NUESTRAS PARROQUIAS

Buscamos unas Parroquias que sean Comunidades generadoras de vida, en ella fuimos engendrados por el Bautismo, y ella acompaña a sus hijos desde que nacen hasta que mueren. Escuela en la que nos formamos y maduramos unos con otros en la fe por la evangelización y la formación, como tarea permanente de conversión personal y comunitaria, entendida como un proceso dinámico que nunca acaba, como experiencia profunda de Dios e interiorización de la vida de Cristo (Gál 2,20; Filp 1,21). Debe ser un lugar de encuentro y vínculo de comunión, casa abierta a todos, hogar de los pobres, plataforma misionera, donde aprendemos y vivimos en libertad, fermento de nueva humanidad. Atenta a los signos de los tiempos y a las necesidades de nuestra gente


Bizitza sortzen duen Parrokia baten bila gabiltza, bertan Bataioaren bidez sortu ginen, eta gure seme-alabei jaiotzetik hil arte laguntzen diena. Katekesi eta ebanjelizazioaren fedean hezten eta heltzen garen ikastetxea da, bihurtze pertsonal eta komunitarioko etengabeko zeregin bezala, inoiz bukatzen ez den prozesu dinamiko bat bezala ulertua, Jainkoaren esperientzia sakona eta Kristoren bizitzaren barnerapen bezala (Gal 2,20; Filp 1,21). Topagune eta elkarte-lotura izan behar du, denontzat irekitako etxea, behartuen etxebizitza, plataforma misiolaria, aske ikasi eta bizitu dezakegunak, gizarte berri baten hartzigarria.


miércoles, agosto 26, 2026

Cuando el ruido es interior

 



Todos nos hemos despertado alguna vez un fin de semana con un ruido espantoso porque hay obras en la calle. Nada más despertar, el mal humor está ahí, pero no queda otra que aceptar el ruido e iniciar el día. Después, durante el día, algo no va bien. Sientes que el ruido de las obras se ha quedado incrustado en mi cabeza. Te consume por dentro. Poco a poco, creando un nudo en mi estómago.

 Pero a veces el ruido no viene de fuera, sino de dentro. No hay obras, el problema está en la mente. Es el cúmulo de preocupaciones y responsabilidades que vamos acumulando a lo largo de la semana y que, justo cuando tenemos tiempo para descansar, aparecen. Nos impiden relajarnos y disfrutar el momento. De nuevo, estoy con la mente más pendiente del futuro que del presente.

 Lo más doloroso de todo esto es que es algo común y nos pasa a muchas personas. Es una sensación muy poco agradable, que, a la larga, nos va deteriorando en todos los aspectos de la vida: físico, mental, social. Pero hay algo que puede servir como remedio a corto, medio y largo plazo.

 Este remedio es un tren, un tren que inicia su trayecto justo al lado de las obras y viaja hasta nuestro corazón. Un viaje en el que tenemos la oportunidad de vaciarnos, de quitarnos todas las preocupaciones de encima durante un rato para centrarnos, calmarnos y soltar. Poco a poco, se va deshaciendo ese nudo que sentía en el estómago. Poco a poco, el ruido de las obras es cada vez menor. Y, una vez finaliza el viaje y el tren vuelve a la estación de la realidad, me encuentro en una sensación de paz que no sentía hacía tiempo. Dios está en mí.

 El tren no tiene horario ni forma. Una manera de detenernos y subirnos a él es mediante el Examen Ignaciano. Con él, San Ignacio nos invita a examinar nuestro día, a reconocer esos “ruidos internos” y a entregarlos a Dios. Porque cuando soltamos y nos vaciamos en su presencia, Él llena nuestro corazón de paz.

 Una vez subidos al tren, simplemente debemos dejarnos llevar, porque es Dios quien estará siempre al mando

sábado, agosto 15, 2026

La Asunción de María

 La solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María fue fijada en el 15 de agosto ya en el siglo V, con el sentido de "Nacimiento al Cielo" o, en la tradición bizantina, "Dormición" de Nuestra Señora. En Roma, la fiesta se celebra desde mediados del siglo VII, pero hubo que esperar hasta el 1 de noviembre de 1950, con Pío XII, para que se proclamara el dogma dedicado a María asunta al cielo en cuerpo y alma. 

En el Credo Apostólico profesamos nuestra fe en la "Resurrección de la carne" y en la "vida eterna", fin y sentido último del camino de la vida. Esta promesa de fe se cumple ya en María, como "signo de consuelo y esperanza segura" (Prefacio). Este privilegio de María está estrechamente ligado al hecho de ser la Madre de Jesús: dado que la muerte y la corrupción del cuerpo humano son una consecuencia del pecado, no era conveniente que la Virgen María -libre de pecado- se viera afectada por ellos. De ahí el misterio de la "Dormición" o "Asunción al Cielo". 


El hecho de que María esté ya en el cielo en cuerpo y alma es para nosotros un motivo de alegría, de felicidad, de esperanza. Una criatura de Dios -María- ya está en el cielo: con ella y como ella estaremos también nosotros, criaturas de Dios, un día.

 El destino de María, unida al cuerpo transfigurado y glorioso de Jesús, será el destino de todos los que están unidos al Señor Jesús en la fe y en el amor. Es interesante constatar que la liturgia -a través de los textos bíblicos tomados del libro del Apocalipsis y de Lucas, con el canto del Magnificat- nos lleva a orar más que a reflexionar. 

El Evangelio, en efecto, nos sugiere que leamos el misterio de María a la luz del Magnificat: el amor gratuito que se extiende de generación en generación y la predilección por los últimos y los pobres encuentran en María su mejor fruto, su obra maestra, un espejo en el que todo el pueblo de Dios puede mirar sus propios rasgos. 

La solemnidad de la Asunción al Cielo de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma es el signo elocuente de que no sólo el alma sino también el cuerpo son "cosa muy hermosa" (Gn 1,31), hasta el punto de que, como en la Virgen María, nuestra carne será asumida en el cielo. 

Esto no nos exime de comprometernos con la historia; al contrario, es precisamente la mirada hacia la meta, hacia el cielo, nuestra patria, la que nos impulsa a comprometernos en nuestra vida presente siguiendo la línea del Magnificat: alegres por la misericordia de Dios y atentos a todos los hermanos que encontramos en el camino, empezando por los más débiles y frágiles.

domingo, agosto 09, 2026

La paz de las vacaciones


 A medida que pasan los años, y uno ya va cumpliendo, me reafirmo en la idea que la verdadera riqueza de la vida se encuentra en las cosas sencillas: una sonrisa compartida, el silencio que permite escuchar la propia interioridad, el murmullo del agua, la suave brisa entre los árboles, un cielo infinito, o el canto de los pájaros al atardecer. Son momentos que nos conectan con la belleza de la creación y nos recuerdan que la vida es, en esencia, un regalo.

Sin embargo, esta experiencia de armonía contrasta con las imágenes que cada día llegan a nuestros hogares: guerras, violencia, injusticias, personas desplazadas, niños que sufren y comunidades enteras marcadas por el dolor. Ante esta realidad surge una pregunta inevitable: si el mundo es tan hermoso, ¿por qué el ser humano causa tanto sufrimiento a sus semejantes?

Quizá la paz definitiva en el mundo parezca una meta lejana. Pero cada vez que elegimos el amor frente al odio, el diálogo frente al enfrentamiento y la esperanza frente al desaliento, estamos sembrando el Reino de Dios entre nosotros. Y toda semilla de paz, por pequeña que sea, tiene la fuerza de transformar el mundo……

El verano, sereno y luminoso, nos invita a detenernos y a disfrutar con los demás de las pequeñas cosas que hacen grande y hermoso este mundo. Aquí y en cualquier lugar de la tierra, hombres y mujeres contemplan el mismo cielo, las mismas estrellas, bajo una misma noche de verano. Tal vez, en ese silencio compartido, Dios nos recuerde que hemos sido creados para la fraternidad y no para la discordia; para cuidar la vida y no para destruirla. Y que la paz, como las estrellas, sigue brillando sobre nosotros, esperando ser descubierta, compartida y acogida en cada corazón.

por José Luis Prado

lunes, agosto 03, 2026

Lefebvre y roma: Un conflicto que revela los límites de un modelo de iglesia




Hay conflictos que, por mucho que se presenten como debates doctrinales, en realidad hablan sobre el modelo de Iglesia que subyace a ellos. El prolongado enfrentamiento entre el Vaticano y el movimiento lefebvriano es uno de esos casos.

Desde hace más de medio siglo, la discusión gira en torno a la autoridad, la tradición, la liturgia, el Concilio Vaticano II o la obediencia. Sin embargo, una lectura desde una eclesiología evangélica, de comunión, participativa y desclericalizada permite descubrir que el verdadero problema no es únicamente qué doctrina se defiende, sino quién posee el poder para definirla y cómo se estructura la comunidad eclesial.

Paradójicamente, el conflicto entre Roma y los seguidores de Marcel Lefebvre no cuestiona realmente el clericalismo; enfrenta dos maneras distintas de comprender y ejercer la autoridad eclesial. No son posiciones equivalentes. La propuesta del Vaticano, especialmente desde el Concilio Vaticano II, incorpora una renovación eclesiológica de enorme alcance. Pero el conflicto sigue desarrollándose, en buena medida, dentro de un marco donde el protagonismo efectivo continúa concentrado en las élites clericales.

La reciente decisión de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X de proceder a una nueva ordenación episcopal sin mandato pontificio ha vuelto a situar el conflicto en primer plano. Después de décadas de contactos intermitentes con la Santa Sede y de algunos gestos de acercamiento, la Fraternidad ha optado nuevamente por garantizar su propia sucesión episcopal al margen de la autorización de Roma.

Desde la perspectiva vaticana, el problema es evidente: en la eclesiología católica, la comunión con el Obispo de Roma se expresa también en que ningún obispo puede ser consagrado legítimamente sin mandato pontificio. La ordenación de un obispo sin esa autorización supone una ruptura grave de la disciplina eclesial y cuestiona la unidad visible de la Iglesia.

Para la Fraternidad, en cambio, la situación de “estado de necesidad” que, según ellos, vive la Iglesia justificaría actuar sin ese consentimiento para preservar la tradición litúrgica y doctrinal que consideran amenazada.

Ahora bien, ambas posiciones no poseen el mismo grado de consistencia eclesiológica. La postura de la Santa Sede se apoya en un principio constitutivo de la tradición católica: la comunión episcopal articulada en torno al ministerio del Obispo de Roma. La decisión lefebvriana, por el contrario, introduce una excepción cuya legitimidad decide el propio grupo que la aplica. Paradójicamente, para defender la autoridad de la tradición termina atribuyéndose una autoridad superior a la de la propia Iglesia que afirma querer preservar

jueves, julio 09, 2026

La misa, depende del cura?



Seguramente, la mayoría de nosotros hemos visto sacerdotes que son muy rigurosos con la Liturgia. Que cuidan la misa de forma milimétrica en cada movimiento del cuerpo y hasta en el timbre de voz, todo leído de tal forma que si no estás acostumbrado puede rozar la teatralidad, agradando al riguroso y provocando aburrimiento en el liberador. Y por otro lado, también podemos haber asistido a misas donde el sacerdote se inventa la misa, cuenta bromas y poco se parece a lo que el común de los mortales llamamos una misa normal, y también con algo de teatralidad, agradando al liberal e indignando al riguroso.

Y quizás aquí está el problema, y una de las grandes tensiones de la pastoral, seas o no seas cura. Es la tensión -y también la tentación- de pensar que tú eres el centro de todo. Y que si te quieren a ti, querrán a Dios, lo cuál es algo peligroso. Evidentemente todo ayuda, pero la realidad es que -al menos en pastoral- debemos ayudar a las personas a conectar con Dios, no con nuestra excentricidad o con nuestra oratoria, que seguro que es maravillosa. Lo visible debe apuntar a lo invisible, al misterio de Dios que nos invita y nos convoca.

El objetivo de las celebraciones y de la pastoral no es que hablen muy bien de ti, sino que la gente se encuentre con Jesús. En definitiva, ser transparente a la voluntad del Dios, y también al misterio de Dios que nos desborda y que nos invita a ser mejores.


sábado, junio 27, 2026

Ayudar, rescatar, salvar, animar pero también denunciar.

 


Venezuela es un país de “poca” tradición sísmica. Los dos terremotos acaecidos recientemente han sido los más fuertes en más de un siglo; no obstante, hablar de poca o mucha tradición, preparación, antelación u otros calificativos frente a los fenómenos de la naturaleza en muchas ocasiones termina siendo una auténtica osadía.

Si fueron dos terremotos muy fuertes, ahora ayudar, rescatar, salvar, animar pero también denunciar años de corrupciones, violencias, impunidad. Gobierno que solo supo reprimir sembrar odio y generar mas pobreza e impotencia.

Nos llegan estos sismos horribles y... defensa civil sin herramientas, sin formación, bomberos trabajando con las manos y un pueblo siempre solidario dando las manos.

Un gobierno de 25 años de robo, mentiras, odios, ese gobierno que muchos defendieron, corruptos internacionales también sacaron su parte de oro, petróleo, dólares, y todos y todas defendidos desde ideologías caducas, son "progres", alguien vió el dolor del pueblo, el sufrimiento sin medicinas, y ahora sin capacidad de hacer frente a la trajedia.

Si es hora de ayudar levantar, sanar animar sepultar pero también de DENUNCIAR