".

"Me interesaba contar la historia de personas que entienden la religión de una manera diferente a la tradicional. Lo humano, antes que lo religioso. En ese sentido son personajes opuestos a los de 'Carancho', ellos vivían de la desgracia ajena, éstos la combaten", ha explicado.

El título de 'Efefante blanco' responde al enorme edifico en construcción, futuro hospital, un proyecto peronista que nunca se concluyó, en el centro del gran poblado chabolista.

La película, muy dura como todas las de Trapero, desprende verdad por todos los costados. Es una historia que habla de solidaridad, de lucha por las necesidades de los que no tienen nada, del abismo entre religión oficial y el día a día en las chavolas de estos curas obreros, y también de amor, pues la asistente social iniciará una relación clandestina con el cura recién llegado.

El film muestra las "inseguridades y debilidades" de los protagonistas: la ira, el sentimiento de odio o la confusión entre el amor y la vocación. Respecto a esta visión, el director dijo que duda de que vaya a herir la sensibilidad de los católicos y lamenta que, en ocasiones, sea "más fácil aceptar las historias de pedofilia que las historias de amor" entre un sacerdote y una mujer.

A destacar también el excelente trabajo actoral donde actores tan sólidos como Darín, Rénier y Gusman, trabajan mano a mano con los propios chavolistas, que se interpretan a si mismos.




Interstellar

2014 – EE. UU. – 169 min. – Ciencia ficción

DIRECCIÓN: Christopher Nolan

En un futuro distópico provocado por el abuso medioambiental del ser humano, el planeta se desmorona, contaminado, sin alimentos, sin esperanza. El tiempo apremia y los científicos dedican todos los recursos tecnológicos a mandar naves sondeando el espacio en busca de un futuro planeta donde poder vivir. Un grupo de exploradores dirigidos inician una misión para salvar a la humanidad.

MOTIVACIÓN, LUCHAR CONTRA LA ADVERSIDAD, EL SENTIDO DE LA VIDA, CRECIMIENTO PERSONAL, AMOR FAMILIAR, PERSISTENCIA, VALENTÍA, SABIDURÍA

El amor entre padres e hijos, el amor desde la amistad, el amor más altruista, el amor al prójimo, el amor romántico… El amor en todas sus vertientes es una de las grandes fortalezas psicológicas, quizás la más poderosa que tenemos como especie. Por eso, desde siempre, el ser humano ha intentado teorizar sobre el amor y las relaciones desde diferentes puntos de vista (cultural, social, filosófico o espiritual), pero, sorprendentemente, sólo en los últimos treinta años la ciencia se ha puesto en serio a intentar comprender y explicar el amor. Y, claro, durante gran parte de este tiempo, la investigación ha ido avanzando a lo largo de dos caminos separados.

Por un lado teníamos a los psicólogos del desarrollo investigando el amor a través de los vínculos entre padres e hijos, y, por otro lado, teníamos a los psicólogos sociales estudiando el amor a través de las relaciones románticas adultas. Recientemente, estas dos áreas de investigación han empezado a fusionarse con unos resultados muy interesantes.

La capacidad de amar y ser amado se ve ahora como una tendencia innata en el ser humano que tiene efectos muy poderosos en la salud psicológica y física desde la infancia hasta la vejez. El amor está tan presente en el ser humano que es lo primero que aparece en el bebé y es lo último que desaparece en un enfermo de Alzheimer. Por ejemplo, si nos fijamos en el cine vemos como el amor está presente en casi todas las películas o series, desde finales del siglo XIX hasta hoy en día, desde una película de Perú hasta una de Alemania, desde el enfoque más capitalista hasta el más comunista.

El amor altruista (Amélie), el amor romántico (El diario de Noa), el amor familiar (Lion) o incluso desde la amistad (Adiós, muchachos) es el hilo conductor de muchos films. Y si incluyéramos también las historias secundarias referidas al amor, entonces acapararíamos a casi todas las películas. Interstellar es una de las mayores aventuras de la historia del cine, una película que nos desborda por sus soberbios estímulos visuales, narrativos, imaginativos, científicos y sonoros. Pero una aventura con un pilar básico que se convierte en el argumento principal de la película, la fuerza del amor. Una fuerza que lo invade todo y que trasciende a toda la película.

Si unos extraterrestres nos observasen desde fuera, podrían quedarse fascinados por esta dimensión tan profunda y perenne, analizarían todos los tipos de amor y se fijarían en una de las mayores fuentes de amor del ser humano, una de las más puras y poderosas. Pondrían toda su atención en el motor de todo: el amor de un padre hacia sus hijos. El enorme amor que siente Matthew McConaughey por sus dos hijos se convierte en una metáfora fascinante sobre una de las mayores fortalezas que tenemos como especie y que tantos beneficios nos genera. Es el motor de cambio vital, la gasolina para seguir luchando y salir de crisis durísimas, la lucha por nuestras metas, el altruismo, la voluntad, el coraje. Es lo mejor que tenemos como seres humanos.

 

 


 

ELCHICO Y LA BICICLETA

Exactamente cada tres años los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne nos regalan una historia cinematográfica tomada pura y sencillamente de la vida misma, sin artificios, recovecos ni efectos especiales.

Sus protagonistas son siempre gente común, del pueblo trabajador europeo, pobres:

inmigrantes ilegales (La Promesa, 1996),

una jovencita que vive en una casa rodante y anda en busca de trabajo (Rosetta, 1999),

un adolescente de un centro de rehabilitación para delincuente menores (El hijo, 2002),

una joven pareja sin trabajo con un bebé que no esperaban (El niño, 2005),

migrantes albaneses y una joven con un esposo drogadicto (El silencio de Lorna, 2008).

Este año es un adolescente de doce años, sin mamá y abandonado por su padre: El chico de la bicicleta (Le gamin au vélo, 2011).

Cyril se escapa del internado temporal y busca desesperadamente a su papá y su bicicleta. Los dos son todo su mundo y no puede vivir en paz sin encontrarlos. La bici aparece, pero hallar al papá es toda una odisea y una decepción. Saber que ya no volverá a ver a su progenitor deja al chico tirado al borde de la vida. La joven peluquera del barrio aparece en su camino como una buena samaritana que ofrece curar las heridas, dar alimento y hospedaje, cuidar de él, acompañar gratuitamente. Esa es toda la historia; así de simple, así de profunda, como la parábola del Evangelio.

El chico de la bicicleta tiene la grandeza de lo sencillo, la hondura de las cosas simples, el precio impagable de lo pequeño. Y todo se nos regala como gracia, y todo cuenta: una herida, un bocadillo, la llamada por teléfono, el pedaleo en la bici, sudor y jadeos, corajes y silencios, abrazos y miradas. No hay que perderse nada de lo más sencillo, porque ahí está la vida de todos los días, la vida de la gente.

Cinematográficamente, la película tiene siempre el corte de edición justo, perfecto; el detalle de un simple gesto, la honestidad para obviar todo sentimentalismo y manipulación, la narración que avanza siempre al paso de la bici, el contrapunto de los silencios y los adagios...

Pero la historia de Cyril, Samantha, la bicicleta y el papá no pierde tampoco el contexto en que está vivida y narrada: la crisis económica y moral de occidente, hoy, en Europa.

Sin discursos ni moralinas, los hermanos Dardenne nos hacen experimentar cómo las limitaciones económicas del sistema van presionando, castigando, quitando vida, restando dignidad, orillando a la violencia. Y es precisamente ahí donde el abrazo samaritano, hecho de ayuda, perdón, misericordia, fortaleza, puede curar las heridas todas de hombres y mujeres, niños y viejos, como una gracia, callada pero real.

No es poco decir que el cine de los Dardenne tiene siempre un compromiso social y moral. Hoy sería un buen tiempo para ver sus películas y para regalarlas (todas pueden conseguirse fácilmente). Nos ofrecen el privilegio de ver qué es hacer cine verdadero, pero además se nos regalan imágenes de humanidad en medio de nuestro mundo tan desamparado y tan herido.



The Father

Sinopsis

Anthony no acepta a ninguna de las mujeres que su hija Anne quiere contratar para que le cuiden en la vejez. No entiende el motivo de tener que ser cuidado. No entiende por qué le tratan a veces como si fuera un niño. No entiende por qué, en ocasiones, la realidad parece absurda. Anne sufre al ir perdiendo a su padre, cada vez más aislado en un laberinto interior.

Es un verdadero acierto contar el alzhéimer desde la perspectiva del enfermo. Entrar en su mundo. Percibir su confusión ante una realidad incongruente. Sentir la impotencia de ver cómo se desmorona tu mundo.  Pero además, apuntar también en otras direcciones (las relaciones padres-hijos, la dependencia, el dilema del cuidado...).







UN INVIERNO EN LA PLAYA

Sinopsis

Bill Borgens es un novelista que no consigue olvidar a su mujer, Erica, que lo abandonó por otro hombre. Su hija Samantha, desencantada del amor por el divorcio de sus padres, prefiere las relaciones sin complicaciones, y acaba de publicar su primera novela. Su hijo Rusty intenta también convertirse en escritor, pero, a decir de su padre, le falta vivir para tener algo que contar.

¿Por qué ver Un invierno en la playa?

  • Es una vieja historia, contada más de una vez, sobre el amor, sus complicaciones y sus heridas. Pero, bien contada, optando por un tono de comedia inteligente, se deja ver con gusto.
  • Por la interpretación de Greg Kinnear, absolutamente creíble como el escritor de éxito que no consigue salir de un atasco vital. Todos los actores, de hecho, consiguen hacer creíbles sus personajes y aportarles matices y riqueza.
  • Porque es fácil reconocer muchas de las vivencias cotidianas que se van desgranando en ese invierno en la playa: los primeros amores; los problemas adultos; las relaciones entre padres e hijos: las relaciones vacías; las canciones que ponen banda sonora a nuestra vida, o los libros que nos acompañan…

Para pensar

1. Hay varias historias de amor en esta película. Y cada una de ellas tiene sus lecciones. El amor adolescente de Rusty; el contraste entre el cinismo inicial de Samantha y el romanticismo de Lou; la historia, compleja, de Bill y Erica, una historia larga, donde hay espera, amor y perdón.

2. Piensa en cómo en la película, en varios momentos, se disocia el amor y el sexo. Parece que el sexo sería algo mucho más frecuente e impersonal, mientras el amor es algo mucho más arriesgado y complejo. «Los realistas follan mucho más, hazme caso. Evita el amor a toda costa, es mi lema» (Samantha) «Eres mono pero apestas a romanticismo y buenas intenciones. No busco a un buen chico, no quiero novios y no quedo» (Samantha)

4. En un momento dado, Bill le explica a Samantha por qué sigue esperando a Erica. ¿Qué te parece su opción por esperarla? 




Manchester frente al mar 

Es la historia de varios procesos de duelo que se entrecruzan, sobre todo la de un hombre que ha vivido una pérdida terrible en su vida y que apenas tiene recursos emocionales para recuperarse. El duelo es un proceso muy natural en el ser humano para afrontar pérdidas, pero a veces es largo, duro y complicado, lleno de riadas de emociones muy negativas que provocan que nos sintamos totalmente desbordados y nos inmovilicemos temporalmente en la vida. La pérdida de seres queridos provoca el dolor más punzante y continuado que podemos llegar a sentir en la vida, y más si ocurre en las circunstancias que vive Lee Chandler (Cassey Afleck).

La sociedad actual nos repite constantemente que las pérdidas y las experiencias negativas (accidentes, enfermedades crónicas, traumas) nos dejarán marcados para siempre, que nunca nos recuperaremos psicológicamente. Nos ametralla con sentencias como: “El ser humano no está hecho para sufrir; hay situaciones que nunca podremos superar y solo las pastillas nos aliviarán”. Una frase repetida incluso por profesionales de la salud mental.

Sin embargo, está demostrado que una de las cosas que más definen al ser humano es esa capacidad infinita de recuperarse ante situaciones muy críticas. Una capacidad evolutiva que ayudó a nuestros antepasados a afrontar pérdidas constantes y habituales: gran mortalidad infantil, esperanza de vida de treinta años, hambrunas, depredadores, guerras… Una capacidad que ha llegado hasta nuestros días y que la tenemos de serie, porque el proceso de duelo es parte de este rastro evolutivo, una curación emocional de heridas durísimas y cuyo objetivo final es aceptar plenamente la pérdida y salir adelante.

Manchester frente el mar nos propone una historia que algunos podrían calificar con un diagnóstico implacable y muy negativo: el paciente no tiene ninguna posibilidad de salir a delante. Kenneth Lonergan nos hace un retrato muy realista de alguien que sufre una pérdida terrible en la vida, que recuerda a la francesa Hace mucho que te quiero. Una persona con muy pocos recursos emocionales y que, aun así, sigue hacia adelante, hundido en el mayor de los infiernos al principio, a trompicones luego y evolucionando milímetro a milímetro durante toda la película.




La vida por delante

Sinopsis

Momo es un niño senegalés que vive en espera de un hogar de acogida. Acostumbrado a valerse por sí mismo, trapichea, roba, y trata de mostrarse duro en cualquier situación. El doctor Cohen, que le cuida, pide a Madame Rosa, una antigua prostituta y paciente suya, que se haga cargo de él unos meses, mientras consigue algo más estable.

¿Por qué ver La vida por delante?

  • Aunque pueda sonar a tópico, y seguramente esto lo repita la publicidad como gancho, por Sofía Loren, que vuelve al cine con esta película tras diez años sin rodar. Ya en la ancianidad, brilla en cada escena, en un papel invernal que le viene como anillo al dedo.

  • Por Ibrahima Gueve, que como  Momo transmite vulnerabilidad, dureza, inseguridad, dolor... pero también alegría, cariño o determinación, y lleva sobre sus hombros el peso de la película.

  • Por el guion, que consigue sortear lo que hubiera sido una tentación de forzar la lágrima fácil del espectador, y sin embargo tiene momentos de enorme ternura. En su contra, quizás se queda corto en el esbozo de alguno de los personajes secundarios.

  • Por la fotografía, que recoge el ambiente de Bari, en la costa del sur de Italia, con momentos de especial belleza como un amanecer junto al mar.

  • La canción final, bellísima Io Sì, interpretada por Laura Pausini

Para pensar

  1. Esta es una película de personajes heridos. Y, como suele ocurrir, necesitados de afecto. Momo es el primero, pero también la propia Madame Rosa, presa de sus memorias y adentrándose en los vericuetos de la enfermedad, Lola, la vecina herida por el rechazo de un padre que no acepta su condición, o Joseph, esperando el regreso de su madre ausente. Gente que se necesita. Y ¿quién no necesita a otros?

  2. El hombre que da trabajo a Momo en un momento, tras contarle este de una pelea en la que se había visto envuelto, le dice: «las mejores armas son las palabras». ¿Qué te parece esa afirmación?

  3. La reflexión que en un momento hace Momo sobre la felicidad, cuando afirma, con inusitada madurez, «Soy joven, tengo toda la vida por delante, lo sé. Pero no pienso ser un esclavo de la felicidad. Si aparece, genial. Y si no, ¿qué más da?» ¿Qué opinas de esa concepción de la felicidad?

  4. Madame Rosa, evocando la infancia y las mimosas amarillas, dice: «renunciaría a todos mis recuerdos por conservar este». ¿Qué te parece esa afirmación? ¿Hay recuerdos así de irrenunciables en tu vida?

  5. Momo refleja muy bien la lucha interior entre mostrar los sentimientos y no hacerlo para no parecer vulnerable. ¿Cuántas veces ocurre, y cuántas palabras quedan sin decir por ello?

  6. «Justo cuando pierdes la esperanza, es cuando suceden las cosas buenas». ¿Qué mensaje hay detrás de esta afirmación?

  7. El cuarto oculto en el sótano es un espacio de seguridad para Rosa, en el que no quiere dejar entrar a nadie. ¿Todos tenemos rincones así en la vida

 

Déjales hablar

Alice, reputada escritora estadounidense, es una septuagenaria culta, elegante e independiente. Tras enormes éxitos de ventas y crítica y mientras apura el manuscrito de su última y esperadísima novela, es galardonada con un prestigioso premio del gremio en Europa. Sin embargo, sus problemas de salud no le permiten volar al otro lado del Atlántico para recogerlo, por lo que su editora le propone organizarle el viaje en un crucero, permitiéndole llevar a tres acompañantes.
En el transatlántico embarcan la novelista, su joven sobrino recién graduado y sus dos íntimas amigas de juventud, con las que no ha tenido contacto en, al menos, un par de décadas. Y así empieza una exquisita travesía que, gracias a la interacción con inesperados pasajeros a bordo, se irá convirtiendo en un puzzle en el que piezas pasadas y presentes intentan encajar, desempolvando anécdotas, rencores, verdades, risas y algunos secretos entre las amigas, navegando entre la comedia romántica y el drama.





CARTAS A DIOS

Tyler Doherty (Tanner Maguire) es un niño de ocho años enfermo de cáncer. Como no puede jugar con los niños de su edad y es consciente de los problemas que tiene para seguir adelante, busca la esperanza escribiendo unas cartas a su mejor amigo: Dios. El cartero del barrio, Brady McDaniels (Jeffrey Johnson), que atraviesa una grave depresión, encuentra en esas cartas la fe necesaria para seguir viviendo y, de paso, para recuperar a su hijo y liberarse de la enfermedad del alcoholismo.



EL CHICO DE LA BICICLETA

Exactamente cada tres años los hermanos belgas Jean-Pierre y Luc Dardenne nos regalan una historia cinematográfica tomada pura y sencillamente de la vida misma, sin artificios, recovecos ni efectos especiales.

Sus protagonistas son siempre gente común, del pueblo trabajador europeo, pobres:

inmigrantes ilegales (La Promesa, 1996),

una jovencita que vive en una casa rodante y anda en busca de trabajo (Rosetta, 1999),

un adolescente de un centro de rehabilitación para delincuente menores (El hijo, 2002),

una joven pareja sin trabajo con un bebé que no esperaban (El niño, 2005),

migrantes albaneses y una joven con un esposo drogadicto (El silencio de Lorna, 2008).

Este año es un adolescente de doce años, sin mamá y abandonado por su padre: El chico de la bicicleta (Le gamin au vélo, 2011).

Cyril se escapa del internado temporal y busca desesperadamente a su papá y su bicicleta. Los dos son todo su mundo y no puede vivir en paz sin encontrarlos. La bici aparece, pero hallar al papá es toda una odisea y una decepción. Saber que ya no volverá a ver a su progenitor deja al chico tirado al borde de la vida. La joven peluquera del barrio aparece en su camino como una buena samaritana que ofrece curar las heridas, dar alimento y hospedaje, cuidar de él, acompañar gratuitamente. Esa es toda la historia; así de simple, así de profunda, como la parábola del Evangelio.

El chico de la bicicleta tiene la grandeza de lo sencillo, la hondura de las cosas simples, el precio impagable de lo pequeño. Y todo se nos regala como gracia, y todo cuenta: una herida, un bocadillo, la llamada por teléfono, el pedaleo en la bici, sudor y jadeos, corajes y silencios, abrazos y miradas. No hay que perderse nada de lo más sencillo, porque ahí está la vida de todos los días, la vida de la gente.

Cinematográficamente, la película tiene siempre el corte de edición justo, perfecto; el detalle de un simple gesto, la honestidad para obviar todo sentimentalismo y manipulación, la narración que avanza siempre al paso de la bici, el contrapunto de los silencios y los adagios...

Pero la historia de Cyril, Samantha, la bicicleta y el papá no pierde tampoco el contexto en que está vivida y narrada: la crisis económica y moral de occidente, hoy, en Europa.

Sin discursos ni moralinas, los hermanos Dardenne nos hacen experimentar cómo las limitaciones económicas del sistema van presionando, castigando, quitando vida, restando dignidad, orillando a la violencia. Y es precisamente ahí donde el abrazo samaritano, hecho de ayuda, perdón, misericordia, fortaleza, puede curar las heridas todas de hombres y mujeres, niños y viejos, como una gracia, callada pero real.

No es poco decir que el cine de los Dardenne tiene siempre un compromiso social y moral. Hoy sería un buen tiempo para ver sus películas y para regalarlas (todas pueden conseguirse fácilmente). Nos ofrecen el privilegio de ver qué es hacer cine verdadero, pero además se nos regalan imágenes de humanidad en medio de nuestro mundo tan desamparado y tan herido.


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EL GUERRERO PACÍFICO

2006 – EE. UU. – 120 min. – Drama deportivo

Dan es un gimnasta de élite lleno de estrés, que no acaba de encontrarse en la vida ni conseguir sus metas deportivas. Pero su vida cambiará cuando conoce al encargado de una gasolinera, una peculiar persona que le enseñará una nueva manera de ver la vida. Una historia basada en un caso real, que nos muestra la evolución personal de Dan Millman gracias a esas enseñanzas.

Dan es un gimnasta profesional estresado y, gracias a estas prácticas, mejorará su rendimiento de tal manera que llegará a conseguir un título
nacional y aspirar a los Juegos Olímpicos. No solo eso, al abrir su capacidad de vivir el presente, se despojará de los miedos que le bloqueaban en la vida y ganará en serenidad y en felicidad. Aprender a vivir el presente no es fácil, necesita trabajo y buenos hábitos. Con la disciplina de El guerrero pacífico podemos llegar lejos.

¿Cuántas veces hemos “no saboreado” nuestro plato favorito por estar mirando la televisión, leyendo el periódico y ojeando Facebook a la vez? ¿O “no viendo” una puesta de sol por intentar hacer la mejor foto posible para compartirla en Instagram? ¿O estar “no hablando” con nuestro mejor amigo porque estamos pendientes del WhatsApp? Podríamos poner miles y miles de ejemplos de cuántas veces “no somos” en nuestra vida, y no hace falta centrarse sólo en Internet o en el móvil. Nuestra cabeza está repleta de necesidades creadas, presiones, miedos e inseguridades que nos mantienen en una ansiedad constante.


Da la sensación de que tenemos un cerebro especializado en ir al futuro (preocupaciones), al pasado (culpabilidad), a diez mil kilómetros de distancia (qué pensarán de mí) o estar a cien cosas a la vez (Internet), pero que no cumple su principal función vital: vivir en el aquí y en el ahora. La razón principal de este “no ser” actual es que vivimos en una era donde el exceso de información, el ritmo de vida acelerado, y exigente, o la hipertecnología están provocando que a nuestro cerebro le cueste cada vez más focalizarse al cien por cien en algo. Las consecuencias psicológicas de todo esto son fáciles de intuir: bajo rendimiento, dificultad para concentrarse, cerebro constantemente en alerta, es decir, altos niveles de estrés, disminución de nuestra capacidad de disfrute, mala comunicación…


AMOUR

Un matrimonio de octogenarios, músicos retirados, en su piso de París. Toda una vida hecha con satisfacciones profesionales y como pareja por más de cincuenta años. Una mañana, en el desayuno, ella tiene una parálisis pasajera; después, su salud se va deteriorando. Al principio del filme los espectadores somos testigos de los pequeños gestos de cercanía y de silencio de dos personas ancianas que se conocen bien y se respetan. Después, cada gesto de apoyo, de cuidado, de preocupación, de paciencia y de desesperación, nos irá revelando la calidad del amor entre Georges y Anne.

Amour se ha llevado el año 2012 la Palma de Oro en el exigente festival de Cannes y el reconocimiento como mejor película del cine europeo. Michael Haneke, el director austriaco-alemán, repite premio de Cannes después de ganarlo por La cinta blanca (2009). Haneke se ha atrevido a filmar, con su estilo seguro y directo, una historia donde los únicos protagonistas son un par de ancianos; pero la calidad de esta interpretación es extraordinaria, gracias a Jean-Luis Trintignant, de 82 años, el actor elegido por Bertolucci para El conformista (en 1970) y por Kieslowski para Tres colores: Rojo (en 1994), y gracias a Emmanuelle Riva, de 85 años, a quien Alain Renais le confió en 1959 Hiroshima mon amour.

Cada filme de Haneke es como una cruda disección de todo los que nos hace vulnerables, frágiles, y por tanto, humanos. En Amour es la misma carne, y ésa en la que dos personas se han hecho una. Anne es la humanidad que se va debilitando, consumiendo, muriendo, junto a la persona que la ha amado toda la vida. La cámara se mantiene, pudorosa y desafiante, a la altura de los ojos para que sea la mirada -del actor y del espectador- la que escriba su propia historia, sin dramatismo, sin pretextos, tan desnuda como la vida misma.  El film rehúye todo sentimentalismo y todo chantaje emocional, pero también evita la discusión teórica, moral o religiosa sobre la muerte, natural o asistida. Decir que la película es sobre la muerte o sobre la eutanasia –como un tema en abstracto-  sería quedarse en la superficie.  Al espectador se le pide no ser sólo espectador, sino paciente compañero, testigo callado, un intruso en la intimidad de un matrimonio que sufre, y donde sería casi obsceno juzgarlos. Cuando la hija llega a opinar sobre la situación, experimentamos con rabia y pena cuánto hay de egoísmo, de ambición, casi de violencia, en sus juicios y reclamos. O cuando llega el vecino –como si fuera yo mismo- para preguntar si puede ayudar en algo, quizás alcancemos a sentir qué tan inútil y desencarnada es su buena voluntad.

Georges está solo junto a alguien que quiere amar hasta que la muerte los separe. No hay en la película alguna alusión a la fe o a la religión, y sin embargo, toda ella nos acerca al misterio de la muerte, la libertad, el amor, la trascendencia. Ver una pareja de ancianos que se acompañan los últimos días de su vida como lo hacen Georges y Anne, nos revela hasta qué punto al final nos examinarán sobre el amor. Así de simple, así de serio.


 

 

 

 LA CAZA

Lucas es profesor en una guardería infantil y convive muy bien con todos los niños. También con su grupo de amigos, con quienes sale a cazar venados y a beber. Está separado de su esposa y extraña no poder ver a su hijo adolescente.

Un día, la hijita de su mejor amigo cuenta con mucha inocencia, a la directora de la guardería, que su profesor Lucas, muy querido por ella, le mostró sus partes íntimas. En Clara, la niña de cinco años, se mezclan la imagen pornográfica que su propio hermano le ha mostrado, con la imaginación y los sentimientos contrariados.

A partir de ahí se inicia el juicio de los adultos contra un presunto pederasta. No hay pruebas ni defensas, sólo que "los niños siempre dicen la verdad". No cuentan amistad compartida, actitudes anteriores, ponderaciones, búsqueda de la verdad, sólo el juicio, la condena, la persecución, la violencia. Un asunto tan actual e importante como la pederastia tiene en esta película un aborde distinto e interpelante.

La caza es un trabajo perfecto de guion, dirección, actuación, del danés Thomas Vinterberg que vuelve al tema de la culpa y la expiación, como en sus películas anteriores:

• en La celebración (Festen, 1998), es la culpa oculta, la conducta deshonesta disfrazada de honorabilidad en medio de la misma familia;
• en Submarino (de 2010), la culpa del inocente que se vuelve un peso de soledad y de expiación desesperada;
• en La caza (Jagten, de 2012), la búsqueda de un falso culpable como salida fácil para guardar las apariencias y echar sobre otros la propia violencia.

Toda la historia sucede dentro de dos meses –noviembre y diciembre- y luego un año después para el epílogo. Este tiempo es simbólico de lo que pasa en lo profundo: los colores otoñales de noviembre van reflejando la sequedad de los corazones en el grupo de convivencia y de trabajo, y pintan la falsedad de la aparente paz de una comunidad. El frío y la nieve de diciembre acentúan el extremo de frialdad, oscuridad, violencia, injusticia, a los que se pueda llegar, hasta en una sociedad supuestamente civilizada.

Conforme avanza, también para el espectador va aumentando una carga de sensaciones de dolor, impotencia, rabia, parálisis, en medio de tal cacería, y cuestionan lo que cada uno haría. La celebración de la noche de Navidad llevará todo a su justa revelación: de la verdad, de la bondad gratuita, de la redención, para los que quieran abrir su corazón.

El epílogo del filme nos deja todavía más imágenes para seguir meditando: una celebración del día en que "los niños se vuelven hombres" y –terrible desgracia- reciben su rifle y pueden ya cazar; las imaginaciones de una cacería que quizás aún no ha terminado; y las líneas en el piso de un sociedad intolerante e hipócrita, violenta y equivocada, que le falta aprender la bondad de cargar a una persona para ayudarla con amor y verdad a caminar en la vida.

 

 

BUSCANDO A SUGAR MAN

Trama

¿Alguien conoce a un cantante norteamericano de los años setentas llamado Sixto Rodríguez? Probablemente la mayoría responderá que no; en Sudáfrica y Australia responderán que sí, por supuesto que sí, y que sus baladas rock motivaron el movimiento contra el apartheid y por la igualdad de derechos. Rodríguez, de Detroit, grabó dos discos en 1970 y 1971: Cold Fact y Coming from Reality. Los dos fueron un fracaso en Estados Unidos, a pesar de su calidad musical (muy similar a la de Bob Dylan). Después ya no se volvió a saber nada de Rodríguez.

Por entonces, alguien viaja a Sudáfrica con el disco vinilo de Cold Fact, lo comparte a los melómanos, y de pronto se convierte en el número uno de ventas. Todos quieren una copia, todos conocen sus canciones, y se cantan en las protestas sociales. Pero, ¿quién es ese jovencito de tez morena y anteojos oscuros que aparece en la carátula? ¿Por qué no se sabe nada sobre él? Cuentan que un día se pegó un tiro sobre el escenario o que se quemó a lo bonzo: ¿es cierto? ¿Quién es Rodríguez, quién es Sugar Man?

A mediados de los años noventa, el propietario de una tienda de discos de colección y un periodista se unen en una intensa campaña para encontrar a Sugar Man; veinte años después, un cineasta sueco, Malik Bendjelloul, hace esta película documental para recuperar la historia de esta búsqueda. El resultado: una película cautivadora, emocionante, sensible, intrigante, sorprendente.

Searching for Sugar Man recoge entrevistas precisas sobre Rodríguez a productores musicales, aficionados de sus canciones, promotores de su fama en Sudáfrica; también fotografías y filmaciones de época, letras de las canciones, confesiones de sus compañeros de trabajo y de sus tres hijas.

Ir descubriendo a Rodríguez, poco a poco, como espectador, es al inicio una aventura de suspenso, casi detectivesca, y luego una convivencia de amigos entrañables, para compartirnos lo que somos y anudar lazos afectivos.

Omito decir más en particular lo que encontramos, para no anticipar la sorpresa emocional. Con la utilización continua de largos y delicados travellings, pocas veces este recurso de la cámara encaja tan bien como ahora, en este viaje: nostálgico, musical, social, revolucionario, tremendamente agridulce y esperanzador.

Buscando a Sugar Man, ganó en 2013 el Oscar al mejor documental; los otros filmes en competencia trataban sobre guerra, conflictos, problemas de salud. A diferencia de todos estos, el documental sobre Rodríguez habla sobre la pasión de disfrutar el día a día, y seguir los sueños, y compartir lo que creo, sin buscar reconocimiento personal.

Quizás sea justo lo que hoy necesitamos: contarnos lo que hay en el corazón, lo que nos anima a seguir adelante y a tener esperanza. Y las canciones de Rodríguez lo siguen haciendo hoy, cuarenta años después.

En un momento de las entrevistas, un compañero de trabajo de Rodríguez dice de él: "Transformó todo en algo distinto, hermoso; quizás trascendente, quizás eterno. Es un artista: representa lo que el espíritu humano puede alcanzar".


 

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