NUESTRAS PARROQUIAS

Buscamos unas Parroquias que sean Comunidades generadoras de vida, en ella fuimos engendrados por el Bautismo, y ella acompaña a sus hijos desde que nacen hasta que mueren. Escuela en la que nos formamos y maduramos unos con otros en la fe por la evangelización y la formación, como tarea permanente de conversión personal y comunitaria, entendida como un proceso dinámico que nunca acaba, como experiencia profunda de Dios e interiorización de la vida de Cristo (Gál 2,20; Filp 1,21). Debe ser un lugar de encuentro y vínculo de comunión, casa abierta a todos, hogar de los pobres, plataforma misionera, donde aprendemos y vivimos en libertad, fermento de nueva humanidad. Atenta a los signos de los tiempos y a las necesidades de nuestra gente


Bizitza sortzen duen Parrokia baten bila gabiltza, bertan Bataioaren bidez sortu ginen, eta gure seme-alabei jaiotzetik hil arte laguntzen diena. Katekesi eta ebanjelizazioaren fedean hezten eta heltzen garen ikastetxea da, bihurtze pertsonal eta komunitarioko etengabeko zeregin bezala, inoiz bukatzen ez den prozesu dinamiko bat bezala ulertua, Jainkoaren esperientzia sakona eta Kristoren bizitzaren barnerapen bezala (Gal 2,20; Filp 1,21). Topagune eta elkarte-lotura izan behar du, denontzat irekitako etxea, behartuen etxebizitza, plataforma misiolaria, aske ikasi eta bizitu dezakegunak, gizarte berri baten hartzigarria.


La Virgen María - Ama Birjina

 

María era del pueblo

Atenta y preocupada por los otros

La amplia acogida de la Palabra de Dios en la vida de María no hizo de ella una persona etérea, desligada de las cosas de la vida y del pueblo. Al contrario, hizo de ella una persona muy atenta y preocupada por los problemas de los otros. Por ejemplo, cuando María aceptó la Palabra de Dios, transmitida por el ángel, su primer pensamiento no fue para sí misma, sino para su prima Isabel. El ángel le había informado que Isabel, señora ya de cierta edad, estaba embarazada por primera vez (Lc 1, 36).

Isabel necesitaba ayuda. María no lo dudó y se marchó para Judea, a más de 120 kilómetros de Nazaret. Hizo el viaje solamente para poder ayudar a su prima en los tres últimos meses de embarazo (cfr Lc 1, 39-56). Y en aquel tiempo no había tren ni autobús.

Un campesino, al leer este trozo del Evangelio, dijo: "Siempre que voy a visitar a mi madre llego a casa diciendo que voy a estar poco tiempo, pues voy apurado. Veo a mi madre en sus tareas de casa; cuando va a buscar y recoger leña, a la pobre le cuesta mucho trabajo y apenas consigue la que necesita. La próxima vez que vaya a verla en su casa, voy a hacer como la Virgen María, y me voy a quedar más tiempo con mi madre para ayudarle".

En otra ocasión María fue invitada a una fiesta de bodas en Caná (Jn 2,1). Jesús también estaba allá. En las fiestas de boda en aquel tiempo se comía y se bebía mucho, a discreción. Llegó el momento en que María se dio cuenta de que les estaba faltando vino. Y ella, no sólo notó la falta de vino, sino que hizo lo posible para conseguirles más vino, y habló con Jesús: "Estos no tienen más vino" (Jn 2,3). Y así fue como María consiguió que Jesús hiciese su primer milagro en favor de una familia pobre, para que no quedasen en ridículo ante los invitados a su fiesta (Jn 2, 6-11).

En vez de permanecer ella pensando sólo en sí misma y en su salvación, la Palabra de Dios hizo que María saliese de sí misma y se olvidase de sus problemas para pensar en los problemas de los otros y ayudarles.

No abandona a los amigos en la hora de la necesidad

Aunque María no siempre entendía todo lo que Jesús hablaba y hacía, ella siempre lo apoyó. Y por eso, tuvo problemas con sus parientes. ¿Quién es el que no los tiene?

Sus familiares estaban preocupados con Jesús y se lo achacaban a que María lo dejaba demasiado; que Jesús había perdido el juicio (Mc 3,11). Querían traerlo y recogerlo en su casa (Mc 3, 21). Y consiguieron que María lo buscase para decírselo (Mc 3, 31-32).

Pero Jesús no hizo caso, y les hizo saber a los parientes que ellos no tenían ninguna autoridad sobre él. Sólo Dios tenía autoridad, y lo importante era hacer su voluntad (cfr Mc 3,33-35). En otra ocasión, los parientes querían que Jesús fuese un poco más atrevido y que se fuese hasta Jerusalén, la capital, para conseguir más fama (cfr Jn 7, 2-4).

En el fondo, los parientes no querían a Jesús (cfr Jn 7, 5). Eran oportunistas. Sólo querían aprovecharse de su primo famoso. Es lo que Jesús dijo: "Los enemigos del hombre serán sus propios familiares" (Mt 10,36). Es lo que estaba pasando con él mismo, dentro de su propia familia. ¡María debe haber sufrido mucho con esto!

Pero cuando, al final, apresaron a Jesús como un malhechor (Lc 23,2) y lo condenaron como un hereje (Mt 26, 65-66), los parientes se callarán todos y no habo ninguno que diera la cara, a no ser algunas mujeres.

Pero María siguió fiel. No huyó ni tuvo miedo. Hasta los apóstoles, menos Juan, huyeron todos (Mt 26,56). Ella no. Se quedó con Jesús y lo apoyó. Fue con él hasta el Calvario y allí estuvo firme, asistiendo a su agonía (Jn 19,25). Eso hacía parte de su misión, asumida delante del ángel: "Soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".

Las autoridades condenarán a Jesús como anti-Dios y anti-Pueblo (enemigo de Dios y del pueblo). A María no le importó. Fue la única persona de la familia que no lo abandonó. Ella no abandona a las personas en la hora de la necesidad, de la prueba y del dolor. ¡Va con ellos hasta el fin!

Lo mismo hizo con los apóstoles. Aunque todos huyeron, ella no los abandonó. Estuvo con ellos perseverando en la oración, durante nueve días, para que la fuerza de Dios les ayudase a superar el miedo que los inmovilizaba y los hacía huir (Hch 1,14).

Era del pueblo por decisión propia y por condición de vida

Todo esto demuestra que María no solamente era de Dios, sino también del Pueblo de Dios.

¿Qué significaba para ella ser del Pueblo de Dios?

Para María eso significaba ser del pueblo pobre y vivir sus problemas.

María era del pueblo pobre, no como quien desciende de lo alto del trono para dar una pequeña ayuda o limosna a los pobres necesitados, allá abajo. Era del pueblo porque vivía la misma vida de todos. No era rica, ni poderosa (cfr Lc 1, 52-53). Para los pobres como ella, no había lugar en los hoteles y sólo tenía el abrigo de los animales, las grutas y los barrancos (Lc 2,7).

Pero existen pobres que, a pesar de ser pobres, están al lado de los ricos y de los poderosos, y desprecian a sus compañeros pobres. María no era así. El canto hecho por ella en casa de Isabel demuestra muy bien de qué lado escogía ella vivir: en el lado de los humildes (Lc 1,52), de los que pasan hambre (Lc 1,53), de los que temen a Dios (Lc 1,50).

Aparte de esto, ella se separó claramente de los orgullosos (Lc 1,51), de los poderosos (Lc 1,52) y de los ricos (Lc 1,53). Para María, ser del Pueblo de Dios significaba vivir una vida pobre y asumir la causa de los pobres, que es la causa de la justicia y de la liberación.

Todo esto puede chocar a los ricos y a los poderosos a quienes también les agrada ir detrás de la Santísima Virgen María con devoción y fervor, como también lo hace el pueblo humilde. Pero ésta es la verdad. Si no se convencen, que lean y reflexionen en el Evangelio el Cántico de María (Lc 1,46-55).

Finalmente, María era del pueblo, porque llevaba en sí la misma esperanza de todos, la misma fe y el mismo amor.

Todo lo pasado, desde Abrahán, corría por sus venas y le hacía actuar (cfr Lc 1,54-55).

 

 

 

 

 

 

MARIA DE NAZARET: UNA MUJER INMACULADA

El pueblo latinoamericano ha llamado y llama a María "La sin pecado" o "La sin mancha". En el Cuzco la llaman "La Linda" y en Lima "La Sola". En Nicaragua, donde "La purísima" se celebra hasta en los caseríos más remotos de las montañas, un antiguo documento remonta la fiesta de "La Inmaculada" hasta el 7 de diciembre de 1742: "Pongan la noche de este día, por ser Víspera de la limpia y pura concepción de Nuestra Señora, luminarias en sus ventanas y nadie lo excuse".

¿Qué queremos decir los cristianos cuando a María la llamamos "La Inmaculada", "La Purísima"? ¿Qué es lo más grande de María de Nazaret: ser "La Inmaculada" o ser "La Madre de Dios"? ¿Por qué?

  LA VIRGEN MARÍA, MUJER FUERTE

1 - LO QUE LA BIBLIA DICE

En la Biblia no encontramos ninguna afirmación explícita y directa sobre la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

2 - LO QUE LA IGLESIA AFIRMA

El Papa Pío IX el año 1854, en la Bula "Inefabilis Deus", solemnemente proclama como dogma de fe la Inmaculada Concepción de María: "Con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la nuestra, declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente, en atención a todos lo méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, está revelada por Dios".

¿Qué es lo que nos quiere decir el Papa?

1 - El Papa proclama, con todo el peso de su autoridad infalible, la Inmaculada Concepción como dogma de fe que debe ser creído firme y constantemente por todos los fieles.

2 - Se trata de María de Nazaret, la María de los Evangelios.

3 - El Papa afirma positivamente que María no tuvo pecado original.

4 - María desde el primer momento de existencia como persona estuvo libre de pecado. Es decir: que desde siempre María fue toda y radicalmente de Dios.

5 - Ese es un favor que Dios ha hecho gratuitamente a María. Es el único caso en toda la humanidad. Al menos sólo consta que se le ha concedido a ella.

6 - La santidad de María depende de los méritos de Cristo. Pues, Cristo es el único salvador de todos los hombres.

7 - El Papa no afirma más que el hecho de la revelación. Nada dice de cómo ha sido revelada esta doctrina. Ciertamente no por la Biblia que es la revelación escrita. Podemos decir que la fe de la comunidad cristiana se ha ido abriendo camino a través de los siglos.

 

3 - LO QUE LA INMACULADA SIGNIFICA PARA NOSOTROS.

El que María sea "Inmaculada" ¿no la hace totalmente una fuera de serie? Añadiendo nuevos "privilegios" a la corona de María, ¿no la alejamos del pueblo pobre, pecador y creyente?

Puebla nos habla de María y dice:

a - Que "en nuestros pueblos… María constituyó el gran signo de rostro maternal y misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo" (Puebla 282), "presencia sacramental de los rasgos maternales de Dios (Puebla 291).

b - Citando palabras de la Encíclica "Marialis Cultus" de Pablo VI, dice de María que es "algo del todo distinto de una mujer remisiva o de espiritualidad alienante" (Puebla 293).

 

4 - MARIA, LA INMACULADA: SACRAMENTO DE LA OPCION DE DIOS POR LOS POBRES.

Dios ama y defiende a los pobres (ver en Mt. 5,45: St. 2,5) cualquiera que sea la situación moral o personal en que se encuentren, porque su imagen está en ellos ensombrecida y aun escarnecida (Puebla 1.142).

Esa ha sido siempre la conducta de Dios en toda la Historia de la Salvación (lee Dt. 7,7-8; Jer. 22,1-5; Sal 72,3-4.12-14; 1 Cor. 1,26-31; Lc. 4,18; San. 2,5-7, etc. etc.)

María, la que Dios elige para Madre de su Hijo hecho Hombre y, por ello, la hace "Inmaculada", no es otra que María de Nazaret: Una mujer del pueblo, un pueblo pobre, dominado y despreciado por los poderosos. Una mujer campesina, desconocida. Casada con José, un muchacho pobre, emigrante o hijo de emigrantes (lee Lc. 2,4-5). Que dio a luz a su hijo "y lo acostó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada" (Lc. 2,7). Una mujer que terminaría siendo la madre del crucificado injustamente "entre bandidos" (Mc. 15,10; Mt. 27,24; Lc. 23,2-5, 13-15; Mc. 17,27).

María de Nazaret, no solamente fue pobre sino que siempre estuvo al lado de los pobre (Lc. 1,39.56; Jn. 2,1-5), y como Dios, con El, claramente rechazó a los soberbios, a los poderosos, a los ricos (¿Quieres comprobarlo? Lee Lc. 1,46-55).

Dios hace esa "gracia", hace Inmaculada, a la mujer que nace, vive pobre y asume la causa de los pobres.

María, todo lo que es María de Nazaret, personifica esta opción de Dios por los pobres, la parcialidad de Dios en favor de los que "no cuentan" en el mundo. Dios siempre, incondicional, apasionada y exclusivamente a favor de los débiles, marginados, oprimidos, empobrecidos, humillados, y nunca comprometido con los poderosos.

Es el Dios que gratuita y generosamente da a quien nada tiene ni merece. Es el Dios que regala su perdón y su amistad.

El pueblo sabe que María es suya, del pueblo; que, como él ha experimentado la escasez, el destierro, la inseguridad, la angustia, la soledad, el sufrimiento, la paciente espera… El pueblo sabe también que ella es la preferida del buen Dios, la Madre de Cristo, la Inmaculada.

Y por eso, el pueblo acude a ella seguro de encontrar en ella y por ella la ternura, la bondad, las entrañas de misericordia del buen Dios. María Inmaculada personifica la opción de Dios por los pobres: "El Señor está contigo". El Señor está con María y está con el pobre. En María Inmaculada ve el pueblo pobre el rostro materno de Dios.

 

5 - MARIA LA INMACULADA: LA MUJER COMPROMETIDA

El hecho de ser la Madre de Dios, de ser Inmaculada, ¿se le subió a la cabeza a María? ¿La hizo pasiva y temerosa en su seguridad? ¿Es María como aquellos que se pasan la vida agradeciendo a Dios y celebrando por los privilegios que Dios les ha dado generosamente, sin hacer ellos más nada? ¿O reaccionó María como otros que no se comprometen, no se arriesgan por temor a perder los privilegios que tienen y celosamente guardan?

El Papa Juan Pablo II dice que María, la Inmaculada, respondió activamente "con todo su yo humano, femenino" ("La Madre del Redentor", n. 13) al plan de Dios sobre su reinado en el mundo, al plan de Dios sobre ella en función de ese reinado (ver en Lc. 1,26-38).

El no tener pecado no quiere decir no tener tentaciones, dificultades para cumplir la voluntad de Dios. Las tuvo Cristo (Mc. 1,13; 3,21; 6,1-6ª; 8,11-12.16-21.31-33; 14,32-36; 15,34 etc.) Tampoco a María, sin pecado original, llena de la gracia de Dios, se le dio todo hecho. Toda gracia y privilegio de Dios es también responsabilidad. La gracia de Dios previene y socorre, pero no nos evita las dificultades y tentaciones. María diariamente cooperó con la gracia del buen Dios cuyo poder no nos ayuda a evitarlo todo sino a poder superarlo todo. Por eso María cooperó para que la Salvación, el Reinado de Dios: Se diese en ella: Al hacer de su vida toda, en las alegrías y en las dificultades concretas, un sí al plan de Dios.

Recorriendo "todo su camino de fe", con un heroísmo de fe cada vez mayor, a pesar de la "particular fatiga del corazón unida a una especie de noche de fe", sin ceder a la desesperación, a la amargura, a la venganza, acogiendo al pie de la cruz aun a los verdugos de su hijo (ver Jn. 19,26). La Inmaculada nos dice que la victoria sobre el pecado es posible, concreta y real en cada uno de nosotros.

Se diese en el mundo: Puebla dice, citando las palabras de Juan Pablo II, que María "en el Magníficat se manifiesta como modelo para quienes no aceptan pasivamente las circunstancias adversas de la vida personal y social, ni son víctimas de la alienación" (Puebla 297) y "proclama que la salvación tiene que ver con la justicia hacia los pobres" (Puebla 1.144). Y de nuevo, citando las palabras del mismo Juan Pablo II, afirma Puebla: que "De María… parte también el compromiso auténtico con los demás hombres, nuestros hermanos, especialmente por los más pobres y necesitados y por la necesaria transformación de la sociedad" (Puebla 1.144). La Inmaculada nos dice que la victoria sobre el pecado es también posible, real y concreta en nuestra sociedad.

María, La Inmaculada: No fue la madre posesiva que retiene a su hijo para sí. Lo dejó ser libre.

Colaboró en su obra liberadora hasta la cruz (Jn. 19,25). Hasta el nacimiento de la iglesia en Pentecostés María oró juntamente con los apóstoles (Hch. 1,14 ; lee Hch. 2,1-4).

 María, mujer del pueblo y mujer de Dios

Lo contrario del miedo no es valor, sino confianza

 


 Dicen que los niños vienen con un pan debajo del brazo…y cuando eres madre, te das cuenta de que sí, traerán el pan, pero también otros muchos regalos. Por supuesto el amor, la alegría, el compromiso…pero también la preocupación, las dudas, la inseguridad y, como no, el miedo.

De repente, lo que nunca había tenido importancia, se convierte en un peligro. Un peldaño, el borde de una mesa, un hueso de aceituna. Y con el tiempo, un paseo sin acompañante, la elección de amigos, un viaje, la carrera, el trabajo… Todavía no me he visto en esas, pero imagino que, según el momento de la vida, pasan unos miedos y aparecen otros.

Y pienso en María. ¡Madre mía, María! “Concebirás al hijo de Dios”, dile a tu marido que el niño es de otro, de Dios ni más ni menos. Mira cómo lleva la contraria a los poderosos, cómo pone todo patas arriba; cómo dice verdades como puños que escandalizan a tantos, que le tienen ganas, que ya está bien de tocar la narices. Y para rematar, acompáñale a la cruz. Madre mía María… tuviste que echarle narices. 

Tengo tres hijos. Aún nos queda mucho que recorrer. A ellos como individuos. A mí como madre. Ojalá tenga el coraje, como María, de permitirles equivocarse, para aprender, a pesar de mis miedos. Ojalá tenga la capacidad, como María, de dejarles espacio para decidir, para elegir, para ser libres, a pesar de mis miedos. Ojalá tenga el valor de, como María, lanzarles a vivir su vida, que no es de nadie más. SU VIDA. Ojalá….

En definitiva, ojalá sepa, como María, CONFIAR. Confiar en ellos, como María confió en Jesús, confiar en Dios, en la vida, en los demás, en sí misma, como ella lo hizo. Porque, no nos engañemos, lo contrario de miedo no es valor. Es confianza.

 

 

 

 

Madre de la esperanza, del amor más hermoso

Sin duda alguna el Amor más hermoso es Jesús, el hijo de Dios vivo, salido de las entrañas de María Santísima. Jesús es un Amor Y es un amor hermoso. “El es el más bello de los hombres; en sus labios se derrama la gracia” (cf. Sal 44,3). El es el amor hermoso por excelencia. Y la nota principal del amor hermoso es ser “virgi- nal”. El amor de Jesús es un amor virginal.

El camino espiritual

La consideración o contemplación de la belleza, y en nuestro caso de la belleza del amor de María, además de ser una forma de honrar, alabar y dar gracias al Señor por el regalo que nos ha hecho en la Madre del Señor, y una forma de acercarnos a una justa consideración de María, es un “camino espiritual”, del que todavía se ha hablado muy poco, aunque en realidad ha sido el camino seguido por los místicos.

Madre del amor hermoso

La expresión “Madre del amor hermoso” aparece en el libro del Eclesiástico y reza así: “ Yo soy la madre del amor hermoso, del temor, del conocimiento y de la santa esperanza” (JLc\o 24,18). Texto que desde el siglo X se ha empleado frecuentemente en las Misas de María. Como se lee en la introducción a la Misa n. 36, “la Iglesia, según la tradición tanto del Oriente como del Occidente, celebrando el misterio y la función de María, contempla con gozo su espiritual belleza. La belleza como resplandor de la santidad y de la verdad de Dios, «fuente de toda belleza», e imagen de la bondad y de la fidelidad de Cristo, el “más bello de los hijos de los hombres”.

El título de la misa “Madre del amor hermoso”, nos sitúa directamente ante la contemplación del misterio de “la maternidad divina y humana de María”. Se trata de María, Madre. Y otorga el calificativo de “hermoso/a” no a María, como lo hacen la antífona y el canto mariano que hemos recordado: “Toda hermosa eres María”, sino al amor, María es “la Madre del amor hermoso”. Pero la expresión tiene una doble aplicación:

  1. En primer lugar María es la Madre del “amor más hermoso”, la Madre del Hijo de Dios, el Hijo de su amor, Jesús.
  2. Pero, en segundo lugar, también se puede aplicar al amor de María. Su amor no es un amor cualquiera; su amor es el amor más hermoso después

del de Dios. María es la criatura más divinizada, la que mejor reproduce la belleza del amor de Dios. Por ser llena de gracia, la piedad cristiana la ha cantado sin cesar, “toda hermosa eres María”, “no hay en ti mancha alguna”.

La vía de la belleza

Recientemente la Iglesia ha tratado de resaltar “la vía de la belleza”, de abrir este camino para suscitar en los hombres una respuesta al amor de Dios. La vía de la belleza es la vía de la contemplación. Cuando contemplamos un paisaje maravilloso, una formidable puesta de sol o una creación artística, pictórica o musical, no nos preguntamos si aquello es verdadero o si es bueno, sencillamente nos embriagamos de su belleza. Nos dejamos cautivar, hasta el éxtasis por lo bello.
Pablo VI, en 1975, quiso cerrar el decenio de silencio mariano proponiendo a los mariólogos el camino de la belleza, la llamada por él “via pulchri- tudinis”. Posteriormente, Juan Pablo II habló en diversas ocasiones del tema, pero especialmente en su exhortación postsinodal sobre la Vida Consagrada. En este documento propuso como icono de la vida consagrada el icono de la transfiguración del Señor, cargado de esplendorosa hermosura: “Para captar con una visión de conjunto los rasgos esenciales de la vocación al seguimiento de Jesús, dirá el Papa, ayuda singularmente contemplar el rostro radiante de Cristo en el misterio de la Transfiguración” (VC 14). Jesús es el hijo amado en quien el Padre se complace, en El tiene sus complacencias.

Nos encontramos, más que ante la verdad o la bondad, ante la belleza del Hijo del hombre. La vocación habrá que considerarla como una fascinación, una seducción. La seducción y la fascinación que producen las cosas bellas.

El descubrimiento de la belleza supone la victoria en nosotros, a menudo lograda con fatiga, de la verdad sobre la mentira, de la bondad sobre la maldad, del amor sobre el odio. Por eso María es hermosa. Es bella cuando, con espíritu humilde y con palabra verdadera, acoge la voluntad de Dios y se deja poseer por el Espíritu de paz; cuando en su regazo virginal se recompone la unidad entre Dios y el hombre; la tierra y el cielo; cuando con su sencillez y su humildad borra una antigua doblez y una soberbia insensata.

María es hermosa porque el Espíritu la ha preservado del dominio del pecado. Los títulos de “Toda Santa”, y “Toda Hermosa” designan la misma realidad y tienen la misma motivación. En María no hay mancha de pecado. Por eso con confianza y amor filiales digamos muchas veces a María: “Madre de la esperanza, del amor hermoso, rogad, rogad por nosotros”.

Asterio Niño Picado, cmf.

 

Presencia de María en la pasión de Jesús


  
  

  
  Quien haya leído los Evangelios con cierto detenimiento se habrá percatado de que apenas hablan de la presencia de María en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Es San Juan quien hace una clara referencia a la Virgen María cuando Cristo ya estaba clavado en la cruz: “Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María la de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a la Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: He ahí a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa” (Jn. 19, 25-27). María, pues, estaba en el monte Calvario.
 
 Por su parte, San Lucas hace una afirmación que nos permite deducir que María estuvo junto a la cruz. Narra San Lucas que cuando llegaron al Calvario crucificaron a Jesús entre dos malhechores, uno a la derecha y el otro a la izquierda. Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Después dividieron sus vestidos y los echaron a suerte. “El pueblo estaba allí mirando”… (Lc. 23, 33-35). Es fácil suponer que María también estaría allí, entre la gente del pueblo, mirando y sufriendo en silencio. Como se puede comprobar en estos textos evangélicos, especialmente en lo que narra San Juan, la Virgen María estuvo presente en la Pasión de Jesús. Es de suponer que, desde el mismo momento en que tuvo noticia del Prendimiento, siguiera muy de cerca todo el proceso… Es de suponer que llegaría acompañada de sus familiares hasta las puertas de la casa de Caifás, el pontífice, donde escribas y ancianos se habían reunido previamente para preparar la acusación contra Jesús…
 
  Es de suponer que muy de mañana partiría hacia el palacio del gobernador Pilato, ante quien Jesús había sido llevado para ser interrogado y juzgado. Aquí oiría gritar a la multitud: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! Y poco después vería cómo su Hijo era cruelmente azotado y escarnecido antes de que lo entregasen para ser crucificado. Dictada ya la sentencia de muerte, cargando con el madero de la cruz, Cristo camina hacia el Calvario como cordero hacia el matadero. Es seguro que María iría lo más cerca posible de su Hijo. Es seguro que lo acompañaría durante todo el recorrido. ¿Cómo iba a abandonarlo en esos momentos? ¿Cómo podría una madre abandonar a su hijo en tales circunstancias?... Cada caída con la cruz, la sufría María en su corazón. A Jesús se le desgarraban las carnes por las caídas y por los golpes del látigo, a María se le desgarraba el alma por tanto sufrimiento…
 
  Ya está izada la cruz en lo alto del Calvario… Clavado en ella y coronado de espinas, el Redentor del mundo está a punto de expirar. Cristo, aceptando la voluntad del Padre, ofrece su vida para la salvación del hombre… Junto a la cruz, María llora y sufre en silencio. Su corazón de madre, traspasado por la espada del dolor… Con frecuencia eleva la mirada hacia el Hijo crucificado, y la fija en sus ojos para ver si todavía vive. También con frecuencia baja la mirada, la fija en el suelo y se queda ensimismada, envuelta en los lejanos recuerdos que acuden a su mente… María sigue al pie de la cruz... En un momento dado, y para que se cumpliera la Escritura, Cristo dice: “Tengo sed”. Un soldado mojó una esponja en vinagre y, fijándola en una rama de hisopo, se la acercó a los labios… Hacia la hora sexta las tinieblas comenzaron a cubrir toda la tierra hasta la hora nona.
 
  El sol se oscureció y el velo del templo se rasgó. Jesús, con fuerte voz, exclamó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23, 44-46). Después de oír estas palabras, María vio cómo Jesús inclinaba la cabeza sobre el pecho y quedaba inmóvil… La muerte había hecho su aparición. Cristo había muerto. Todo se había consumado… Sin embargo, ella sabía que aquello no era el final; ella sabía que, al igual que lo había encontrado en el templo después de tres días desaparecido, también ahora volvería a encontrarlo; sabía que al tercer día resucitaría de entre los muertos, como Él había profetizado. María estaba convencida de que muy pronto volvería a reencontrarse con el Hijo, como así ocurrió. La esperanza en la Resurrección le dio fuerzas para poder soportar la inmensa angustia de la muerte.
 
 
 
 
MARÍA MADRE DEL SALVADOR

Palabra de Dios

Le 2, 1-14: Una gran alegría para todo el pueblo: "Os ha nacido un salvador".

Le 1, 26-38: Le pondrás por nombre Jesús, Salvador.

Is 7, 10-15: Le pondrán por nombre Emmanuel, Dios-con-nosotros.

 

Texto antológico

"Esta unión de la madre y del Hijo va mucho más allá de lo que parece a simple vista. Una madre ordinaria engendra a su hijo sin asociarse por eso a su obra futura. Ella echa las bases remotas, pero no se compromete con sus trabajos, que se llevarán a cabo mañana aparte de ella. No ocurre lo mismo con María: su maternidad la compromete en la obra redentora, así como la encarnación lleva ya en germen a la redención. María no es la madre de alguien que un día será redentor y salvador del mundo, como la madre de un sacerdote es la madre de un hijo que un día será llamado al sacerdocio. El Hijo que nace de ella viene al mundo como redentor y salvador. No es accidental para Jesús el ser sacerdote y la víctima de la Nueva Alianza. 

Nace ya sacerdote y nace ya cordero de Dios. Los Padres griegos han insistido fuertemente sobre esta salvación del mundo incluida en el nacimiento de Cristo. No debe jamás olvidarse que la madre del Salvador está asociada, desde el principio, a la obra de la salvación".

Cardenal Suenens

 

Reflexión

Jesús significa "salvador". Y Jesús lo es. El nos trajo el sentido, la paz, la utopía, la palabra definitiva y total de Dios, el sacramento original, la salvación presente. Jesús es el Emmanuel, el Dios con nosotros, Dios mismo en medio de nosotros, dándonos la salvación que desde siempre ofreció a los hombres. El vino para dar la vida. Para que tengamos vida, y la tengamos en abundancia. El vino a salvar al mundo, no a condenar.

Y todo eso en una humanidad concreta histórica, en Jesús de Nazaret. Dios hecho hombre. Y María es la madre de este hombre, Jesús, el Salvador.

Por eso María siempre tendrá un puesto importante en la fe de los seguidores de Jesús. Además, su función materna no acabó entonces: "La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que estén animados todos aquellos que en la misión apostólica cooperan a la salvación de los hombres" (LG 65).

 

Examen

-¿Somos signos y vehículos de la salvación que Dios nos ha hecho realidad en Jesús?

-¿Sentimos a María cercana, como madre de Jesús que es?

-¿Estamos animados de su espíritu de amor maternal, sintiéndonos corresponsables de la extensión de la salvación a todos los seres humanos?

 

Conversión

Procurar convertir nuestra vida en cauce de saIvación para todos los que nos rodean. Sentir como nuestra la preocupación por la salvación de los hombres en todo lo ancho del mundo.

 





 

 En el tiempo de Adviento María es siempre una presencia llena de significado. La madre que espera, la mujer que acoge la palabra, la muchacha que arriesga, la amiga que ayuda, la creyente que calla y medita. Todo esto lo encontramos en María. Que se convierte en espejo en el que mirarnos. Porque también nosotros necesitamos acoger, arriesgar, servir y dejar que la buena noticia sea semilla que arraigue en la tierra que somos. Dos miradas a María pueden ayudarme hoy a pensar en mi propia forma de estar en Adviento. La mirada a la mujer que habla y la mirada a la mujer que ama

 
 
 
 
 
CARÁCTERÍSTICAS DE LA DEVOCIÓN A MARÍA




EL PAPA FRANCISCO HABLA SOBRE MARÍA





MADRE DE TODOS LOS CRISTIANOS



Jn 19, 25-27: Ahí tienes a tu hijo.

He 1, 14; 2, 44-47: María oraba con la comunidad cristiana. Esta tenía un solo corazón y una sola alma.

Jn 17, 20-23: Que sean uno, como tú y yo somos uno.


Por su carácter eclesial, en el culto a la Virgen se reflejan las preocupaciones de la Iglesia misma, entre las cuales sobresale en nuestros días el anhelo por el restablecimiento de la unidad de los cristianos. La piedad hacia la madre del Señor se hace así sensible a las inquietudes y a las finalidades del movimiento ecuménico, es decir, adquiere ella misma una impronta ecuménico. Y esto por varios motivos.

En primer lugar, porque los fieles católicos se unen a los hermanos de las Iglesias ortodoxas, entre las cuales la devoción a la Virgen reviste formas de alto lirismo y de profunda doctrina al venerar con particular amor a la gloriosa Theotocos y al aclamarla 'Esperanza de los cristianos'; se unen a los anglicanos, cuyos teólogos clásicos pusieron ya de relieve la sólida base escriturística del culto a la madre de nuestro Señor, y cuyos teólogos contemporáneos subrayan mayormente la importancia del puesto que ocupa María en la vida cristiana; se unen también a los hermanos de las Iglesias de la Reforma, dentro de las cuales florece vigorosamente el amor por las Sagradas Escrituras, glorificando a Dios con las mismas palabras de la Virgen (cf Lc 1,46-55).

En segundo lugar, porque la piedad hacia la madre de Cristo y de los cristianos es para los católicos ocasión natural y frecuente para pedirle que interceda ante su hijo por la unión de todos los bautizados en un solo pueblo de Dios. Más aún, porque es voluntad de la Iglesia católica que en dicho culto, sin que por ello sea atenuado su carácter singular, se evite con cuidado toda clase de exageraciones que puedan inducir a error a los demás hermanos cristianos acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia católica y se haga desaparecer toda manifestación cultual contraria a la recta práctica católica".

Pablo VI, Marialis cultus


Es el mismo Pablo VI quien nos recuerda que en el culto mariano se han de reflejar las preocupaciones de la Iglesia, entre las que sobresale la del ecumenismo. Muchas comunidades cristianas no tienen tal preocupación, ni en el culto mariano ni fuera de él...

Aunque pueda tener un sentido correcto aquello de que de María nunquam satis (nunca se podrá decir suficiente), también es cierto que en el culto mariano se han producido exageraciones, supersticiones, vana credulidad, falta de coherencia y compromiso... y otras cosas que perturban las relaciones entre las confesiones cristianas, según dice Pablo VI en la Marialis cultus.

Una comunidad cristiana consecuente y responsable ha de tener en cuenta esos aspectos. Ha de examinar hasta qué punto su espiritualidad mariana debe verse afectada por esa preocupación ecuménico.

Hace falta volver al evangelio y a la palabra de Dios, ser rigurosos en la fundamentación de toda espiritualidad, actuales en su aplicación, coherentes y comprometidos en evitar toda alienación o evasión...

Y hace falta, sobre todo, tener una visión amplia, ecuménico. Saber y creer que no tenemos la exclusiva de la Verdad completa, ni el monopolio de la salvación. Aceptar en la fe que el Espíritu de Jesús está vivo y actúa eficazmente en muchos hombres, grupos y pueblos. Y vivir en una práctica coherente con estas convicciones ecuménicas. Colaborar fraternalmente con todos los que luchan realmente por el Reino, sea cual fuere su bandera

Oración

Dios, Padre nuestro, que sufres al ver dividido al pueblo de Dios en diversas confesiones cristianas. Haz que llegue pronto el día en que nos unamos todos los seguidores de Jesús en una sola gran comunidad, para que seamos fermento de unidad entre todos los hombres de buena voluntad.



MARÍA MUJER FUERTE

 


 

 LLENA ERES DE GRACIA

Palabra de Dios

Lc 1, 26-38: Alégrate, llena de gracia.

Mt 5, 43-48: Sed perfectos, como vuestro Padre.

Texto antológico

"Es posible sintetizar así la vida religiosa de María. La revelación es más que una simple comunicación de verdad o de conocimiento. Es, al mismo tiempo, un acontecimiento salvador que ha de ser considerado constantemente con amor y que debe ser experimentado activamente en la fe y por medio de la fe, de suerte que podamos penetrar en el misterio de esta revelación, que se va desdoblando gradualmente, aunque siempre permanece velada. María nos proporciona aquí un sublime ejemplo. Ella es el prototipo, el primerísimo ejemplo de una vida cristiana de fe, verdaderamente sacramental. María estuvo hondamente envuelta y plenamente implicada en los acontecimientos visibles de la vida humana de Cristo en el mundo. Precisamente por esto María se levantó para aceptar -con fe- el divino misterio que se había hecho visible, y ciertamente público, en el signo sacramental externo de la humanidad de Cristo, y se dejó empapar del vigor que sobre ella derramaba la gracia de esa humanidad de Cristo. Su vigorosa fe y su confianza la capacitaron para traspasar el 'velo' humano de Cristo y penetrar en el mundo divino. El misterio de la vida religiosa y de la fe de María tenemos que buscarlo en su fe, esperanza y amor. La Escritura nos presenta muy pocos hechos concernientes a la vida de María. Y sólo de vez en cuando nos ofrece algunos destellos de luz que ilumina la imagen concreta de su fe en su crecimiento gradual hacia la victoria última: la imagen de su vida sacramental. Ahora bien, lo que conocemos de hecho es más que suficiente para que podamos dar a María el título de 'Reina de los confesores"'.

Edward Schillebeeckx

Reflexión

Algunas afirmaciones-imperativos que nos hace el capítulo quinto de la Lumen Gentium del Concilio Vaticano II nos pueden servir de reflexión. El capítulo trata de la "universal llamada a la santidad en la Iglesia".

"En la Iglesia, todos están llamados a la santidad. Esta santidad se manifiesta y debe manifestarse sin cesar en los frutos de gracia que el Espíritu produce en los 'creyentes" (LG 39).

"Jesús predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida de la que él es iniciador y consumador. Los seguidores de Cristo han sido hechos por el bautismo verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y por lo mismo realmente santos. Todos los fieles, de cualquier estado y condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor. Esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad" (LG 40).

"Quedan invitados y aun obligados todos los cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado" (LG 42).

María, la "llena de gracia", es modelo de santidad para el pueblo de Dios.

 

Examen

-¿Tenemos todavía una idea de la santidad como reservada a clérigos, monjes... o ñoña, anticuada?

-¿Contribuimos con nuestra palabra y con nuestra vida a renovar la santidad en el pueblo de Dios?

-¿Creemos de verdad que es posible vivir en santidad, plenamente de acuerdo con el evangelio, en nuestro estado y condición particular?

Conversión

*Tomar decisiones para secundar esta llamada y obligación universal a la santidad dentro de las ocupaciones y preocupaciones de nuestra vida personal diaria.

*Estudiar las exigencias concretas que tiene, en nuestra situación comunitaria real, la llamada universal a la santidad.






FE EN LA OSCURIDA

Palabra de Dios

Lc 2,48-50: Quedaron sorprendidos y no comprendieron.

Gén 22,1-13: Toma a tu hijo y ofrécelo en sacrificio.

Heb 11,1 - 12,3: Los testigos de la fe.

Mt 14,22-33: ¿Por qué has dudado, hombre de poca fe)

Heb '13,1-3: Fijos los ojos en Jesús, pionero y consumador de la fe.

Texto antológico

"Con frecuencia nos inclinamos a pensar que la vida íntima que María, José y Jesús vivieron en su hogar de Nazaret fue una especie de existencia de 'cuento de hadas'. ¡Qué fácil y qué idílica debió ser la vida en un hogar lleno de los sonidos de la voz del Niño Jesús, en un hogar que, cada vez que !a madre abrazaba con ternura a su propio hijo, estaba teniendo en sus brazos a la divinidad! Pero podemos estar seguros de que las cosas no fueron así. La realidad viva de la Sagrada Familia distaba mucho de ser un mundo de cuento de hadas. Tendemos a olvidar que toda la vida terrena de María transcurría bajo el velo de la fe: de una fe que ni veía ni comprendía, pero que seguía confiando en la Providencia divina. Tendemos a olvidar el peso abrumador de la vida de fe que vivió María: una vida de fe que la convirtió en la 'Reina de los confesores'. Nos inclinamos a dotar a María -a María tal como vivió en la historia de una especie de visión intuitiva (en miniatura) de Dios, aunque nada se nos dice de ésta en la Escritura ni en la tradición, y aunque queda contradicha realmente por todos los relatos genuinos, y especialmente por los que leemos en el evangelio de Lucas. Por lo demás, no captamos la verdadera grandeza de la vida de María: su vida de fe.

María empleó toda su vida en la severa prueba de esta fe: no comprendiendo, sino creyendo con una fe que se iba acrecentando por medio de la meditación y por vivir en contacto íntimo con aquel Hijo que iba creciendo".

Edward Schillebeecks

Reflexión

La tradición, la literatura clásica y la iconografía habitual nos presentan una imagen de María que lo sabía todo, que lo veía todo claro. Como si viviera anticipadamente en la esfera de la divinidad, con un conocimiento explícito previo que le ahorrara la oscuridad de la fe, las dudas, el desconcierto, el no entender.

La palabra de Dios, con la ayuda de la teología y las ciencias bíblicas, nos ha devuelto a Jesús como también creyente. Jesús tenía fe. Y no sabía, no entendía... La vida de Jesús tuvo que ser de un laborioso discernimiento en fe... María no fue caso aparte.

Creer no es saber, no es ver claro, sino fiarse, entregarse en oscuridad. Sin oscuridad no hay fe. Cuando se ve todo claro, cuando se sabe, ya no hace falta que creamos, porque lo vemos. Creer es caminar en medio de la oscuridad, sin otra luz que la de la propia entrega y confianza en Aquel a quien creemos. Todas las demás luces y certezas restan posibilidades a la fe.

Examen

-¿Cómo soportamos las dudas, las perplejidades, los desconciertos en la fe?

-¿Tenemos todavía la idea de que la fe nos va a evitar toda oscuridad?

-¿Mantenemos la fidelidad a pesar de la oscuridad?


Conversión

No medir nuestra fe por las dudas o las oscuridades, sino por la fidelidad a toda prueba.

Poner de verdad nuestra vida en las manos de Dios.


Invocación

- Feliz tú, que has creído...

- ...ayúdanos a creer a pesar de las dificultades.

 

Oración

Dios, Padre nuestro: queremos entregamos a ti con una fe fuerte, inconmovible, serena y confiada, a pesar de la tentación y de la más dura oscuridad. De una fe así nos dio ejemplo tu Hijo, abandonado en la cruz, y María, su madre. Te damos gracias por su ejemplo y por tu gracia.




MARIA, VERDADERAMENTE HUMANA 



Palabra de Dios

Mt 2, 13-15: Huida a Egipto.

Jn 2, 1-12: Fiesta de bodas en Caná de Galilea.

 

Texto antológico

"Haremos bien en considerar la familia de Nazaret como compuesta de personas que estaban comprometidas en una batalla por su fe, de personas que se enfrentaban valientemente con todas las dificultades de la vida gracias a una completa sumisión a las disposiciones supremas de Dios. La verdadera y completa pintura de la vida de María no la hallamos en los apócrifos del Nuevo Testamento, sino en el sobrio relato de los evangelios. La vida de María no sigue el esquema de los cuentos de hadas, como el de Blancanieves. No hay pajaritos silvestres que le traigan aderezos preciosos en su piquito ni que la saquen del peligro en medio de una deliciosa música celestial. 

Si María hubiese sido así, no habría constituido para nosotros un ejemplo de fortaleza en nuestro cotidiano batallar con las duras realidades de una vida que es cualquier cosa menos un bello cuento de hadas. La vida de María sería sencillamente un narcótico. Y una vez pasados sus efectos, tendríamos que enfrentarnos en la austera realidad de la vida, llevando en nosotros un sentimiento de inconsolable aridez: de una aridez mucho mayor que la que teníamos antes. La vida de María, como la nuestra, fue verdaderamente humana. Y también ella estaba envuelta en la misma clase de situaciones sociales opresoras, desesperanzadoras y con frecuencia insolubles, al parecer: esas situaciones en que todo ser humano se encuentra situado de vez en cuando. Pero María, con su ejemplo, nos mostró cómo la fe en el misterio del Dios vivo es más poderosa que la vida humana, más poderosa -también- que la muerte, e incluso que la muerte de su propio Mesías".

Edward Schillebeeckx

 

Reflexión

La tradición piadosa volcó tantas alabanzas imaginadas sobre María que acabábamos por verla alejada, distante, de otro planeta, inimitable, cuasi divina. Las imágenes de escayola optaron por presentárnosla revestida de su gloria celeste, ocultándonos el ropaje de su vida diaria, como madre laboriosa y sencilla del caserío de Nazaret... Alguien llegó a decir que fue preservada por Dios de todo dolor desde el primer instante de su ser natural...

Al pensar en María, nos fuimos dejando llevar, a lo largo de los siglos, por un sentimiento de fantasía y romanticismo y por un vergonzante sentido de desprecio maniqueo hacia todo lo que es "muy humano": el cuerpo, la vida cotidiana, las servidumbres humanas más sencillas... Pensábamos que enaltecíamos a María cuanto más la alejábamos de su sencilla y verdadera y profunda humanidad. Como si el nacimiento de Jesús fuera más digno de él y de su madre siendo "como un rayo de sol que atraviesa un cristal"...

Fue una filosofía, unos influjos, una mentalidad extrabíblica, hecha de platonismo, de maniqueísmo, de idealismo.

Lo mismo nos había pasado. con Jesús. Hoy redescubrimos con fe admirada su profunda y completa humanidad. En Jesús, Dios nos manifiesta su rostro profundamente humano. La vida y la persona de Jesús nos muestran que tan profundamente humano sólo puede ser Dios mismo.

María puede ser modelo para nosotros porque es una mujer de nuestra raza, de nuestra tierra, miembro del pueblo de Dios, la primera creyente, profundamente humana.

 

Examen

-¿Dejamos que nuestra fe nos modele y nos haga ser profundamente humanos al irnos purificando de todo vestigio de intolerancia, rigorismo, legalismo, puritanismo, escrúpulo?...

-¿Da la Iglesia -y nosotros con ella- testimonio de ser profundamente humana?

-¿Tenemos alguna idea maniquea de precio de lo humano en pretendido beneficio de lo "espiritual" o "sobrenatural como contrapuesto, alternativo, opuesto?

-¿Somos de los que se extrañan y no aceptan redescubrir a Jesús y a María, según evangelio, como profundamente humano

-¿Tenemos acaso (inconscientemente) la idea de que Jesús es Dios a costa de ser menos hombre? ¿Somos de los que piensan que a veces se presenta a Jesús y a María como "demasiado humanos"?

 

Conversión

*Valorar y desatar las energías humanizadoras que posee nuestra fe.

*Emprender alguna acción concreta para hacer más humana a la Iglesia.

*Comprender a los que abandonaron la religión porque la encontraron demasiado ¡idealista o poco humana.

*Humanizar las acciones y relaciones en nuestra comunidad cristiana, en nuestra familia

*Educar los ojos de la fe para saber ver la presencia de Dios, que palpita detrás de las vivencias de verdadera humanidad.

 

Invocación

-Madre de Jesús, el Hombre Nuevo...

- ...haznos participar de su Humanidad Nueva.

Oración

Padre, tú que nos has dado en María, la madre de Jesús, un ejemplo de vida verdaderamente humana, no sustraída a ninguna de las duras realidades de la vida real cotidiana, y en Jesús nos has mostrado tu rostro humano, tipo y modelo de toda humanidad, haznos profundamente humanos, para ser mejor hijos tuyos, en Jesús, tu Hijo, el Hombre Nuevo.


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HIJA DEL PADRE

Palabra de Dios

Lc 10, 17-22: Nadie es bueno, sino sólo Dios.

Mt 7, 7-1 1: Cuánto más vuestro Padre, que está en el cielo.

Mt 5, 46-48: Sed buenos como vuestro Padre del cielo.

Lc 15, 11-32: El hijo pródigo.

"Asimismo, hemos de ser mucho más cuidadosos en la utilización que hagamos, a este respecto, de las analogías humanas, si es que queremos seguir siendo plenamente conscientes de la función específicamente mariana que la madre de Dios desempeña en el orden cristiano de la redención. Un ejemplo de esto es la idea de la llamada 'Escuela Francesa' de que María está calmando sin cesar la justicia de Dios -y la justicia de Cristo-, y de que en el último instante es capaz de sujetar el brazo de Cristo que se levanta para descargar el castigo. Esta imagen, indudablemente, desempeñó un papel importante en el caso de los visionarios de La Salette. Y no podemos negar que e una manera muy impresionante de ilustrar la intervención de María por medio del poder de súplica. Pero, indudablemente, no promueve u verdadero aprecio de la genuina función salvíflca de Cristo. La misericordia de María se deriva enteramente, tiene su función en la compasión del mismo Cristo, el Dios-hombre, el cual había mostrado superabundancia de compasión hacia María, como primicias que ella era de la redención. María despliega en su persona el aspecto maternal de esta divina misericordia de Dios Pero nunca estará permitido considerar la intervención maternal de María como una especie de contrapeso de la justicia divina de Cristo, aunque la intervención mariana sea realmente eficaz".

Edward. Schillebeeckx

Reflexión

Ha habido una visión mariológica que, inconscientemente, ha desarrollado una imagen de María como una especie de correlato femenino de la divinidad. Ha querido poner en Dios las cualidades pretendidamente masculinas, como el poder la creación, la ley, la fuerza legisladora, el poder judicial, el poder sancionador y castigador implacable... Y, por otra parte, ha imaginado conconcentradas en María las cualidades de la bondad, el perdón, la misericordia...

Fruto de todo ello es una imagen mítica de María deteniendo en el cielo el brazo de la cólera de Dios...

Esto es sencillamente falso, inaceptable en una visión cristiana realmente concorde con el evangelio. Es un flaco servicio a la piedad mariana. Hay que superarlo.

Pero todavía nos quedan vestigios de esta mentalidad cuando atribuimos a ciertas prácticas de piedad una eficacia automática de salvación eterna desconectada enteramente del evangelio, cuando no tenemos nuestra visión cristiana enteramente centrada en el Padre de nuestro Señor Jesucristo, cuando no centramos toda nuestra práctica en la lucha por la causa de Jesús tal como aparece en el evangelio.

Exámen

-¿Hay en nuestra piedad mariana algo desenfocado?

-¿Qué cosas, ideas o prácticas, que en otro tiempo tuvimos, debemos dar ya por superadas?

-¿Qué hacemos por recuperar a aquellas personas que abandonaron la fe escandalizadas ante prácticas cristianas alejadas del evangelio?

 

Conversión

*Situar a María en nuestra espiritualidad dentro de un marco enteramente centrad en el evangelio.

*Desterrar toda idea negativa sobre Dios que pudiera filtrarse en la devoción mariana.

*Dar testimonio de un cristianismo entera mente evangélico ante aquellos que tienen la idea de religión como superstición, mitificaciones, prácticas ritualistas..







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LA MIRADA DE ISABEL

 Dolores Aleixandre

Apenas se oyó el sonido leve de sus sandalias sobre la grava de mi patio, el niño que llevo en las entrañas se estremeció dentro de mí.

-¡Shalom, Isabel!, había dicho ella, y su voz me llenó de una alegría desconocida en la que se desbordaba toda la energía del Espíritu. Nos abrazamos en silencio y fue entonces cuando tuve el presentimiento de que no éramos sólo tres, ella, mi hijo y yo, quienes nos fundíamos en el abrazo. Cuando nos separamos, puso sus manos sobre mi vientre y me miró riendo al sentir los pies del niño que se movían con impaciencia dentro.

Nos sentamos a la sombra del limonero y le hablé largamente de los difíciles años de mi esterilidad, tejidos de desolación y de oscura vergüenza. Le conté que, lo mismo que Raquel, también yo había deseado mil veces decirle a Zacarías: "Dame hijos o me muero" (Gen 30,1), aunque sabía que, lo mismo que Isaac por Rebeca, también él rezaba por mí para que el Poderoso retirase mi afrenta.

Había pasado infinitas noches desahogando mi corazón ante el Señor como Ana, la madre de Samuel, suplicándole que remediara mi humillación (1Sm 1,10-16). Y a pesar de que conocía la historia de Sara, también sonreí con incredulidad cuando Zacarías volvió mudo del santuario y trató de hacerme entender que nuestra oración había sido escuchada... No fui capaz de creerlo hasta que tuve la certeza de que en mi seno se había alumbrado la vida: el Señor se había acordado de mí lo mismo que de nuestras madres, y me había visitado con el don de la fecundidad. Por eso necesité esconderme muchos meses: tenía que dar tiempo a mi corazón para agradecer en el silencio y la soledad que el Señor me hubiera desatado el sayal de luto para revestirme de fiesta.

Cuando terminé mi relato comenzó a hablar María y pude asomarme al brocal del pozo que escondía su misterio. Al escucharla, mis ojos deslumbrados sólo conseguían ver su rostro reflejado en el agua: contemplé la imagen resplandeciente de la llena de gracia y reconocí a la verdadera hija de Sión convocada a la alegría, a la elegida para ser el orgullo de nuestro pueblo. La alabanza me nació de dentro: "¡Bendita seas entre todas las mujeres, bendito el fruto de tu vientre...! Dichosa tú que te has fiado de Dios como nuestro padre Abraham..."

Recibió mis palabras como acoge el agua clara de un arroyo al sol que ilumina su fondo pero, al volver a hablar, me di cuenta de que deseaba hacerme ver a través de ella, el rostro de Otro.

-"No te pares en mí, Isabel, es a Él a quien tenemos que dirigir la bendición, al que se ha inclinado a mirar a la más pequeña de sus hijos, y en mí ha visto a todos los que como yo no poseen ni pueden nada y se apoyan solamente en Él. Porque cuando alguien confía en su amor, Él hace cosas grandes y lo sienta a su mesa, mientras que a los que se creen algo, los aleja de su presencia.

Yo sólo era una tierra vacía y pobre pero Él ha pronunciado sobre mí su palabra y, como en la primera mañana de la creación, ha hecho brillar la luz de un nombre nuevo, el del hijo que está creciendo dentro de mí. Dios se ha acercado tanto que nos pertenece como la semilla a la tierra que la ha hecho germinar.

Yo sólo podía decir: "Aquí estoy, hágase..." y dejar atrás cualquier inquietud. No sé cómo va a suceder todo esto, pero estoy al amparo de su sombra y mis ojos están puestos en Él, como los de una esclava en las manos de su señora... (Sal 123,2)

Nos quedamos en silencio y de pronto sentí que acariciaba mis manos ásperas y rugosas y repetía: -"Como están los ojos de la esclava fijos en las manos de su señora"... Anda, Isabel, dime dónde guardas el cántaro y no te muevas tú, que yo me voy a traer el agua para lavar la ropa. Antes de atravesar el umbral se volvió hacia mí y dijo:

- "Aún no te he dicho el nombre de mi hijo: se va a llamar Jesús..."

El nombre se quedó suspendido en el sosiego de la tarde y, mientras la miraba alejarse cantando, supe que ella era ahora la verdadera Arca de la Alianza y pensé que era aquí donde Zacarías tendría que realizar su ofrenda para que el aroma del incienso se mezclara con el de hierba segada, leña y pan recién hecho. Porque el Santo de Israel habitaba ya en otro santuario, en aquella muchacha que, con un cántaro al hombro, iba dejando a su paso un rastro de silencio y una algarabía de pájaros en los cipreses que bordean el camino hacia la fuente.





MARÍA LA MADRE DE JESÚS

¡Ave María!


La primera parte de esta oración viene del ángel Gabriel, cuando saludó a María invitándola a ser Madre de Jesús. El ángel entró en casa:


“Ave María, llena de gracia

el Señor está contigo”. Lc 1,28


La otra parte la pronunció Isabel, prima de María. ésta fue a visitarla, y cuando se encontró con ella, le dijo:


“Bendita eres tú entre las mujeres.

Y bendito es el fruto de tu vientre”. Lc 1, 42


Después los cristianos completaron los saludos del ángel y de Isabel con estas palabras:


“Santa María, Madre de Dios,

ruega por nosotros, pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte!”.


Después del Padre Nuestro, el Ave María es la oración más conocida de todos los cristianos. Hace siglos que millones de personas la repiten sin cesar. Cuando se reza el rosario se repite cincuenta veces.


Es difícil encontrar en el mundo cristiano a alguien que no haya rezado nunca o no sepa rezar el Ave María. Mucha gente comienza su instrucción religiosa aprendiendo a rezar el Ave María.


Entusiasmo por la Virgen, Nuestra Señora


La historia de nuestro pueblo cristiano parece un inmenso caminar con entusiasmo y fervor hacia la Virgen María, Madre y Señora nuestra, que ha conquistado los corazones. Un fervor vivido ardientemente, a través de los siglos por la gente sencilla y humilde.


Aunque no lo parezca, aunque la gente no lleve un letrero con el nombre de María, sin embargo, sí lleva en lo más íntimo de su corazón a María; por eso adornan sus altares y ponen flores con fervor a la imagen de la Virgen. Por todas partes se ve el nombre y la imagen de la Virgen Santísima, aclamada e invocada por millares de voces que en el fondo de su alma la invocan continuamente y con entusiasmo, con estas palabras: ¡Ave María!.


Llevando en su corazón el amor a la Virgen, el pueblo expresa en la veneración a María su esperanza de poder llegar a donde ya llegó ella, o sea, a gozar de la total libertad de los hijos de Dios, en el cielo. Venerando públicamente la imagen de la Virgen María, el pueblo da a todos la prueba concreta de que, caminando con Dios, es posible realizar esta esperanza.


La historia de María es el modelo de la historia del pueblo humilde. Es una historia que todavía no ha terminado. Continúa hasta hoy, en las pequeñas y grandes historias de este pueblo que camina en la vida, llevando en su corazón su amor y devoción a la Virgen, rezando sin parar: ¡Ave María!

 


 

 

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La imagen de María es pobre y sencilla


La imagen de Nuestra Señora que se venera en muchos santuarios del mundo suele ser pequeña, cubierta de un manto azul, manto precioso, ricamente adornado. ¡Regalo del Pueblo! Porque al pueblo le agrada adornar y enriquecer a quien venera y ama. Pero el manto rico acaba por esconder gran parte de la imagen pobre y sencilla de María. Solamente mirando a la Imagen descubierta es como el pueblo sencillo se da cuenta de que María es humilde y pobre. El manto es bonito y bueno. No se puede tirar. Pero la gente viéndolo no puede darse cuenta de que la imagen de la Virgen es sencilla y humilde, como tantas otras jóvenes del pueblo que la gente encuentra por la calle.


Aquello que sucedió con su imagen, sucede con la misma Virgen María. Glorificada por el pueblo y por la Iglesia como Madre de Dios, ella recibe un manto de gloria, regalo de la fe del pueblo. Pero el manto de gloria acaba escondiendo gran parte de la sencillez y humildad que ella tiene.


La hace una persona diferente; y la gente casi olvida que la Virgen fue y es todavía una joven pobre y sencilla de pueblo.


Solamente contemplando abiertamente los retratos que la Iglesia conserva en su álbum, la gente puede ver que María en la Biblia es pobre y sencilla, muy semejante a la mayoría de nuestro pueblo.


La Biblia habla muy poco de la Virgen María, pero lo poco que dice es muy importante. Es lo suficiente para que la gente pueda conocer la grandeza de su sencillez y la riqueza de su pobreza. Es lo suficiente para que la gente pueda descubrir su mensaje para nosotros.



Cuando María no sabía que era la virgen – 

Alberto Maggi.
Alberto Maggi (Ancona, 1945), fraile de la orden de los Siervos de María, es teólogo y biblista católico. Ha estudiado en las Facultades de Teología «Marianum» y Gregoriana de Roma, y en la Escuela Bíblica y Arqueológica de Jerusalén. Desde 1995 dirige el Centro Studi Biblici «G. Vannucci» en Montefano.

María

Ya en el siglo IV, algunos Padres de la Iglesia amonestaban a los cristianos para que no se divinizase la figura de María porque ella “era el templo de Dios, y no el Dios del templo” (San Ambrosio, El Espíritu Santo, III, 78-80).

No obstante estas advertencias, los predicadores no tuvieron freno en el pasado a la hora de alabar y exaltar a la virgen. Abusando de la expresión atribuida a Bernardo de Claraval: “De María no se habla nunca demasiado”, a los predicadores les faltó el pudor de callar.

La muchacha de Nazaret, que había proclamado que el Señor “derriba del trono a los poderosos” (Lc 1,52), ha llegado a ser repetidamente entronizada y coronada como reina, con coronas de retórica que le han deformado la figura. “La sierva del Señor” (Lc 1,38) ha sido llamada “Reina del cielo”, atribuyendo a la virgen por excelencia el título que en la Biblia se le dio a la licensiosa Astarté (Ishtar), diosa del amor y de la fertilidad (Jr 7,18).

Los innumerables títulos y privilegios, añadidos uno a otro durante siglos, han terminado por sepultar a la madre de Jesús bajo un cúmulo de detritos piadosos que ha impedido ver lo que María era, cuando todavía no sabía que era la Virgen.

 

El Mesías castiga-locos

Los escasos apuntes sobre María contenidos en los evangelios ofrecen el retrato de una mujer bien distinta de la mujer omnisciente que sabe ya lo que debe decir y hacer, pues todo está escrito en el guión preparado para ella por el Padre eterno.

En realidad en los evangelios se dice muchas veces que María no comprendía lo que le estaba sucediendo, desorientada por la sacudida que había provocado su hijo Jesús en su vida y en su fe.

María había acogido el mensaje de Dios anunciado por el ángel en Nazaret y se había fiado de él (“Cúmplase en mí lo que has dicho”, Lc 1,38). Pero no imaginaba cuánto le iba a costar y qué llevaría consigo creer en aquella palabra.

La primera sorpresa se la dan los pastores de Belén cuando nace Jesús.

Estos pastores eran considerados los rechazados de la sociedad y tratados como pecadores por excelencia, porque, a fuerza de estar con las bestias, también ellos se habían bestializado. Excluidos del reino de Dios, se creía y se esperaba, que serían eliminados con la llegada del Mesías, venido para destruir a los pecadores. Esta gentuza refiere a María y a José “las palabras que le habían dicho acerca de aquel niño”, (Lc 2,17) cuando “un ángel del Señor” (Lc 2,9) les anunció, los primeros, el nacimiento de Jesús.

En lugar de decir que había llegado el Mesías justiciero, con la hoz en mano para abatir y quemar los árboles que no dan fruto, el ángel animó a los pastores (“no temáis”), anunciándoles: “Os ha nacido un salvador” (Lc 2,10-11).

Precisamente para ellos, los pecadores que esperaban el castigo de Dios, se reserva una “gran alegría” (Lc 2,10), porque el Señor ha venido a salvarlos.

La reacción a estas palabras es de gran desconcierto: “Todos los que lo oyeron quedaron sorprendidos de lo que decían los pastores” (Lc 2,18).

Hay algo que no cuadra.

Desde siempre la religión había enseñado que Dios premiaba a los buenos y castigaba a los malos, sobre los que “haría llover ascuas y azufre, y les tocaría en suerte viento huracanado” (Sal 11,6).

¿Qué es esta novedad de que el hijo de Dios sea anunciado como “el salvador” precisamente de estos pecadores?

A María, el ángel le había asegurado que Dios daría a Jesús “el trono de David su padre” (Lc 1,32), lo que significaba que no solo reinaría, sino que se comportaría como David, el rey enviado por Dios para “dar sentencia contra los pueblos, amontonar cadáveres y quebrantar cráneos sobre la ancha tierra” (Sal 110,6).

¿Cómo, pues, los pastores aseguran, sin embargo, que “la gloria del Señor los envolvió de claridad” (Lc 2,9)?

Todos, incluida María, se sorprendieron de esta novedad, que ella, sin embargo, no rechaza: “María, por su parte, conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo en su interior” (Lc 2,19).

Pero las sorpresas no han acabado.


 

Colisión en el Templo

A pesar de que el ángel había dicho a María que Jesús “será llamado hijo de Dios” (Lc 1,35), ella y José piensan que tienen que hacerlo hijo de Abrahán. Por esto lo circuncidan y lo llevan a Jerusalén “tal como está prescrito en la Ley del Señor” (Lc 2,23).

Y es precisamente en el templo donde tiene lugar un suceso, el primero entre los muchos conflictos entre la Ley y el Espíritu que marcarán la vida de Jesús.

María y José van al Templo para cumplir un rito que el Espíritu intenta impedir por ser inútil: consagrar al Señor a quien era ya el consagrado desde el momento de su concepción.

Así, “en el momento en que entraban los padres con el niño Jesús para cumplir con él lo que era costumbre según la Ley” (Lc 2,27), Simeón, impulsado por el Espíritu, va también al Templo.

Era inevitable que entre el profeta “impulsado por el Espíritu” (Lc 2,27) y los padres observantes que van a cumplir “todo lo que prescribía la Ley del Señor” (Lc 2,39) se produjese una colisión: Simeón quita el niño de los brazos de sus padres y pronuncia sobre él palabras que dejan pasmados al padre y a la madre de Jesús que “estaban sorprendidos por lo que se decía del niño” (Lc 2,33).

El motivo del estupor es que Simeón afirma que Jesús no ha venido sólo para Israel, sino que será “luz para todas las naciones” (Lc 2,23).

La luz, símbolo de vida, no se limita a iluminar un solo pueblo, sino que se extiende a toda la humanidad, paganos incluidos. Isaías había escrito en otro sentido. Había dicho que la luz del Señor brillaría solamente sobre Jerusalén y que los paganos serían sometidos sin ninguna alternativa, porque “el pueblo y el rey que no se te sometan, perecerán; las naciones serán arrasadas” (Is 60,12).

Ahora, sin embargo, Simeón afirma que no serán los paganos los que serán arruinados, sino los hebreos, porque Jesús “está puesto para que en Israel unos caigan y otros se levanten” (Lc 2,34).

María no comprende estas palabras pero no hay tiempo ni siquiera para comprenderlas, pues Simeón le dice: “Y a ti, tus anhelos, te los truncará una espada” (Lc 2,35).

La espada se usa con frecuencia en el Nuevo Testamento como imagen de la incisividad de la palabra del Señor (“Tomad por casco la salvación y por espada la del Espíritu”, Ef 6,17; Ap 1,16), que se describe como “viva y enérgica, más tajante que una espada de dos filos, penetra hasta la unión de alma y espíritu, de órganos y médula, juzga sentimientos y pensamientos”, Heb 4,12). Será la palabra de Jesús la espada que atravesará el alma y la vida de María; no comprendida, su palabra le causará sufrimiento, invitándola a hacer una elección radical.

 

 La extraña fuerza de la Resurrección

Estos hechos históricos demuestran cómo la historia de María continúa hasta hoy en las pequeñas y grandes luchas de nuestra vida. Silencioso y sin nombre, el pueblo va siguiendo a la Virgen María por las calles y plazas de la vida con fervor y esperanza. Casi nadie le conoce por su nombre; el pueblo no habla. ¿Hablar, para qué?, si nadie le escucha. Solo se oye el murmullo de su voz, allá debajo del “paso” de la Virgen en la procesión, mezclado con las voces de millares de hombres y de mujeres de todas las lenguas y naciones, llorando y rezando sin parar: ¡Ave María!

Pero aquél que sabe escuchar la voz del silencio del pueblo y de su dedicación a la vida, ése capta su mensaje y comienza a entender algo de la extraña fuerza de resurrección que hay en la cruz. La cruz de Cristo, la cruz del pueblo, escándalo para unos y locura para otros, pero para nosotros expresión de la sabiduría y del poder de Dios (1 Cor 1, 18. 23).

El comienza a comprender que de los que aplastan la vida, no puede venir la fuerza de vida. De éstos sólo viene la muerte, pues ellos mismos están muertos, envueltos de pensamientos de muerte, sin vida. Ellos mismos necesitan la redención y la liberación, que sólo podrá venir de los débiles y de los oprimidos. Pues la fuerza de vida sólo nace allí donde la vida está crucificada y oprimida, torturada y perseguida. Y sólo allí aparece la fuerza de la Resurrección. Sólo resucita quien muere primero.

A muchos les gustaría que el pueblo no tuviese que pasar por el Viernes Santo, sino llegar directamente al Domingo de Resurrección. ¿Vivir como si el Viernes Santo continuase también hoy en la vida del pueblo? ¿Abandonar el Calvario antes de tiempo y dejar a los hermanos solos sufriendo en la cruz? Por el simple hecho de que el pueblo se quede al pie de la Cruz, junto con la Virgen María, ella anuncia a todos su fe en la resurrección y en la vida. Si no lo creyesen, la vida ya hubiese cesado hace mucho tiempo sobre la faz de la tierra.

Hablar así parece “locura y escándalo” (1 Cor 18. 23). Pero hay motivo para eso. Lo mismo que el “pueblo humilde y pobre” del tiempo del profeta Sofonías (Sof 3, 12), así nuestro pueblo parece que no cree más en ideas y promesas humanas, por muy buenas que sean. Ha sido engañado durante siglos enteros. Sufre demasiado para poder creer todavía en los hombres que prometen un futuro mejor. Solamente cree en Dios y en la vida: solamente con estos dos -con Dios y con la vida- se comprometen ellos. El pueblo adquirió una sabiduría y una sabia desconfianza que no se deshace con sermones y discursos políticos. Para que los pobres puedan creer, exigen pruebas y testimonios concretos. Solo así el pueblo acepta y se compromete. Antes que alguien quiera que el pueblo crea en él, debe merecer esta fe del pueblo con su testimonio personal. La Virgen María la mereció.

Por eso mismo, a pesar de estar oprimido este pueblo, es libre. Libre, tanto frente a sus opresores, como a sus libertadores, y a ambos los juzga.



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¿Y qué podemos decir de María en la última Cena? 

Dejemos que San Juan Pablo II (†2005) nos lo diga: “En el relato de la institución, la tarde del Jueves Santo, no se menciona a María. Se sabe, sin embargo, que estaba junto con los Apóstoles, «concordes en la oración» (cf. Hch 1, 14), en la primera comunidad reunida después de la Ascensión en espera de Pentecostés. Esta presencia suya no pudo faltar ciertamente en las celebraciones eucarísticas de los fieles de la primera generación cristiana, asiduos «en la fracción del pan» (Hch 2, 42). Pero, más allá de su participación en el Banquete eucarístico, la relación de María con la Eucaristía se puede delinear indirectamente a partir de su actitud interior. María es mujer «eucarística» con toda su vida. La Iglesia, tomando a María como modelo, ha de imitarla también en su relación con este santísimo Misterio” (Encíclica Ecclesia de Eucharistia, n.53).

Lo que nos enseñó Juan Pablo II es muy hermoso: María es la mujer eucarística. Por eso, este jueves santo, día en que recordamos la institución del Sacramento de los sacramentos que es la Eucaristía, pidámosle de manera especial a María que valoremos más la Santa Misa, que celebremos la Eucaristía con más fe, piedad y amor. Aprendamos de María a ser verdaderamente eucarísticos, a esforzamos por ser sagrarios vivos.







MUJER CREYENTE - MUJER MILAGRERA

La María del Evangelio es una mujer creyente (¡La primera cristiana!):

 Que libre y totalmente acoge la palabra de Dios, su voluntad, en la fe: "Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho" (Lc. 1,38).

 Que se mantiene fiel a Dios en su fe, sin signos y prodigios, sin milagros; "estaban de pie junto a la cruz de Jesús su madre…" (Jn. 19,25), mientras los soldados se reparten la ropa de Jesús echándola a suertes (lee Mc. 15,24) y los sumos sacerdotes, en compañía de los letrados se burlan del agonizante Jesús, el "Hijo del Altísimo" (lee Lc. 23,35; Mc. 15,31-32, Lc. 1,31-33).

Esa María del Evangelio, María de Nazaret ¿es la que se aparece en medio de una parafernalia de signos, prodigios, milagros, multitudes "para que la gente crea": "para que le veamos y creamos" (Mc. 15,32)?

María de Nazaret, la única Madre de Dios ¿es la que presenta en la apariciones dispuesta a "vendernos" a un Dios, que compramos al bajo precio de creer en esas apariciones, de realizar ciertos ritos y penitencias, de rezar determinadas oraciones?

La fe de los cristianos pendientes de las apariciones, que van a ellas a ver si les toca la "lotería", "el 5 y 6" de un milagro, ¿es como la María de Nazaret?

¿o se acerca a mucho a la de aquellos a quienes Jesús reprocha: "como no ven señales portentosas, no creen" (Jn. 4,48). ?

Si nuestro Dios no es el "mago todopoderoso" que milagrosamente nos evita todos los males y sufrimientos de la vida, sino el "Dios todo débil" que, muriendo en Jesús, abandonado en la cruz, nos da fuerza para superarlo todo, ¿será

María la santera y maga "todopoderoso"? ¿Estaría María en lugar de Dios?

MUJER QUE INVITA, PROPONE - MUJER QUE SE IMPONE A LA FUERZA

La María del Evangelio, María de Nazaret, es un mujer que:

 Sugiere:

Cuando faltó el vino en la boda de Caná de Galilea a la que habían sido invitados la madre y el hijo.

" le dijo a Jesús su madre: No tienen vino".

 Invita propone: (compruébalo en Jn. 2,1-5).

Ante la respuesta de Jesús "¿Qué nos importa a tí y a mí, mujer?", María propone a los sirvientes: "Cualquier cosa que les diga, háganla" (Jn. 2,1-5).

Esa María del Evangelio ¿es la que se aparece amenazando con calamidades y castigos terribles, hasta de guerras nucleares, trastornos cósmicos, si no se hace lo que ella dice?



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Figuras simbólicas de fidelidad y maternidad espiritual 

La figura femenina se fue perfilando con cada vez mayor profundidad en el Antiguo Testamento; Israel era la Esposa, la Jerusalén celestial, Jerusalén, construida cual ciudad de compacta armonía, (Sal 122,3) es una imagen que refleja el ideal femenino, en María Dios construye la más hermosa ciudad compacta, sin brechas, armonía de Dios. ¡Bendito sea Yahveh desde Sión, el que habita en Jerusalén! (Sal 135,21). Dios habita en María, la hija de Sión.

 ¡Celebra a Yahveh, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión! (Sal 147,12). Nos recuerda a María, alégrate llena de gracia, proclama mi alma la grandeza del Señor. Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá, encantadora, como Jerusalén, imponente como batallones. (Ct 6,4). Se refleja la belleza femenina, Jerusalén es la ciudad donde Dios 9 habita, hermosa, así es María, hermosa porque Dios habita en ella. ¡Despierta, despierta!¡Revístete de tu fortaleza, Sión!¡Vístete tus ropas de gala, Jerusalén, Ciudad Santa! Porque no volverán a entrar en ti incircuncisos ni impuros. (Is 52,1). Aquí se percibe la restauración que Dios está haciendo, habrá un lugar, una ciudad santa donde no entrará el pecado, nos recuerda a María, la ciudad de Dios donde nunca entró el pecado. 

Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré (y por Jerusalén seréis consolados). (Is 66,13). Aquí se refleja la maternidad espiritual, el consuelo de una madre, Jerusalén es imagen de María; Dios va a consolarnos desde el amor maternal de María. Sión era el alto donde estaba colocado el templo de Jerusalén y representa lo más hermoso, lo más fiel, el lugar más querido por la religión de Israel, la figura de la Hija de Sión refleja el ideal femenino que ha recuperado plenamente la gracia y es fiel a Dios. Desde Sión, la Hermosa sin par, Dios resplandece, (Sal 50,2) aquí percibimos el sentido de María, la toda santa, la toda hermosa, cuando el ángel Gabriel la llama “llena de gracia”. Estas figuras forman parte de lo femenino que recupera la presencia de Dios. Pero de Sión se ha de decir: «Todos han nacido en ella», y quien la funda es el propio Altísimo. (Sal 87,5). Sentimos aquí la gracia poderosa de Dios que ha querido derramar en la humanidad, comenzando por María, una nueva creación, una nueva madre de los vivientes, María es la madre espiritual, madre de la Iglesia, la Nueva Eva donde comienza la nueva creación de personas que ya no estarán sometidas al demonio, libres del pecado y de la muerte. …cuando Yahveh reconstruya a Sión, y aparezca en su gloria, (Sal 102,17). 

Vemos cómo se siente la gloria de Dios dentro de la figura femenina, María es la persona femenina, donde se refleja de la manera más sublime la gloria de Dios. El cetro de tu poder lo extenderá Yahveh desde Sión: ¡domina en medio de tus enemigos! (Sal 110,2). Percibimos aquí el poder de Dios, María no es vencida por el demonio, el enemigo de Dios. 



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 La Iglesia junto con María ofrece la Palabra de Dios encarnada 

 María escuchó con corazón puro la Palabra de Dios y creyó en ella, como Abraham, y la Palabra se hizo carne en María; en su vientre purísimo tomó la carne humana y de ella nació Jesús, su propio Hijo, el Hijo único de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su tienda entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que recibe del padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad (Jn 1,14).

 La Iglesia como María, ofrece la Palabra Viva a los fieles, para que se alimenten de ella, la hagan parte de su vida y su tierra cambie, se haga hermosa y dé muchos frutos. María es el comienzo de la tierra hermosa, renovada por Dios, llena de su Espíritu, llena de su Gracia, la que nos enseña el camino que tenemos que recorrer, cada día creer con mayor profundidad y amor en su propio Hijo, la Palabra hecha carne, Jesús, y obedecerle, cumplir las cosas que Dios nos dice y nos pide.

 Creer, amar y obedecer a Jesucristo es la esencia de la Iglesia y del ser cristiano, y María es la persona que más creyó, amó y obedeció a Jesucristo, porque no solamente fue una fiel creyente y discípula sino que fue en ella que se encarnó la Palabra y por eso la fe de María es más fuerte y profunda que la de nosotros, porque ella es la madre del Verbo Encarnado, su amor es también único dentro de la Iglesia, por ser amor de discípula y de madre y su obediencia es única 7 y perfecta.

 Por esta nueva obediencia de Cristo, reflejada en María de la manera más perfecta, Dios comenzó la restauración de la humanidad, la desobediencia de Eva y Adán se resolvieron en la nueva obediencia de María junto a Jesús. La Nueva Creación, la Nueva Alianza que supera la Antigua y lleva de nuevo la humanidad a su inocencia original.







MARÍA Y LA PALABRA

1. María escucha y encarna la Palabra de Dios La persona que con mayor humildad y perfección escuchó y escucha la Palabra de Dios es María. Cuando el ángel Gabriel le comunica la voluntad de Dios, ella escucha con atención y luego acepta lo que Dios le propone (cf. Lc 1,26ss). Así la Palabra de Dios no solamente es creída por su Pueblo sino que ahora se Encarna en el seno de María. El fruto más grande que ha dado la humanidad es Jesucristo, no puede haber nada más grande que Jesús, y es el fruto bendito del vientre de María (cf. Lc 1,42). María no solamente escuchó sino que encarnó la Palabra de Dios. Los cristianos debemos seguir el ejemplo de María, encarnar la Palabra en nosotros, para dar también muchos frutos de vida eterna. Si de verdad escuchamos con amor y humildad la Palabra de Dios daremos muchos frutos para todos. Una vez que la Palabra entra en nosotros nos va transformando a la imagen de Dios, y damos frutos que perduran, frutos para la vida eterna. María es la tierra fecunda, la humanidad donde se siembra la Palabra y Dios está con nosotros Emmanuel, se queda para siempre. Dios se hace uno de nosotros para acompañarnos, iluminarnos, redimirnos y salvarnos. 

La Palabra de Dios se hace carne en María y pone su tienda entre nosotros (cf. Jn 1,14). Cristo viene a este mundo a redimirnos del pecado, a dar su vida en la Cruz. Para poder 2 encarnar la Palabra hay que creer en ella, María creyó en lo que el ángel le anunciaba, y la Palabra se encarnó en ella. María siempre escuchaba con atención y meditaba en su corazón los acontecimientos y las palabras que ocurrían de parte de Dios en su vida (cf. Lc 2,19), ella se disponía a cumplir lo que Dios le pedía cada vez. María no solamente aceptó que la Palabra encarnara en su ser sino que además encarnó la Palabra en su vida, porque ella siempre hizo lo que Dios le pidió, cambió sus planes para seguir los de Dios, siempre estuvo humildemente escuchando y cumpliendo la voluntad de Dios. La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros, en la casa de María y de José, ese hogar de Nazareth se iluminó con la Palabra encarnada, Jesús, y desde allí se fue regando por toda la tierra, en la Iglesia de Cristo, que ilumina a todas las gentes de todos los tiempos. De los escuchadores de la Palabra María es la más perfecta, ella la encarnó en su seno, y se acomodó en todo a esa Palabra, ella nunca pecó en contra de Dios, siempre cumplió lo que su palabra le pedía, ella siempre fue fiel y humilde ante esa Palabra y acomodó su vida a Dios. María recuperó con su obediencia a Dios lo que Eva había perdido.



2. María cumple la Palabra de Dios Como Abraham, María salió de sus planes, de sus comodidades, para seguir el camino de Dios, sirvió a la Palabra con su propia vida, y estuvo siempre a su lado, sobre todo en los momentos más difíciles, sobre todo en la Cruz, cuando la Palabra se debía encarnar en la humanidad y formar la Iglesia, y fue abandonada por todos, rechazada, burlada, pero María permaneció fiel a la Palabra, nunca hubo en ella ni una rendija de infidelidad o soberbia, siempre estuvo aceptando en su ser y en su vida la Palabra viva de Dios. María es Discípula y Misionera de la Palabra de Dios. Cuando Jesús murió en la Cruz la Palabra se sembró definitivamente en la humanidad, en la tierra de todos, Jesús entregó todo su ser, Cuerpo y Sangre, para darnos la Vida, para sembrarse en nosotros y darnos su Amor, su Presencia, su Caridad, su Perdón, que nos llevan hasta la vida eterna, nos salvan del pecado, del mal y de la muerte. 

Dios envió su Hijo, su Palabra, la expresión de sí mismo, la misma Palabra que había enseñado a los Profetas del Antiguo Testamento, lo envió para que se hiciera carne en el seno virginal de María, y una vez hecho hombre se entregara a sí mismo en la Cruz, de 3 esa manera Dios nos ha perdonado, Cristo nos ha redimido y si aceptamos su Palabra, si creemos en él y acoplamos nuestra vida a esa Palabra, como lo hizo María, entramos en la Vida de Dios, en su Reino y así nos salvamos. 










EL ADVIENTO DE MARÍA

El Señor quiso preparar el corazón de los justos del Antiguo Testamento con las condiciones necesarias para recibir al Mesías. Entre más estuvieran llenos de fe y confianza en las promesas recibidas, más llenos de esperanza por verlas realizadas y más ardieran de amor por el Redentor, más listos estaban para recibir la abundancia de gracias que el Salvador traería al mundo. A medida que pasaba el tiempo, Dios iba preparando con mayor intensidad a su pueblo, derramando gracias, hablando, despertando más el anhelo de ver al Salvador y levantando hombres y mujeres que prefiguraban a quienes estarían en relación directa con el Salvador en su venida.

¿Quién es la que ha esperado en perfección la venida del Salvador? La Virgen Santísima. Toda esta preparación de Dios a su pueblo alcanza su culmen en la Santísima Virgen María, la escogida para ser la Madre del Redentor. Ella fue preparada por el Señor de manera única y extraordinaria, haciéndola Inmaculada. Tanto le importa a Dios preparar nuestros corazones para recibir las manifestaciones de su presencia y todas las gracias que Él desea darnos, que vemos lo que hizo con la Santísima Virgen María. Ella fue concebida inmaculada, sin mancha de pecado, sin tendencias pecaminosas, sin deseos desordenados, su corazón totalmente puro, espera, ansía y añora solo a Dios. Toda esa acción milagrosa del Espíritu Santo en ella tuvo un propósito: prepararla para llevar en su seno al Salvador del mundo. Eso es lo que requiere ser la Madre del Salvador.

Si entre la fe en las promesas, la esperanza en verlas realizadas y el ardiente amor hacia el Salvador hacía a un corazón más capaz de recibir al Señor, imagínense la intensidad de la fe, la esperanza y la caridad que residían en el Corazón de María, que lo hizo capaz de concebir en su seno al Hijo de Dios.

El Adviento de la Virgen María está marcado por las tres grandes virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.


LA FE DE LA VIRGEN MARÍA

La Fe es la virtud por la que creemos firmemente en las verdades que Dios ha revelado. “La fe es la garantía de los bienes que se esperan, la certeza de las realidades que no se ven” (Hebreos 11:1).

La fe es una virtud infusa, o sea, dada por Dios directamente en el alma. Pero hay que alimentarla y hacerla madurar a través de nuestros actos de obediencia y confianza. Creer nunca ha sido fácil, ya que siempre implica una renuncia a las medidas propias para aceptar la medida de Dios, que es infinitamente superior a las nuestras.

La Virgen Santísima tuvo una fe ejemplar. No ha existido criatura alguna que se pueda comparar a la fe de Nuestra Madre, ya que su vida requirió de su corazón una fe heroica capaz de poder responder en plenitud al misterio al cual se le llamó y en el cual siempre viviría.
Según el Evangelista San Lucas, la Virgen María se mueve exclusivamente en el ámbito de la fe.


LA FE DE MARÍA EN LA ANUNCIACIÓN

Desde el saludo: “Ave, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lucas 1:28), requiere fe, pues el ángel le presentaba toda una identidad de la que ella no estaba consciente. Es por eso que leemos que María se turbó ante aquellas palabras. La razón es porque el ángel la invita a darse cuenta de lo privilegiada que había sido por Dios y de lo sublime que era la elección de Dios hacia ella. Solo la fe le permite aceptarse por lo que el ángel le dice que es en el plan de Dios: la llena de gracia. La fe de María la lleva a aceptar con humildad el misterio de su propio ser, ya que ella es situada en un lugar singular para una criatura humana.

Fe para creer que su Hijo sería llamado hijo del Altísimo. El Dios hecho hombre, la Palabra encarnada.

La pregunta de María: “¿y cómo será esto pues no conozco varón?”, no es una duda o falta de fe, sino como muchos padres de la Iglesia concuerdan en decir, María aparentemente había hecho un voto de virginidad y aunque estaba desposada con José de hecho no intentaba romper su voto. Y es por eso la pregunta, pues ella debía oír de Dios cómo se daría esta concepción siendo ella virgen, ya que humanamente su maternidad era imposible. Pero es precisamente este camino de la imposibilidad el que Dios elige para demostrar que en realidad para Dios todo es posible.

La fe se convierte para María en la única medida para abrazar no solo su propio misterio, sino el de su mismo hijo: un puro don que Dios le ha dado no para su gozo o su exaltación, sino para el bien de todos.

Las palabras con que la Virgen María da su asentimiento: “Hágase en mí según Su Palabra", nos revelan la consciente aceptación de su función ante el desafío de una realidad y de un conjunto de acontecimientos que están más allá de la medida de la inteligencia y de los pensamientos humanos. Y esta respuesta solo la pudo dar un corazón lleno de fe.

“He aquí la esclava del Señor”. Esta es una profunda confesión de humildad y obediencia, pero sobre todo de confianza total en la palabra de Dios que, precisamente porque no encontrar el más mínimo obstáculo o una sombra de vacilación en el corazón de María, se convertirá de manera absoluta en palabra creadora (“La Palabra se hizo carne”). Ella creía tanto en la Palabra de Dios, que se hizo carne en su seno virginal. “Si tuvieran fe como grano de mostaza”, nos dijo el Señor (Mateo 17:20), “dirían a las montañas muévete y se moverían”. Qué clase de fe la de María Santísima que alcanzó ese inexplicable milagro: una concepción virginal....

San Agustín: “Ella concibió primero en su corazón (por la fe) y después en su vientre”.

María escucha plenamente, acoge y medita dentro de su corazón para dar fruto. Esta palabra, que requiere fe, disponibilidad, humildad, prontitud, es aceptada tal como se deben acoger las cosas de Dios. En María debemos reconocer las palabras de Jesús: “Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” (Lucas 11:27-28) Por lo tanto, la maternidad de María no es solo ni principalmente un proceso biológico. Es ante todo el fruto de la adhesión amorosa y atenta a la palabra de Dios.

Cuando María dijo: "Hágase en mí según Su Palabra", dio su consentimiento no solo a recibir al Niño, sino un sí a todo lo que conllevaba el ser la Madre del Salvador. Este consentimiento de María pone de relieve la calidad excepcional de su acto de fe. Fe es, ante todo, conversión, o sea, entrar en el horizonte de Dios, en la mente de Dios, en los pensamientos de Dios y de sus obras.

En el cántico del Magníficat, Isabel dice a la Virgen María: “Bienaventurada por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (Lucas 2:45), e inmediatamente después María responde a ese reconocimiento de su fe con el cántico del Magníficat, que considero es un canto de fe profunda, que fluye de un corazón auténticamente humilde. Pues la fe solo nace en un corazón humilde y sencillo.

“Miró con bondad la humillación de su sierva”. Solo reconociéndose nada es que puede apreciar y a la vez necesitar fe para creer en las maravillas que Dios había hecho y haría con ella.

“En adelante me felicitarán todas las generaciones”. Fe de que la vida plena en Dios da frutos abundantes.
“El poderoso ha hecho grandes cosas en mí”. Fe de que Dios interviene en la vida de sus hijos.


“Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen”. Y empieza a describir lo que por fe sabe que Dios hará con su pueblo.


A María en Belén





LAS APARICIONES, LA IGLESIA Y LA FE

Tan sólo apunto algunos aspectos de la doctrina de la Iglesia que pueden ayudarnos a situarnos cristianamente ante el fenómeno de las apariciones:

 Todo lo que los hombres necesitamos saber en orden a Dios y a la salvación, nos ha sido comunicado definitiva y plenamente por Cristo. Dios no hace las cosas a medias. Jesucristo es nuestro único y definitivo salvador (Concilio Vaticano II, Constitución "Dei Verbum", n. 4).

 Esta comunicación o revelación de Dios está contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición Apostólica (Dei Verbum, nn. 7-9).

 Esta revelación está ya completa. No esperemos nuevas recetas de salvación, ni fórmulas inéditas de santificación. Sólo puede crecer la compresión de los contenidos de esa revelación.

El Magisterio de la Iglesia no puede aumentar esa revelación, ni reconocer una nueva revelación que exija la fe de los fieles como la exigen la Escritura y la Tradición Apostólica.

 El Magisterio de la Iglesia, y sólo él, tiene el oficio de interpretar auténticamente la Palabra de Dios, oral o escrita, la revelación en ella contenida (Dei Verbum, N. 10). 

 Indudablemente que a Dios no le podemos poner límites. Dios puede revelarse, comunicarse a alguna o algunas personas por medio de María. Esa revelación siempre será privada, porque la revelación divina destinada a todos los hombres acabó con los apóstoles, con lo que ellos transmitieron (Dei Verbum, n. 8).

 Cuando la Iglesia interviene reconociendo una "aparición", no impone, ni puede imponer la obligación de fe divina, la obligación de creer en el mensaje de esa aparición como mensaje divino, ni siquiera en el hecho de la aparición como hecho divino.

 Esa aprobación de la Iglesia (que da rarísima vez) significa única y exclusivamente, que ese hecho no contiene nada en contra de la fe, ni de la moral de la Iglesia Católica.

 Un cristiano conserva íntegra y salva su fe católica cuando, actuando en conciencia, no cree, no presta asentimiento a esa apariciones, revelaciones y mensajes.

 Si todas las apariciones resultasen falsas, la fe católica no sufriría menoscabo alguno. El depósito de la fe, la fe de la Iglesia, no dependen de las "apariciones" y revelaciones consiguientes. Y nuestra fe personal y comunitaria tampoco deben depender de ellas.






María, nuestra Madre, fue siempre una mujer humilde.

María demostró su humildad estando siempre dispuesta a servir a los otros, como a su prima Isabel, a la que no le importó ayudarle durante tres meses, cuando ya sabía que Ella sería la Madre de Dios.

María como mujer humilde nunca buscó destacar ni ser ensalzada, nunca se lee en el Evangelio que María se presentase en público cuando Jesús era recibido en triunfo, como cuando entró en Jerusalén con tantos honores entre palmas y vítores, pero sin embargo sí lo acompañó en los momentos más difíciles y no le importó estar presente en el Calvario a la vista de todos, sin importarle la deshonra, ante todo el pueblo, de darse a conocer como la madre de un condenado que moría como un criminal

María, nuestra Buena Madre, fue siempre una mujer servicial.
Desde el primer momento estuvo dispuesta a servir a Dios y a aceptar lo que tenía preparado para ella.

Siempre estuvo atenta a las necesidades de su hijo, Jesús, y de sus amigos, los apóstoles, y de todos aquellos que la rodeaban, como nos cuenta el Evangelio en el pasaje de las bodas de Caná, donde preocupada por los novios convenció a Jesús para que les ayudara a resolver el problema que se les presentaba.

María, nuestra Buena Madre, fue siempre una mujer fuerte. Pero su fortaleza no fue una fortaleza física, sino de espíritu.

Durante toda su vida fue capaz de afrontar con fortaleza las dificultades y momentos duros que se le presentaron. Superó todos los momentos duros que se le presentaron, dio a luz a Jesús en establo, después no dudó en afrontar un duro viaje y huir a Egipto para proteger a su hijo recién nacido.

Pero sobre todo fue capaz de estar siempre junto a Jesús incluso cuando lo abandonaron sus amigos, los discípulos, y tuvo que ver como lo maltrataron y lo crucificaron.








María: Discípula y misionera fiel y audaz

Olga Consuelo Vélez es una teóloga, colombiana,

La figura de María siempre ha sido considerada una presencia invaluable para la vida de fe personal y para la comunidad cristiana. Ella, como Madre de Jesús y Madre nuestra, tiene mucho que enseñarnos. Por una parte, su vida histórica –aunque es poco lo que podemos decir con certeza- ilumina nuestra vida y nos abre horizontes que tal vez nunca habíamos imaginado. Por otra, su reconocimiento como Madre del Hijo de Dios nos permite sentirnos también sus hijos y contar con su amor maternal e incondicional.

Siguiendo los pocos datos que podemos rescatar de los evangelios, es posible afirmar que ella fue una mujer sencilla, pobre, inserta en su cultura, destinada a cumplir los designios trazados en su tiempo, para la mujer. Así nos lo describe el evangelista Lucas: “Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María” (1, 26-27). Nada de extraordinario nos revelan estos datos sino que, por el contrario, muestran el destino de todas las mujeres en ese tiempo: Muy jóvenes eran destinadas a casarse y a cumplir de esa forma, su papel en aquella sociedad.

Pero los caminos de Dios, sorprendentes como siempre, tenían otro destino para ella. El Señor quiere que sea la Madre del Salvador, cambiando definitivamente el curso de su historia. Más sorprendente, sin embargo, es la respuesta que María da ante esa propuesta: ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón? (Lc 1, 34). Es decir, parece que María rompe los moldes de las mujeres judías de aquel momento y se atreve a buscar razones, a preguntar modos, a ser sujeto activo del plan de salvación. Solo después de esa implicación personal responde con una generosidad excepcional: “he aquí la esclava del Señor; Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38).

No es el único momento en que María es presentada por los evangelistas como sujeto activo del plan de salvación. Lucas continúa el relato sobre María, poniéndola en camino para visitar a su prima Isabel la cual reconoce el momento salvífico que está aconteciendo en María y la alaba por su fe: “Feliz tú porque has creído que se cumplirían las cosas que te fueron dichas de parte del Señor” (Lc 1, 45). María, por su parte, responde con las palabras del Magnificat (Lc 2, 46-56), –palabras de una hondura profética inigualable-: En un primer momento, reconociendo la bondad de Dios al haberse revelado a ella y con la consciencia de que no es mérito suyo: “Proclama mi alma al Señor (…) porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava (…) porque ha hecho en mi favor maravillas el Todopoderoso” y, en un segundo momento, explicitando la promesa divina hecha a Abraham y a su linaje, como un cambio de situaciones donde por la misericordia con Israel, el Señor “dispersa los soberbios de corazón, derriba a los potentados de sus tronos y exalta a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. La promesa de Yahvéh se cumplirá en Israel y con Jesús esta promesa se hará carne, historia, presencia.

Las bodas de Caná, relatadas por el evangelista Juan (2,1-12), muestran a María como discípula activa en el seguimiento de su Hijo. No solamente adelanta “su hora” –cuando María le pide a Jesús que haga algo para solucionar el problema de la falta de vino en la boda y Jesús le responde: “todavía no ha llegado mi hora”-, sino que nos brinda la recomendación más propia para un discipulado auténtico: “hagan lo que Él les diga”. De aquí nace la conciencia eclesial de una María que siempre nos lleva a Jesús, que nos enseña a escucharle y nos exhorta a seguir sus palabras. En esta misma dinámica del discipulado, aquellas palabras que parecen tan duras para una Madre –recordemos el texto donde María y los hermanos quieren hablar con Jesús y Él responde: “¿Quién es mi Madre y mis hermanos? Todo aquel que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ese es mi hermano, mi hermana y mi Madre” (Mt 12, 46-50)-, nos muestran a una María discípula, capaz de entender la dinámica del reino, asumiendo el seguimiento de Jesús en las nuevas relaciones familiares que éste implica.

El culmen de este seguimiento se manifiesta en la cruz donde quienes permanecen en pie son “María, su hermana, la mujer de Clopás y María magdalena” (Jn 19, 25). Es entonces cuando Jesús señala el modo de relación entre María y todos los cristianos: ella es nuestra verdadera Madre y nosotros somos sus hijos: “Mujer ahí tienes a tu hijo (…) hijo ahí tienes a tu Madre (Jn 19, 26-27). La familia del reino está compuesta por los seguidores de Jesús de los cuales la primera y más auténtica discípula, es su propia Madre. Finalmente, María está reunida con los discípulos y otras mujeres perseverando en la oración (Hc 1, 14) y es de suponer que estaba presente el día de Pentecostés (Hc 2, 1-12) donde el espíritu confirma a la iglesia naciente y la lanza a la misión de anunciar el acontecimiento pascual hasta los confines de la tierra.

La iglesia, por tanto, no se entiende sin esta presencia mariana que le imprime unas características especiales y la mantiene en el camino del discipulado misionero, que ha de ser señal distintiva de su actuar en el mundo. La comunidad eclesial expresa esta presencia mariana constitutiva de su ser, en la multitud de santuarios y advocaciones que recorren nuestro suelo latinoamericano. Pero también, ha de incorporar más, una devoción mariana que nos convoque al testimonio del evangelio del reino y a una apuesta misionera más arriesgada y audaz, adelantando la “hora del hijo” al buscar nuevas y creativas respuestas para los desafíos actuales. Así responderemos mejor a esta Iglesia en “salida” de la que habla el Papa Francisco (Evangelii Gaudium 20-24), en la que la figura de María es promotora y garante de su realización. Es tiempo propicio, entonces, de renovar nuestra experiencia mariana, acogiéndola como madre nuestra y madre de la Iglesia, para hoy secundar sus pasos, seguir sus insinuaciones, mantener, como ella, su ser discípula y misionera fiel y audaz.



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Soy Millennial y mi modelo a seguir no es cualquier mujer, es María

Vanessa Urdaneta (periodista venezolana)

 Alegre y bondadosa, valiente y decidida, con una estabilidad emocional increíble. Creativa, soñadora, llena de fe y confianza, la más humilde y sencilla de todas. Obediente, emprendedora y por sobre todas las cosas, con el amor más grande del planeta, hecho verbo dentro de su vientre.

 ¿Saben ya de quién les hablo? Su nombre es María y es mi ejemplo a seguir. La mujer que más admiro desde que tengo uso de razón, con la que he llorado mientras leo algún libro referente a Ella y la que me ha enseñado a salir adelante pese a cualquier dificultad.

 ¿Por qué es ejemplo para la mujer del siglo XXI?

Sé que podrían pensar que las generaciones tienen características diferentes, que los millennials no son iguales a la generación X y que distan de ser parecidos a los baby boomers. Pero el ejemplo de María sigue aún vigente como modelo de vida para la mujer del Siglo XXI

Dentro de las actividades diarias en nuestros trabajos, hogares y oficinas hacen falta muchas Marías, que se atrevan a decir «sí» sin preguntar. Con valentía y alegría, enfrentando cada reto que se presente, confiando en Dios padre y los maravillosos dones que ha dispuesto para cada una de nosotras.

Esa mujer que ante las adversidades se mantuvo serena, pensando antes de actuar, hablando solo lo necesario, con palabras asertivas (Todas las palabras que usó María fueron Keywords en su momento) y «meditando cada palabra en su corazón». (Lc 2, 19).

El feminismo de la época actual se encuentra confundido con el ideal de querer hacer todo lo que hace un hombre para que la mujer pueda ser tomada en cuenta. Pero lo que muchas desconocen es que las habilidades propias de la mujer son suficientes para posicionarse de manera exitosa, y María es un gran ejemplo con estas características:

1. María cuidaba de los detalles


En las Bodas de Caná fue ella la primera en darse cuenta que faltaba vino y aunque parezca algo sencillo, fue lo que impulsó aquel primer milagro.

Nos enseña que como mujeres estamos para atender los detalles que hacen la diferencia y logran grandes resultados. Aquellos que si estamos trabajando como hombres difícilmente seríamos capaces de notar.

2. María demostró su valentía al emprender un largo viaje sola

Viajó para ir a visitar a su prima Isabel. Para cuidar de ella ya que se encontraba en la recta final de su milagroso embarazo. ¿Cuántas de nosotras hoy en día somos capaces de hacer actos tan nobles y valientes?

Hace falta que en los trabajos exista una o más Marías, que demuestren cercanía con las personas que las rodean, nobleza, valentía y espíritu de servicio para cada obra que se encuentre sin sentimiento.

Si aterrizamos este ejemplo a nuestros tiempo podríamos fijarnos en el estudio «The future of Jobs», realizado por World económic Forum, en donde se menciona que dos de las habilidades necesarias para la época actual son las relaciones personales y la capacidad de crear engagement con los usuarios y potenciales clientes. ¿Qué pasaría si imitáramos más a María en nuestros lugares de trabajo

3. Ante cualquier dificultad María se mostró serena

Y no solo serena, sino curiosa. No se detuvo y el miedo no paralizó sus actos, ejemplo de ello fue la muerte de su Hijo y el dolor tan grande que sentía su corazón. A pesar de eso, no se recuerda a María gritando o reclamando a los responsables de la muerte de Jesús.

Siempre con una pregunta justa antes de actuar. Como en el momento en que su hijo, con solo 12 años, se extravió, y al encontrarlo, solo le preguntó: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo hemos estado muy angustiados mientras te buscábamos». (Lc 2,48)

Antes de actuar es importante pensar y al hacerlo se debe hacer con una actitud serena y equilibrada. Siempre buscando que nuestros actos no dañen a nadie y que edifiquemos con nuestro ejemplo.

Hablar de María es contarles todo lo que Dios quiere de la humanidad, siempre he tenido la pregunta ¿Por qué a ella? Y deseo de todo corazón invitarla un día a tomar café; estoy segura de que llevará algo para compartir y me dará ese abrazo que por tantos años he esperado, mientras le digo lo mucho que la amo. Y sí, María es mi modelo a seguir, ¿y el tuyo?





HACER SITIO A DIOS


A todos nos nacieron, a todos nos hicieron espacio, a todos nos dieron la vida. No la pedimos, no nos la ganamos, no nos la merecimos. Nos la dieron gratuitamente. El proceso de gestación −si alguien ha estado cerca de una mujer durante el embarazo, lo sabe bien– es sorprendente y molesto al mismo tiempo. Sobre todo, en las últimas semanas previas al parto. Hacer sitio a una nueva vida es una experiencia ilusionante y esperanzadora, pero supone también un esfuerzo incómodo y doloroso.

La metáfora del embarazo nos ayuda a comprender el modo en que Dios se relaciona personalmente con cada una de sus criaturas y, en un sentido más amplio, a imaginar la creación del mundo. La metáfora resulta útil también para imaginar nuestra misión como cristianos y el modo como estamos invitados a vivir. En ambos casos, la figura de María –de quien afirmamos, nada menos, que es la Madre de Dios– resulta de gran ayuda.

Empecemos por el libro del Génesis. Cuando nos paramos un momento y pensamos en el conocido relato de la creación tendemos a imaginar a Dios creando de la nada –ex nihilo–, rellenando un escenario vacío. Tras la aparición de los astros, el agua, la tierra, los animales y las plantas, Dios coloca al hombre y a la mujer en el centro, completando así un proceso que dura simbólicamente siete días. Misión cumplida. Tarea finalizada. Creación completada.

Sin embargo, algunos creyentes han imaginado también a Dios apartándose o echándose a un lado a la hora de crear, dejando un hueco –valga la expresión– en su propio interior, posibilitando así la aparición del universo. El mundo, visto de este modo, no es solo la realidad material, externa, creada activamente por Dios, que percibimos a nuestro alrededor; es también el espacio interno que Dios habría dejado al echarse a un lado, permitiendo que existiese, continuando su labor creadora.

Dicho con otras palabras, la creación está en Dios, pero no es Dios mismo, sino un espacio de libertad entregado como regalo al ser humano. Dios crea activamente, interviniendo en el mundo, pero también se retira pasivamente, dejando espacio a la creatividad humana.


Este modo complementario de entender el relato del Génesis puede parecernos una pura especulación teológica que no conduce a ninguna parte (al fin y al cabo, ¿quien puede comprobar cualquiera de estas afirmaciones?), pero quizá puede ayudarnos a comprender cómo Dios al crearnos personalmente –igual que al gestarnos nuestra madre– nos hizo sitio, para que pudiésemos existir y participar del proceso creativo, continuándolo con nuestras vidas. La sicología evolutiva hoy en día dice algo similar respecto al desarrollo humano. Los padres engendran biológicamente a un hijo. Sin embargo, el espacio –físico, en un primero momento– hay que seguir haciéndolo en otros ámbitos –sicológico, educativo, económico–, si queremos que crezca como persona autónoma, madura y libre.


Los padres sensatos reconocen que sus hijos no les pertenecen del todo, se los dejaron en préstamo durante unos años para que luego tomaran las riendas de sus propias vidas.

Su función consiste en dejarles, progresivamente, más y más espacio. La historia de salvación –la narración de la relación de Dios con su pueblo y de Jesús con la Iglesia– puede entenderse también desde esta clave evolutiva, como un lento proceso pedagógico de crecimiento, aprendizaje y maduración.

Estos modos complementarios de entender la creación del mundo, el desarrollo humano y la historia de salvación –como actividad creadora y como pasividad facilitadora– clarifican también algo central para la comunidad cristiana: la misión de la Iglesia.

Cristo hace y deja hacer, transforma y posibilita, libera y permite usar esa libertad. De ahí que la Iglesia, si quiere parecerse a Jesús, está llamada a imitar este particular modo de ser y de hacer.

Dicho de forma negativa, difícilmente comunicaremos la presencia de Dios si –además de hablar de Él y dar testimonio con nuestra propia vida– no le hacemos sitio primero en nuestra propia vida, si no nos echamos a un lado para que Dios, simplemente, sea.

En este punto merece la pena volver a la figura de María, porque la Madre de Dios integra ambas actitudes de modo ejemplar. Además de dejar espacio físicamente a Jesús, la joven de Nazaret hizo también espacio a Dios espiritualmente. De este modo, se convirtió en modelo de creyente al escuchar, acoger e imitar la acción libre y creadora de Dios. Su respuesta activa y agradecida brota, precisamente, de su capacidad de escucha y contemplación.
Algunos teólogos han afirmado que la tarea de la teología consiste en hablar bien de Dios. De forma similar, la misión principal de la Iglesia y de cualquier cristiano no consistiría en otra cosa que en dejar a Dios ser Dios, en hacerle sitio en nuestra vida para que, simplemente, sea. María representa un modelo único y una fuente permanente de inspiración para llevar adelante esta misión.

En el mes de mayo, el mes de la Virgen, nos puede ayudar pensar en ella como la mujer que dejó a Dios ser Dios. Nos puede ayudar rezarle y pedirle que interceda por nosotros, para que seamos oyentes de la palabra, hombres y mujeres capaces de escuchar y hacer sitio a Dios.

Ojalá podamos decir, con María y como María, «Hágase en mí según tu palabra».
Jaime Tayay, s.j

La Asunción de María

“Asunción” no significa lo mismo que “Ascensión”
Según la tradición y teología de la Iglesia Católica, la Asunción es la celebración de cuando el cuerpo y alma de la Virgen María fueron glorificados y llevados al Cielo al término de su vida terrena. No debe ser confundido con la Ascensión, la cual se refiere a Jesucristo.
Se dice que la resurrección de los cuerpos se dará al final de los tiempos, pero en el caso de la Virgen María este hecho fue anticipado por un singular privilegio.
Este dogma también es celebrado por la Iglesia ortodoxa.
El dogma se proclamó hace 70 años por Pío XII.

La Asunción de María es anticipación de nuestra propia resurrección
Esta fiesta tiene un doble objetivo: La feliz partida de María de esta vida y la Asunción de su cuerpo al cielo. La respuesta a por qué es importante para los católicos, la encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica, que dice en el numeral 966: “La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos”.

La importancia que tiene para todos nosotros la Asunción de la Virgen se da en la relación que ésta tiene entre la Resurrección de Jesucristo y nuestra resurrección. El que María se halle en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es la anticipación de nuestra propia resurrección, dado que ella es un ser humano como nosotros.

La Virgen no experimentó corrupción en el cuerpo al final de su vida terrena

La Escritura no da detalles sobre los últimos años de María sobre la tierra desde Pentecostés hasta la Asunción, solo sabemos que la Virgen fue confiada por Jesús a San Juan. Al declarar el dogma de la Asunción de María, Pío XII no quiso dirimir si la Virgen murió y resucitó enseguida, o si marchó directamente al cielo. Muchos teólogos piensan que la Virgen murió para asemejarse más a Jesús, pero otros sostienen que ocurrió el “Tránsito de María” o Dormición, que se celebra en Oriente desde los primeros siglos.

En lo que ambas posiciones coinciden es que la Virgen María, por un privilegio especial de Dios, no experimentó la corrupción del su cuerpo y fue asunta al cielo, donde reina viva y gloriosa, junto a Jesús.
La Asunción de la Bienaventurada Virgen María: 15 de agosto | Prado Nuevo -  Apariciones de la Virgen en El Escorial

MARIOLOGÍA

La mariología es la parte de la teología cristiana que se dedica a la Virgen María. Además del estudio de su vida, tal como se refleja en los Evangelios, realiza interpretaciones acerca de distintos dogmas y doctrinas marianos: su naturaleza (Inmaculada Concepción de la VirgenAsunción de la VirgenCoronación de la Virgen etc.), su papel en la salvación (mediación -Maria Mediatrix- o co-redención -Corredentora-), sus advocaciones (Reina de los CielosMadre de la IglesiaPerpetuo SocorroEsperanzaAuxiliadora etc.), y cómo debe realizarse su veneración o culto (el culto mariano, denominado hiperdulía). Mientras que en el protestantismo el papel de la Virgen es muy reducido,​ en el catolicismo,​ el anglicanismo​ y la iglesia ortodoxa​ se destaca mucho más.


Católica mariología se refiere a la mariología - el estudio sistemático de la persona de María, madre de Jesús , y de su lugar en la economía de la salvación - dentro de la teología católica . María es visto como teniendo una singular dignidad por encima de los santos. La Iglesia Católica enseña que ella fue concebida sin pecado original, por tanto, recibir un mayor nivel de veneración que todos los otros santos. Así, los estudios mariología católica no sólo su vida, sino también la veneración de ella en la vida diaria, la oración, cantos , arte , música y arquitectura en la moderna y la antigua cristiandad a lo largo de los siglos.
Mariología - Educación en la Fe

Los cuatro dogmas de la virginidad perpetua , Madre de Dios , Inmaculada Concepción y Asunción forman la base de la mariología. Sin embargo, una serie de otras doctrinas católicas sobre la Virgen María han sido desarrollados por referencia a la sagrada escritura , el razonamiento teológico y tradición de la Iglesia. El desarrollo de la mariología está en curso y desde los inicios se ha seguido siendo moldeada por los análisis teológicos, escritos de los santos , y los estados papales , por ejemplo, mientras que dos dogmas marianos son antiguos, los otros dos fueron definidos en los siglos 19 y 20; y las enseñanzas papales sobre María han seguido apareciendo en los últimos tiempos.

En paralelo a los puntos de vista tradicionales, desde finales del siglo 19, un número de otros puntos de vista se han presentado como un desafío a la mariología católica. Otros puntos de vista cristianos ver la mariología como no bíblica y una negación de la unicidad de Cristo como Redentor y mediador a interpretaciones psicológicas modernas de María como el equivalente de diosas míticas que van de Diana a Guan Yin . Muchas nociones diferentes similares a estas se han abordado en el 1988 Juan Pablo II Carta apostólica Mulieris dignitatem ( "sobre la dignidad y vocación de la mujer", para la ocasión del Año Mariano . Juan Pablo II también define el genio femenino en este escrito como así, haciendo referencia a la vida de la Madre de Dios.



MARIA DE NAZARET:
UNA MUJER INMACULADA

El pueblo cristiano ha llamado y llama a María "La sin pecado" o "La sin mancha".
¿Qué queremos decir los cristianos cuando a María la llamamos "La Inmaculada", "La Purísima"?
¿Qué es lo más grande de María de Nazaret: ser "La Inmaculada" o ser "La Madre de Dios"? ¿Por qué?

1 - LO QUE LA BIBLIA DICE
En la Biblia no encontramos ninguna afirmación explícita y directa sobre la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

2 - LO QUE LA IGLESIA AFIRMA
El Papa Pío IX el año 1854, en la Bula "Inefabilis Deus", solemnemente proclama como dogma de fe la Inmaculada Concepción de María:

"Con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la nuestra, declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente, en atención a todos lo méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, está revelada por Dios".

¿Qué es lo que nos quiere decir el Papa?

1 - El Papa proclama, con todo el peso de su autoridad infalible, la Inmaculada Concepción como dogma de fe que debe ser creído firme y constantemente por todos los fieles.
2 - Se trata de María de Nazaret, la María de los Evangelios.

3 - El Papa afirma positivamente que María no tuvo pecado original.

4 - María desde el primer momento de existencia como persona estuvo libre de pecado. Es decir: que desde siempre María fue toda y radicalmente de Dios.

5 - Ese es un favor que Dios ha hecho gratuitamente a María. Es el único caso en toda la humanidad. Al menos sólo consta que se le ha concedido a ella.

6 - La santidad de María depende de los méritos de Cristo. Pues, Cristo es el único salvador de todos los hombres.

7 - El Papa no afirma más que el hecho de la revelación. Nada dice de cómo ha sido revelada esta doctrina. Ciertamente no por la Biblia que es la revelación escrita. Podemos decir que la fe de la comunidad cristiana se ha ido abriendo camino a través de los siglos.
Corazones en red » Una mujer del pueblo, llamada María

3 - LO QUE LA INMACULADA SIGNIFICA PARA NOSOTROS.
El que María sea "Inmaculada" ¿no la hace totalmente una fuera de serie? Añadiendo nuevos "privilegios" a la corona de María, ¿no la alejamos del pueblo pobre, pecador y creyente?
En nuestros pueblos… María constituyó el gran signo de rostro maternal y misericordioso, de la cercanía del Padre y de Cristo, presencia sacramental de los rasgos maternales de Dios.

Citando palabras de la Encíclica "Marialis Cultus" de Pablo VI, dice de María que es "algo del todo distinto de una mujer remisiva o de espiritualidad alienante".

4 - MARIA, LA INMACULADA: SACRAMENTO DE LA OPCION DE DIOS POR LOS POBRES.
Dios ama y defiende a los pobres (ver en Mt. 5,45: St. 2,5) cualquiera que sea la situación moral o personal en que se encuentren, porque su imagen está en ellos ensombrecida y aun ofendida.

Esa ha sido siempre la conducta de Dios en toda la Historia de la Salvación (lee Dt. 7,7-8; Jer. 22,1-5; Sal 72,3-4.12-14; 1 Cor. 1,26-31; Lc. 4,18; San. 2,5-7, etc. etc.)

 María, la que Dios elige para Madre de su Hijo hecho Hombre y, por ello, la hace "Inmaculada", no es otra que María de Nazaret:  Una mujer del pueblo, un pueblo pobre, dominado y despreciado por los poderosos.  Una mujer campesina, desconocida.

 Casada con José, un muchacho pobre, emigrante o hijo de emigrantes (lee Lc. 2,4-5).

 Que dio a luz a su hijo "y lo acostó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada" (Lc. 2,7).

Una mujer que terminaría siendo la madre del crucificado injustamente "entre bandidos" (Mc. 15,10; Mt. 27,24; Lc. 23,2-5, 13-15; Mc. 17,27).

María de Nazaret, no solamente fue pobre sino que siempre estuvo al lado de los pobre (Lc. 1,39.56; Jn. 2,1-5), y como Dios, con El, claramente rechazó a los soberbios, a los poderosos, a los ricos (¿Quieres comprobarlo? Lee Lc. 1,46-55).

Dios hace esa "gracia", hace Inmaculada, a la mujer que nace, vive pobre y asume la causa de los pobres.

María, todo lo que es María de Nazaret, personifica esta opción de Dios por los pobres, la parcialidad de Dios en favor de los que "no cuentan" en el mundo. Dios siempre, incondicional, apasionada y exclusivamente a favor de los débiles, marginados, oprimidos, empobrecidos, humillados, y nunca comprometido con los poderosos.

Es el Dios que gratuita y generosamente da a quien nada tiene ni merece. Es el Dios que regala su perdón y su amistad.

El pueblo sabe que María es suya, del pueblo; que, como él ha experimentado la escasez, el destierro, la inseguridad, la angustia, la soledad, el sufrimiento, la paciente espera…

El pueblo sabe también que ella es la preferida del buen Dios, la Madre de Cristo, la Inmaculada.

Y por eso, el pueblo acude a ella seguro de encontrar en ella y por ella la ternura, la bondad, las entrañas de misericordia del buen Dios.

María Inmaculada personifica la opción de Dios por los pobres: "El Señor está contigo". El Señor está con María y está con el pobre.


En María Inmaculada ve el pueblo pobre el rostro materno de Dios

Cristianos Gays » María de Nazaret




MARIA DE NAZARET: LA MUJER QUE ES
MADRE DE TODOS LOS HOMBRES,
MADRE DE LOS CRISTIANOS,
MADRE DE LA IGLESIA.

Estanislao de Kostka, nacido en Polonia en el año 1550, se aparta de su familia principesca, de su carrera diplomática y, liberado de los lazos familiares y sociales, camina cientos de kilómetros a través de Europa para ser admitido en la Compañía de Jesús, en Roma, por Francisco de Borja en 25 de octubre de 1567. El 15 de agosto del año siguiente, antes de terminar su primer año de noviciado, muere. San Estanislao de Kostka solía repetir: "LA MADRE DE DIOS ES MI MADRE". ¿Podemos decir nosotros lo mismo? ¿Lo digo yo?

El pueblo latinoamericano y latinoeuropeo dice de la Virgen "mi madre", "nuestra madre" ¿En qué sentido dice eso el pueblo? ¿Cuál es la vivencia que tiene el pueblo de la maternidad? ¿Cómo se relaciona con la madre? ¿Qué relación hay entre el machismo y la madre?

1. UN ACTO DE PIEDAD FILIAL.
Dice el Evangelio de Juan: "Estaban de pie junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Al ver a su madre y a su lado el discípulo a quien él quería, dijo Jesús: Mujer mira a tu hijo. Luego dijo al discípulo: Mira a tu madre. Y desde aquella hora la acogió el discípulo en su casa" Jn. 19,25-27)

María de Nazaret tendría ya unos 50 años. Está junto a la cruz donde agoniza su hijo. Parada, firme, no le importa ya que la maten a ella también. Es la entereza de la madre consciente de la causa por la que Jesús ha luchado, por la que matan a su hijo, y totalmente de acuerdo con él.
Jesús agonizante se preocupa de que alguien cuide de su madre después de su muerte.
"Sin lugar a dudas se percibe en este hecho una expresión de la particular atención del hijo por la madre que dejaba con tan grande dolor". (Juan Pablo II, Encíclica "La Madre del Redentor", 23)

2. LA NUEVA MATERNIDAD DE MARIA
Hay algo más en este hecho que un acto de piedad filial del Hijo hacia la Madre.
El que muere en la cruz es nuestro Redentor, el Salvador de todos los hombres.
En su muerte y resurrección todos hemos sido salvados. Por todos los hombres muere Cristo, para que todos reconozcamos a Dios como Padre bueno y seamos hijos suyos viviendo como hermanos (Mt. 5,43-48; Lc. 6,31-36).

En esa muerte y resurrección en el bautismo, del agua y del Espíritu, nacemos los cristianos: hombre y mujeres "nuevos en Cristo" (Jn. 3,3-7).
Indudablemente es Jesús y sólo Jesús el que nos redime, salva, engendra a esta novedad de vida. Y de nadie tiene necesidad.
María ha estado siempre unida a Jesús. María quiere activamente que ser realice la misión de su hijo: el Reinado de Dios, la salvación. El sólo puede "reunir a los hijos de Dios dispersos" (Jn. 11,52). El designio del Padre es "que todo el que reconoce al Hijo tenga vida definitiva y lo resucite yo en el último día" (Jn. 6,40).
Por eso María está parada junto a la cruz totalmente unida a su Hijo, a su voluntad, a su amor redentor.
María sufre profundamente. ¡Es su Hijo, el único, el amado!, el que agoniza como si fuera un criminal, condenado a muerte por lo jefes religiosos y civiles del pueblo.

La fe, amor y entrega de María es total.
A Abraham., Dios le pidió la muerte de su hijo Isaac. Abraham aceptó la voluntad de Dios, respetó a Dios, y "porque no me has negado a tu hijo, tu único hijo", Isaac no murió sacrificado. (Gn. 22,1-31).
A María, en el camino de su fe, Dios le pide a su Hijo, el único, el amado…, sobre el que descansa toda "bendición" (El Reino, la salvación…). Y no hay ningún carnero que lo sustituya.

El amor del Padre parece ausente. La misión del Hijo termina en el fracaso de su muerte. El silencio de Dios resuena en el corazón de Cristo y de María: "Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?" (Mc. 15,34)
De pié, acompañando a su hijo crucificado, está su Madre María, clamando al Padre con su Hijo.
Entonces oye María las palabras que Cristo le dirige desde la cruz: "Mujer, mira a tu hijo".

Jesús agonizante pone ante los ojos de María a toda la humanidad, representada en Juan, a todos y cada uno de nosotros (también a los soldados que lo clavaron en la cruz y ahora están sorteando su túnica: Jn. 19,23-24; y a los sumos sacerdotes y letrados que se burlan del Hijo asesinado por ellos; Mt. 27,41-43;…) para que en su lugar (¡es el Hijo que muere en la cruz!) nos acepte como hijos suyos.
Entonces "un nuevo amor" madura en María: ¡es la última voluntad de su Hijo, de Dios!
Esta "nueva maternidad" de María, engendrada por la fe, es fruto del "nuevo amor", que maduró en ella definitivamente junto a la cruz, por medio de su participación en el amor redentor del Hijo (Juan Pablo II, Encíclica "La Madre del Redentor", n. 23).


3. LA MADRE DE TODOS
En su casita de Nazaret aceptó María la "palabra de Dios": "Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho" (Lc. 1,38). Y María quedó embarazada de Jesús, el hijo de Dios hecho hombre.
Al pie de la cruz, en las afueras de Jerusalén, acepta María la "palabra de Dios": "Mujer, mira a tu hijo" (Jn. 19,26). Y María queda de nuevo como embarazada por todos los hombres, amados por Dios (1 Jn. 4,9-10), salvados por él (Jn. 3,16-17), llamados a "nacer de nuevo" por esa muerte (y resurrección) de su Hijo Jesús (Jn. 3,3-5).
Al pie de la cruz, María:
 Acepta la voluntad del Padre y entrega a su hijo, Jesús.
 En su lugar acoge como hijos, con el mismo derroche de misericordia y ternura a todos los hombres pecadores que Jesús le presenta. En adelante, todos y cada uno de ellos serán su hijo, lo mismo que Jesús.
LA VIRGEN Y LA IGLESIA (B. ISAAC DE STELLA, S. XII) | Soy cura y ...

4. MARIA, LA MADRE DE LOS CRISTIANOS.
Cuando Jesús desde la Cruz dice: "Mujer, mira a tu hijo", tiene ante El a una persona concreta: el "discípulo a quien él quería" (Jn. 19,26).
Ese discípulo representa, como hemos dicho antes, a todos y a cada uno de los hombres.
Y más particularmente a los discípulos de Jesús, a sus seguidores, a los cristianos.
Es un discípulo sin nombre, porque Jesús, de su parte, los quiere a todos (Jn. 13,1; 15,13-15).
Por eso, todos y cada uno de los cristianos podemos decir con San Estanislao de Kostka: "La Madre de Dios es mi madre".
¿También los "malos" cristianos, los "pecadores"?

No sólo también, sino sobre todo ellos:
El Dios-Padre de Jesús, ¿No es el "que hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos" (Mt. 5.45). ¿No es María la madre de Jesús de Nazaret, el que afirma "no he venido a invitar a justos, sino a pecadores"? (Mt. 9,13).

5. MARIA, LA MADRE DE LA COMUNIDAD CRISTIANA, DE LA IGLESIA.
Este es un título que procede prácticamente del siglo pasado. Desde 1748 hasta 1961 sólo tres papas hablaron de María en ese sentido ( Benedicto XIV, León XII y Juan XXIII)
El Concilio Vaticano II evitó darle este título a pesar de los intentos del Papa Pablo VI porque la incluyese . La negativa a incluirlo era porque María no ha engendrado a la Iglesia, no está por encima de la Iglesia. María está en la Iglesia, es la primera cristiana. ¿En qué sentido podemos decir que María es Madre de la Iglesia?

Esto es lo que nos dice el Papa Juan Pablo II en su Encíclica "La Madre del Redentor" n. 24:
"Las palabras que Jesús pronuncia desde lo alto de la Cruz significan que la maternidad de su madre encuentra una "nueva" continuación en la Iglesia y a través de la Iglesia, simbolizada y representada por Juan"

6. LA HERENCIA QUE JESUS NOS DEJA
"Mira a tu madre" nos dice Jesús desde la cruz. María como Madre es la herencia del hombre, el don que Cristo hace personalmente a todos y a cada uno de los hombres. Y nosotros, los cristianos "lo sabemos".

"Y desde aquella hora la acogió el discípulo en su casa". Juan, en su papel de "hijo":
No solamente dio a María, su Madre, el mero alojamiento material.
Sino que la acogió, la respetó, tuvo en cuenta, la quiso, la cuidó, siguió sus consejos, como madre del "Maestro" amado: la tomó como madre propia.


7. EL TESTAMENTO QUE LA MADRE DEJA A SUS HIJOS
Juan escribió su evangelio unos 50, años o más después de la muerte de Jesús. En él nos transmite las últimas palabras que en los evangelios se conservan como dichas por María. Son, pues, como el testamento que ella, Madre, deja a sus hijos.
Las dice María en las boda de Caná a la que María, Jesús y los discípulos de Jesús fueron invitados. Lee Jn, 2,1-11.

¿Cuáles son esas últimas palabras? "Cualquier cosa que les diga, háganla"
¿A quiénes se dirige María? A los sirvientes y en ellos a todos los hombres sus hijos.
¿Qué quiere decirnos María con estas palabras?

a - Que oigamos a Jesús por encima de cualquier otra voz.
b- Que nos fiemos de El, que le sigamos fielmente. Y por eso:

c - Que no nos contentemos con mirar, caer en la cuenta de las cosas, dejarlas pasar, sino "HAGAN": pongan por obra lo que Dios quiere (lee Mc. 3,35), que no se queden sólo en escuchar la palabra de Dios, ¡hagan lo que El dice! (lee Lc. 11,28).
Siguiendo a Jesús, el Dios de la vida (lee Jn. 10,10), haciendo lo que él dice, el agua se convierte en vino, abundante y nuevo, el mejor, muestra clara de que Dios, bueno y generoso, sólo quiere nuestra felicidad.

"¿No estoy yo aquí soy tu madre?
¿No estás bajo mi sombra?
¿No soy yo tu salud?
¿No estás tú por ventura en mi regazo?
¿Qué más has menester?"

Son las palabras que dice María de Nazaret cuando se aparece en el rostro mestizo de María de Guadalupe, en el cerro de Tepeyac al indio Juan Diego. 








MARIA DE NAZARET: UNA MUJER QUE ES MADRE

Algunos Evangélicos" acusan a los católicos de haber hecho de María una "diosa" porque decimos que ella es la madre de Dios, una "diosa madre".
¿En qué sentido María de Nazaret es Madre de Dios? ¿Por qué siendo como es Madre de Dios, María no es una "diosa"?

 1 - MARIA DE NAZARET: LA MADRE DE JESUS DE NAZARET.

El pueblo seguía entusiasmado a Jesús. El sí que remediaba sus necesidades, les hablaba claro sin engañarlos con falsas promesas, y se enfrentaba a los que "con mala idea, le exigían una señal que viniera del cielo" (Lc. 11,16-26), pues para "esa clase de gente" no era señal del cielo dar de comer a los que no tenían con qué (Mc. 8,1-12).

Una mujer del pueblo, entusiasmada, le dijo gritando: "¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!" (Lc. 11,27). Toda una alabanza para María como madre de Jesús según la carne: la madre que concibe a Jesús en su vientre, le da a luz y le amamanta maternalmente. Jesús es carne y sangre de María. Es "carne" como todo hombre: es el Verbo (que) se hizo carne (cf.Jn.1,14). Es verdadero hombre.

María, como madre, crió y educó a su hijo. Las cualidades humanas y el carácter de Jesús (como de todo hijo…) se formaron y fueron influenciados por el modo de ser, por las virtudes de su madre. Generalmente los rasgos de la madre se reconocen en el hijo. ¿No había algo de lo maternal de María:
   En la sensibilidad de Jesús ante los pobres y necesitados (Mc. 1,41; 6,34; 8,2; Lc. 7,13.36-50,etc.)
   En su humanismo (Jn. 2,1-10; Mc. 2,15-17; Jn.11,5.33.35.38).
   En su corazón acogedor, compasivo, misericordioso, generoso (Jn. 8,2-11; Lc. 13,10-17; Mt. 11,28-30).
   En sus detalles (Mc. 5,43; Lc. 7,15, etc.).
   En su aprecio de la oración (con insistencia Mt. 7,7-11; sin rencor Mc. 11,25; con una fe sin reservas  Mc. 11,23-24; espontánea y limpia Mt. 11,25-26; en el peligro de la tentación Mc. 1,35; 6,46; 14,32-34; dando gracias Jn. 11,41-42; etc. etc.)?

A Dios lo encontramos primero en el regazo de nuestras madres. Su nombre lo empezamos a balbucear oyéndolo de sus labios. Las madres, con su "práctica" de Dios, nos hacen sentir, nos "revelan" quién y cómo es Dios. Ellas interpretan maternalmente al amor de Dios.

Así fue María de Nazaret, la mujer creyente (cf. Lc. 1,45) para su hijo Jesús. Ella fue el instrumento que le manifestó a Jesús, su hijo, sobre todo en sus primeros años, la verdad de un Dios que salva (Lc. 1,47), poderoso, fuente de todo don (Lc. 1,49), bueno, misericordioso que ama con un amor preferencial a los pobres y humildes (Lc. 1,50-53). Esa era la fe profunda de María, su experiencia personal de Dios, reflejada en su vida diaria y cantada en el Magnificat (Lc. 1, 46-55, ya se leyó en el tema anterior, bastará que recuerden alguna idea del magnificat, por ej. el amor de Dios a los humildes).

Y ese es el Dios que "demostró su amor al mundo, llegando a dar a su hijo único para que todo el que le preste atención, tenga vida definitiva y ninguno perezca. Porque no envío Dios a su Hijo al mundo para que de sentencia contra el mundo, sino para que se salve el mundo por él" (Jn. 3,16-17).

Ese es el Dios que se nos revela "en todo lo que hizo y dijo" (Hch. 1,1) Jesús de Nazaret, hijo de María, Hijo de Dios.
▷ LETANÍAS LAURETANAS de la VIRGEN MARÍA 【 2020 】

 2 - MARIA DE NAZARET: LA MADRE DE DIOS

Los cristianos confesamos a María de Nazaret como "verdadera MADRE DE DIOS". ¿Qué queremos decir con esto?
Dios, en cuanto Dios, no tiene madre. Eso es clarísimo.
La criatura que nace de María, a la que ponen por nombre Jesús (Mt. 1,21.25), a la que llamarán Jesús de Nazaret (Jn. 1,45) es el Hijo del Eterno Padre, y sólo de El, que mediante la encarnación, por obra del Espíritu Santo, ha sido engendrado como hombre, como criatura humana, en María y se ha convertido en su propio y verdadero hijo. María dio la vida, como madre, en el orden de la generación terrena a Dios. Por eso decimos que Jesús de Nazaret es el Verbo encarnado, el Dios hecho hombre.
María, pues, no da la "divinidad" a su hijo.

Por expresarlo de algún modo: nuestras madres no nos dan a nosotros sus hijos nuestra alma, nuestro espíritu, nuestra personalidad. Sin embargo, son nuestras madres, no solamente de nuestra carne, sino de toda la persona que engendra. María no le dio a Jesús su hijo la divinidad, pero bien podemos decir que es madre, no solamente de su carne, sino de la persona que engendra, que en este caso singular es la persona única de Dios hecho hombre. Por eso María, la madre de Jesús, es madre de Dios.
Creo en este vínculo tan Auténtico.... - Gustavo Daguerre ...

"María, la madre de Jesús" (Mt. 1,18.25;2,11.14.20,etc.) es la frase bíblica que resume toda la grandeza de María, todos los dones que Dios gratuita y generosamente le ha otorgado. Todas las definiciones de fe que se refieren a María no hacen más que precisar o desplegar la riqueza incluida en esta maternidad completa. Así lo ha querido Dios: De hecho María, sólo siendo la Madre de Jesús de Nazaret, es la Madre de Dios.

Y así también lo ha querido Dios: que María, la "llena de gracia" (Lc. 1,28), la "bendita entre las mujeres" (Lc. 1,42), la MADRE DE DIOS, sea la mujer del pueblo, pobre, humillada, creyente, solidaria, la esposa de José (Mt. 1,16.19.20; Lc. 2,4-5).

 3 - MARIA DE NAZARET: LA MADRE VIRGEN

El pueblo suele decir "Si Dios quiere y la Virgen".
¿Qué quiere decir el pueblo con esa expresión? ¿Por qué dice "Y la Virgen", a la par de Dios?
Lee Mateo 1,18-25. ¿Qué afirma este evangelio sobre la maternidad de María?
En el Credo afirmamos los cristianos que Jesús "nació de Santa María Virgen".
Una mujer, María, está en el origen de la vida de Jesús, el "Emanuel", el "Dios con nosotros".
Y Dios ha querido hacerse hombre y nacer terrenalmente de esta manera excepcional: por medio de una madre-virgen. ¿Por qué?

Lo primero que hay que afirmar es que este hecho único no se da porque la sexualidad, el sexo, el matrimonio consumado sean cosas feas, malas, ni siquiera de por sí imperfectas.

El matrimonio es un bien de la creación, querido, preparado, planificado y dispuesto por Dios. La unión sexual y total de los esposos es el medio normal y necesario que Dios ha dispuesto en la naturaleza y en la gracia para que hombres y mujeres cooperen activa y responsablemente en la obra creadora de Dios (Gn. 1,27-28; 2,23-24; 5,1-2).

¿Por qué quiso Dios nacer humano de este modo tan excepcional: de una madre virgen? No lo sabemos. Dios no nos lo ha dicho.

¿Será porque así queda bien claro que Jesús no tiene otro padre que Dios-Padre? Tal vez

Lo cierto es que "para Dios no hay nada imposible" (LC. 1,37). El creador del mundo ¿no tendrá el poder de hacer fecunda a una muchacha por la fuerza de su espíritu?:
" El Espíritu Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso al que va a nacer lo llamarán "consagrado", Hijo de Dios" (Lc. 1,35).
"No tengas inconveniente en llevarte contigo a María, tu mujer, porque la criatura que lleva en su seno viene del Espíritu Santo" (Mt. 1,20)

Dios es totalmente libre: actúa a su manera.
Dios es Amor Infinito, se hace hombre en María, sin dejar de ser lo que siempre ha sido, es y será: DIOS.

Ese Dios siempre mayor, misterio de Poder, Libertad y Amor, escogió esa manera concreta de hacerse hombre: Dios se hizo carne en el seno de la Virgen María.

Hoy, a María, Madre y Virgen, la miramos como mujer privilegiada. Y es ciertamente su gloria. Pero en la realidad de la vida, a María, el ser madre virgen le causó problemas:
   Humillaciones (Mt. 1,18-19)
   Puso a prueba su fe (Lc. 1,31.34-38) Y María respondió a la elección y llamada de Dios:
   Con su fe: reconoció a Dios como Dios, se fió totalmente de El, del amor del Padre y del poder del Espíritu: "Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho" (Lc. 1,38)
   Con su amor total y fiel a Dios que la eligió y amó "entre todas las mujeres", e "hizo en ella maravillas".
   El fruto de su fe y de su amor es Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre, nuestro Salvador.

¡BENDITA TU ENTRE LAS MUJERES Y BENDITO EL FRUTO DE TU VIENTRE! (Lc. 1,42)
  Mamá, upa ! Adelantándome un poquito... - Gustavo Daguerre ...
REFLEXIONA Y RESPONDE

1 - Puedes explicar en qué sentido María de Nazaret es:
Madre de Jesús de Nazaret          Madre de Dios         Madre-Virgen

2 - ¿Qué importancia tienen las virtudes, la conducta de la madre para formar, influir en las cualidades humanas y el carácter de los hijos? ¿Por qué?

3 - Responde esa misma pregunta en relación al padre:

4 - ¿Qué consecuencias deduces para ti, para tu familia, de las respuestas dadas a las preguntas 2 y 3?

5 - ¿Qué nos querrá decir Dios con el hecho de haber elegido para Madre suya a "esa" María de Nazaret y no a otra mujer?

6 - El que María sea Madre-Virgen, es sin duda un privilegio, pero también una responsabilidad.
¿En qué consiste esa responsabilidad?

7 - Según eso, ¿qué fecundidad es la que hace que la virginidad sea agradable a Dios? ¿Por qué?




MARIA DE NAZARET: UNA MUJER SOLIDARIA

1 - "ESTA NO ES LA RELIGION QUE NOS HAN ENSEÑADO"

      En el templo parroquial de "Ntra. Señora de Guadalupe", en el barrio "Sierra Maestra", de Maracaibo, no hay ningún lampadario, ninguna alcancía. En ocasiones el párroco, recién estrenado, encontraba velones prendidos en el mero suelo, monedas depositadas encima del altar. Un día decidió hablar del asunto con los grupos parroquiales, y escogió el que podía parecer más tradicional: el de las "Hermanas del Carmen". "Miren ustedes, les dijo, en la parroquia hay gentes que expresan su fe prendiendo velas y velones. Los ponen en el suelo, encima del altar, en cualquier parte… ¿No sería preferible poner un lampadario para evitar que ensucien el suelo, el altar…, y también una alcancía para que depositen en ella las monedas que ofrecen a Dios, a los Santos?"

   Rosalbina, una viejita con más de 74 años de ojitos tumbones, sentenció: "No, padre, esa no es la religión que nos han enseñado". 

 ¿Cuál es, pues, "la religión" de esas señoras del pueblo, casadas, viudas, ya todas ellas mayores de 50 años? Pues estar atentas, averiguar qué personas hay necesitadas, enfermas en el barrio, visitarlas; subir al altar en las misas de los domingos y pedir ayuda para ellas: "aunque nada más sea un paquetico de espaguetis, de harina pan, de arroz, de azúcar; porque aquí estamos nosotros bien, pero en nuestro barrio hay gente que pasa necesidad. Y los cristianos no podemos permitir eso. Porque somos hermanos, tenemos que ayudarnos, compartir. Eso es lo que Dios quiere de nosotros. Así será "de verdad" nuestra misa, nuestra comunión".

   Se lo oí a un sacerdote en Santo Domingo, República Dominicana: "Me llamaron para asistir a una mujer enferma que ya estaba en coma… Cuatro horas de camino a lomos de mula llevándole los óleos. Cuando llegamos y anunciaron: ya ha llegado el cura, alguien exclamó: como que despertó Jacinta.

   Al entrar en el ranchito, el saludo de la enferma fue: "¡Bendito sea Dios, qué bueno es conmigo!" Y allí mismo hizo su confesión pública: "Cuando tenía 15 años me junté con este hombre, Padre. Es que no había ningún Padre por estas montañas. Y en estos 20 años que llevamos juntos, yo nunca he bajado al pueblo: los hijos, no dejar esto solo… usted sabe. Yo nunca he hecho mal a nadie. Somos muy pobres (efectivamente ni siquiera una cama para la enferma había en aquel ranchito), pero ningún necesitado que ha llegado a mi casa se ha ido sin comer lo que tuviéramos, Padre. Eso es todo. Dame el perdón de Dios, Padre. Y así voy tranquila".
  ¿En qué se parecen Rosalbina, Jacinta… a María de Nazaret? ¿Puedes citar otros casos de mujeres solidarias con la necesidad ajena?

       MARIA DE NAZARET: MUJER SOLIDARIA
La alegría de los pobres - Maria de Nazaret - Ciudad Redonda

       María de Nazaret se enteró por el ángel (Lc. 1,26-38) de dos cosas: 1ª que Dios estaba con ella y le pedía que fuese la madre de su Hijo; 2ª que "su pariente Isabel, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y la que decían que era estéril está ya de seis meses: para Dios no hay nada imposible" (Lc. 1,36-37)

   ¿Cuál es la respuesta María?

  A la propuesta de Dios, la libre "obediencia de la fe", su consentimiento: "Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho" (Lucas 1,38).
  A la noticia del embarazo de su pariente, ponerse en camino inmediatamente para ir a ayudarla.
   Mujer solidaria en el ayudar, en el ponerse a servir al necesitado.
   María de Nazaret, ante el privilegio de haber sido elegida para ser la madre de Dios encarnado, del Mesías:
    No se queda extasiada, fuera de sí por la alegría.
  No permanece pasiva, encerrada en su mundo de jovencita embarazada que necesita atención, cuidados, mimos.
     No se lanza a publicar su privilegio y alegría.
   
  María sale de su mundo, de sí misma y viaja " a toda prisa a la montaña, a la provincia de Judea" (Lc. 1,39), lejos, a más de 120 km de Nazaret para ayudar a Isabel. La colaboración de María le vendría muy bien: su pariente es ya entrada en años, estéril hasta ahora, primeriza pues, y en el sexto mes de embarazo, tres circunstancias que hacen que esos últimos meses sean positivamente molestos y angustiosos para Isabel. Todas estas cosas no son secreto para las jovencitas del pueblo como es María. Por eso ella va a ayudar, a servir (Lc. 1,36-40.56)
     No hay divorcio entre la fe y la vida de María.
María: la mujer en el proyecto de salvación-liberación ...
  
     Mujer solidaria que cree en el Dios solidario
   Isabel se contentó mucho con la ayuda eficaz y cariñosa que le llegaba con María. Y "llena de Espíritu Santo, dijo con fuerte voz: ¡bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!"
   Entonces María expresó sus sentimientos en ese canto que llamamos "El Magnificat": Lc.1,46-55. En él, inspirada por el mismo Dios, proclama con fuerza la verdad no ofuscada sobre Dios:

    Lo llama "mi Salvador", que es lo mismo que decir "mi Libertador": "Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador".

    Dice que es "Poderoso". Pero ¿qué tipo de poderoso?

     Lo aclara: "él (el Poderoso) es santo". Es decir que el Poder de Dios es su santidad. ¿Y en qué está esa santidad de Dios? La santidad de Dios es su misericordia siempre fiel: Dios ha sido misericordioso con ella, y su misericordia perdura y llega, día a día a "sus fieles". Pero ¿quienes son sus fieles?… "porque el poderoso ha hecho tanto en mí: él es santo y su misericordia llega a sus fieles generación tras generación". Ahora nos los dirá: Dios es solidario con los pobres y humildes.

   Nos lo dice María en esa definición de "el Dios de la Alianza, cantado por la Virgen de Nazaret" (como dice el Papa Juan Pablo II), inspirada por su Espíritu, y que es la más larga de la Biblia:

    Su brazo interviene con fuerza, desbarata los planes de los soberbios, derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide de vacío" (Lc. 1,51-53).
    Es decir que el Dios de María, el único Dios vivo y verdadero, no está a favor:

    De los soberbios, 
   de los poderosos,
   de los ricos.
    El Dios de María, el Dios Santo y Todopoderoso es solidario y está a favor:

   de los humildes, 
   de los humillados,
   de los pobres.
María: mujer solidaria | rubenavamartin
    Esta es "la fuerza de la verdad sobre Dios, proclamada entonces con tan extraordinaria sencillez y claridad por María". Así lo subraya Juan Pablo II en su carta encíclica "La Madre del Redentor", y añade algo muy serio y transcendental: 
   desde la profundidad de la fe de la Virgen en la anunciación y en la visitación (en el Magnificat), la Iglesia llega a la verdad sobre el Dios de la Alianza". 
   Jesús de Nazaret es, pues, el salvador, el libertador, "el Mesías de los pobres". Por eso "no se puede separar la verdad sobre Dios que salva… de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que cantado en el Magnificat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jesús .

   Mujer solidaria al lado de su hijo que muere en la cruz.
   La solidaridad lleva a Dios a hacerse hombre en Jesús de Nazaret. Jesús es el Dios solidario y, por eso, liberador del mal que pesa sobre la vida del hombre bajo diversas formas y medidas (Lc. 4,19;7,22). Esa solidaridad liberadora del Dios de la vida, lleva a Jesús a la pasión y a la cruz. Sus parientes que querían que Jesús fuese a Jerusalén, para ganar en prestigio, no dieron la cara por él (lee Jn. 7,2-4). Los apóstoles que aspiraban a los primeros puestos (lee Mc. 8,31-33; 9,30-35; 10,35-40) lo dejaron solo (lee Mc. 14,50).

   María que había aceptado plenamente en su corazón y en su vida al Dios solidario y salvador, está junto a la cruz donde agoniza su hijo, preso por causa de la justicia, torturado, condenado (Jn. 19,25-27). Es la Dolorosa ("a tí una espada te traspasará el corazón" Lc.2,35), la madre que da la cara, silenciosa, digna, participando en el amor redentor (liberador)

      REFLEXIONA Y RESPONDE
   
    1 - ¿Puedes señalar los rasgos de la solidaridad de María? 

   2 - ¿Qué hizo María en favor de unos novios pobres, para que no quedasen avergonzados y la fiesta de boda no se estropease? (Lee Jn. 2,1-11).

   3 - Muestra cómo para María el ser del pueblo pobre y vivir sus problemas significó vivir una vida pobre y asumir la causa de los pobres.

    4 - Sin ser solidarios como María, ¿puede darse un "pueblo de Dios" (familia, comunidad, grupo… cristiano) libre fraterno, feliz como lo quiere Dios? ¿ Por qué?

   5 - ¿En qué cosas (en la familia, comunidad, grupo, trabajo…) puedes ser solidario (colaborador, ayudar, servir, compartir…)con los demás en tu vida hoy? ¿Puedes concretar y hacer algo?

   6 - ¿Cuál es "la verdad" que María dice a la Iglesia (según el Papa Juan Pablo II) sobre el Dios de la Alianza? (Lee Lc. 1,46-55)

   7 - Lee Lc. 10,25-37. ¿Quién fue el hombre solidario como María? ¿Por qué? ¿Cómo fue su solidaridad?

   8 - ¿Tiene algo que ver la solidaridad con la salvación eterna? ¿Por qué? Lee ahora Mt. 25,31-46. ¿Qué te parece lo que has respondido? ¿Y tú qué haces?

   9 - ¿A qué extremos llevó la solidaridad a Jesús? ¿Y a María? ¿ Y a tí? 

         PARA SER HOMBRES Y MUJERES SEGÚN
     EL CORAZON DE DIOS HAY QUE SER
             SOLIDARIOS COMO MARIA, COMO JESUS



"María Santísima, nuestra Madre y Reina, es la que, dirigiéndose a su Hijo, dice: "No tiene vino" (Jn. 2,3) y es también la que alaba a Dios Padre, porque "derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada" (Lc. 1,52-53). Su solicitud maternal se interesa por los aspectos personales y sociales de la vida de los hombres en la tierra". (Juan Pablo II, Carta Encíclica "Sollicitudo Rei Socialis", 30/12/87 n. 49)

Corazón misionero de María, celebración familiar en octubre ...

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DÍA 1 DE MAYO, CELEBRACIÓN DE LA SANTA CRUZ, EN LA ERMITA DE LA VIRGEN DE ARBURÚA, IZAL




CELEBRACIÓN VIRTUAL







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MARIA DE NAZARET:

UNA MUJER POBRE, MUJER DEL PUEBLO


1 - QUE DIOS SE HABIA HECHO HOMBRE EN MARIA.

Eso está muy claro para la comunidad: que María es la madre de Jesús de Nazaret, y que este Jesús, y no otro, es el Hijo de Dios que se hizo hombre en María.

Para los primeros cristianos, Dios Padre, por medio del ángel Gabriel, anunció a María, una jovencita en Nazaret, que iba a ser la Madre de su Hijo.

Se presentó Gabriel a María y le dijo:

"Alégrate tú, la Amada y favorecida, el Señor está contigo. Ella se turbó al oír esta palabras, preguntándose qué saludo era aquel. El ángel le dijo: Tranquilízate, María, que Dios te ha concedido su favor. Pues, mira, vas a concebir, darás a luz un hijo y le pondrás de nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo y el Señor Dios le dará el trono de David su antepasado; reinará para siempre en la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin. María le dijo al ángel: ¿Cómo sucederá eso si no vivo con un hombre? El ángel le contestó: El Espíritu Santo bajará sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra: por eso al que va a nacer lo llamarán "Consagrado", Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel: a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y la que decían que era estéril está ya de seis meses; porque para Dios no hay nada imposible. María contestó: Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho. Y el ángel le dejó". (Lc. 1, 28-38)

2. QUE MARIA, LA MADRE DE JESUS, ES MUJER ANTES QUE MADRE.

María, antes que madre, fue mujer. Una mujer que consciente y libremente se arriesgó y asumió sus responsabilidades: Ante Dios: dio su SI a Dios después de cerciorarse bien sobre lo que se le pedía (Lc. 1, 34-38)

Ante la sociedad: arriesgándose a ser criticada (Mt. 1,18).

Ante la historia: respondiendo a Dios con todo su yo humano, femenino, en la misión más importante encomendada por Dios a una persona (Lc. 1,31-33. 38; Jn. 19,25).

María contó con un esposo, José, que la respetó (Mt. 1,18-19), creyó y confió en ella (Mt. 1,24-25), la defendió (Mt. 2,14).

3. QUE MARIA, LA MADRE DE JESUS, ES UNA MUJER POBRE, UNA MUJER DEL PUEBLO.

Dios fue enteramente libre para escoger a la madre de su Hijo. ¿A qué María escoge Dios, de entre tantas mujeres, para Madre de su Hijo hecho hombre? ¿A qué "señora" elige?

A UNA MUJER JUDIA. María pertenece al pueblo judío, un pueblo pequeño, entonces pobre, colonizado y ocupado militarmente por el Imperio Romano (Lc. 2,1-7).

María es de una región, Galilea, despreciada por los de la capital (Jn. 7,52), de un pueblito del que se dice "¿De Nazaret puede salir algo bueno?" (Jn. 3,46)

A UNA MUJER POBRE. Esta es la realidad. Dios no escoge a una princesa, a una persona importante, Lo podía hacer. Pero María ni siquiera es la prometida de un sacerdote judío (y había 7.200 en aquella nación tan pequeña), ni de un doctor (escriba), ni siquiera de un piadoso fariseo. Mucho menos es la mujer de un hacendado, ganadero o comerciante judío. De una mujer pobre nació el Hijo de Dios en la tierra.

A UNA MUJER DEL PUEBLO. La madre de Dios es María de Nazaret, un pueblecito pequeño, más bien caserío. Es una mujer campesina. Como su hijo Jesús "el de Nazaret" (Cf. 1,45-46), nació y vivió pobre en medio de su pueblo.

Da a luz a su hijo en un establo y no tiene otra cuna para él que un pesebre de animales (Lc. 2,7-19).

Cuando su esposo José lo lleva por primera vez al templo, presentan la ofrenda de los pobres (Lc. 2,34; cfr. Lev. 12,8).

María y José no tenían plata para dar estudios a Jesús: "Los dirigentes judíos se preguntaban extrañados ¿cómo sabe éste tanto si no ha estudiado?" (Jn. 7,15) Cuando Jesús vuelve a Nazaret, donde se había criado, como profeta que dice y hace cosas maravillosas, lo desprecian por ser hijo de una pobre mujer de pueblo: "El hijo de María" (Mc. 6,1-6)
Corazones en red » Una mujer del pueblo, llamada María

4. QUE A ESA MARIA Y NO A "OTRA" ESCOGIO DIOS.

Los hijos queremos lo mejor para nuestras madres. Y lo mejor que quiso Dios, lo mejor que quiso Jesucristo para su madre es que ella fuese una mujer pobre, una mujer del pueblo, ¿por qué será? Por supuesto que María era consciente de ser una mujer pobre, del pueblo, y lo aceptó, y lo quiso, y dio gracias por el hecho de que ella, siendo pobre y del pueblo, fuese la favorecida por Dios: "Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque se ha fijado en su humilde esclava" (Lc. 1,46-48-49)

El buen hijo no se avergüenza de su madre. Dios, Jesús, no se avergüenza de María de Nazaret. ¿Y nosotros nos vamos a avergonzar de ella cubriéndola con galas que no van con una mujer del pueblo, con una mujer pobre? Dios la quiso con otras "prendas".

María de Nazaret, la única Virgen María que existe, no es un ídolo extraño, de otro mundo, con afeites, enjoyado, arrancada del pueblo, apartada, y sentada e identificada con los poderosos. Así no la quiso Dios. El único Dios vivo y verdadero, el Dios de Jesús, quiso y buscó a la madre de su hijo donde mejor, según El, podía estar al alcance de todos y ser buscada: en el pueblo pobre y humillado, donde todos, pobres y ricos, podían fácilmente encontrarla. Porque así es Dios.

'YO, EL SEÑOR, QUE SOY EL PRIMERO, YO ESTOY CON LOS ULTIMOS' (Is. 41.4)

5. MARIA DE NAZARET Y LA ESPERANZA DEL PUEBLO

El pueblo, la comunidad que es también popular, formada por gente del pueblo (1 Cor. 1,26-31), sabe que Dios escogió a María, mujer pobre y sencilla, para que naciese su Hijo en la tierra: ella es de los suyos, del pueblo. Y, precisamente por eso, de todos Cuando la Virgen se ha querido mostrar a sus hijos (Guadalupe, Chiquinquirá, Coromoto, Lourdes, Fátima…), no ha acudido a Obispos, a hombres poderosos… Y ella no ha querido tener su casa entre los ricos (Guadalupe…) Esto también lo sabe el pueblo.

Y es por todo esto por lo que la Virgen María da tanta confianza al pobre para expresar sus penas y sus alegrías. Porque sabe que es de los suyos, que es suya, que está con él, siempre a su favor. Todo le puede fallar. Pero ella pobre y el Dios de ella, el de los pobres, no le van a fallar nunca.

El que quiera de veras a María de Nazaret, y al Dios de María y de Jesús, no puede ni debe amargar la vida al pueblo, le tiene que querer bien y solidarizarse con él, como Dios, como Jesús de Nazaret, como María (Lc. 1,51-55; Mt. 25,53-40)

REFLEXIONA Y RESPONDE

1 - ¿Cuáles fueron los criterios de elección que tuvo Dios para escoger a la madre de su Hijo?

2 - ¿Qué relación existe entre el hecho de que María, mujer que se sabe y siente pobre, se vea a sí misma favorecida por Dios, y lo que ella canta en el Magníficat (Lc. 1,48-53)

3 - ¿Qué nos dice a nosotros, a nuestra vida, ese amor preferencial de Dios por María de Nazaret, una mujer pobre, una mujer del pueblo, sencilla y humilde?

4 - ¿Qué "imagen" representará mejor a "esta" María, la única a quien Dios eligió para madre de su Hijo?

5 - ¿Qué nos quiere decir el Papa Juan Pablo II, en su Carta Encíclica "REDEMPTORIS MATER", del 25/3/1987; cuando afirma que "como enseña el Concilio, María sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que de El esperan con confianza la salvación" (Vat. II, "Lumen Gentium, 55, n. 8)



María y la liberación de los pobres | Reflexión y Liberación



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Con los canutos de los rollos de  papel de cocina, papel higiénico y unas lamparitas de 60cts que se pueden adquirir en las tiendas de los chinos, podemos hacer estas maravillosas velas.



    
   






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