NUESTRAS PARROQUIAS

Buscamos unas Parroquias que sean Comunidades generadoras de vida, en ella fuimos engendrados por el Bautismo, y ella acompaña a sus hijos desde que nacen hasta que mueren. Escuela en la que nos formamos y maduramos unos con otros en la fe por la evangelización y la formación, como tarea permanente de conversión personal y comunitaria, entendida como un proceso dinámico que nunca acaba, como experiencia profunda de Dios e interiorización de la vida de Cristo (Gál 2,20; Filp 1,21). Debe ser un lugar de encuentro y vínculo de comunión, casa abierta a todos, hogar de los pobres, plataforma misionera, donde aprendemos y vivimos en libertad, fermento de nueva humanidad. Atenta a los signos de los tiempos y a las necesidades de nuestra gente


Bizitza sortzen duen Parrokia baten bila gabiltza, bertan Bataioaren bidez sortu ginen, eta gure seme-alabei jaiotzetik hil arte laguntzen diena. Katekesi eta ebanjelizazioaren fedean hezten eta heltzen garen ikastetxea da, bihurtze pertsonal eta komunitarioko etengabeko zeregin bezala, inoiz bukatzen ez den prozesu dinamiko bat bezala ulertua, Jainkoaren esperientzia sakona eta Kristoren bizitzaren barnerapen bezala (Gal 2,20; Filp 1,21). Topagune eta elkarte-lotura izan behar du, denontzat irekitako etxea, behartuen etxebizitza, plataforma misiolaria, aske ikasi eta bizitu dezakegunak, gizarte berri baten hartzigarria.


viernes, abril 04, 2025

Rutilio Grande

Nuestro retrato de Rutilio estaría incompleto sin la memoria de las mujeres que han jugado un papel clave en su vida y

trabajo pastoral. Este video presenta un resumen de los testimonios de nueve mujeres amigas, colaboradoras y seguidoras de Rutilio.

 

Presentamos las historias de estas nueve mujeres en los siguientes videos testimoniales, que narran su colaboración con el padre Tilo, la persecución que ellas mismas enfrentaron y su compromiso en el presente. Esperamos que sus voces nos inspiren hoy.



viernes, marzo 28, 2025

La tentación de idealizar el pasado

 


Ni todo tiempo pasado fue mejor, ni todo tiempo presente es peor. La idealización del pasado es una trampa de mal espíritu muy sutil y frecuente en los ambientes eclesiales de hoy. 

El Papa Francisco ya nos alertaba sobre esta tentación en su encíclica Evangelii Gaudium en donde nos recuerda que “la realidad es más importante que la idea; porque la realidad siempre es, en cambio la idea se elabora(…) La idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces”.

Me parece una lectura sesgada sostener que sólo los religiosos del tiempo pasado fueron realmente fieles al Evangelio y que todos los de ahora somos una traición al fundador, una desviación del carisma original y un mal intento de responder a ese mismo Evangelio. Es importante tener en cuenta que, tanto en el pasado como en el presente, Dios ha sido fiel. Porque Dios es el Señor del tiempo y de la eternidad. Tanto en el pasado como en el presente, las luz ha convivido con las tinieblas; la fidelidad, con la infidelidad; el trigo, con la cizaña y el amor, con el desamor. Cuando absolutizamos las cosas, caemos en la idealización que deviene en ideologías estériles e injustas con la historia de la vida religiosa en nuestra Iglesia.

Es una verdad obvia que los religiosos de ahora, aunque como los mismos, no somos los de antes. ¡Somos los de ahora! pues, parafraseando a San Ignacio de Loyola “el amado da al amante de lo que es, tiene, puede y viceversa». Somos los que, al tiempo presente, hemos sido llamados y convocados a encarnar nuestros carismas; lo que no significa que seamos perfectos (como tampoco lo fueron los de antes); ni peores y, menos aún mejores. Somos los que somos. Ojalá que como católicos tengamos la fe necesaria, la fidelidad suficiente y la audacia oportuna para contemplar que Dios es Dios, y que se nos da sobreabundantemente en todo y en todos; pues tanto ayer como hoy, Jesucristo es el mismo, y lo será siempre (Heb 13,8).

Genaro Ávila

jueves, marzo 13, 2025

Javierada

 

El sábado 15 iremos a Javier un grupo del Valle de Salazar y Almiradío de Navascués. 

Como comunidad es siempre mas fácil. 

La peregrinación al lugar de nacimiento de San Francisco Javier, una hermosa celebración y no es simplemente un viaje a través de los paisajes pintorescos, sino también una profunda aventura espiritual que profundizó la fe y la fraternidad de los participantes.



La peregrinación a Javier. La marcha o el recorrido desde el punto de origen hasta el castillo, andando, en coche, en bicicleta, solo o en grupo. 

¿Qué valores permanentes tiene la Javieradas?

Cambian los tiempos, las modas e internet nos comunica con el mundo. Pero hay algo que permanece en todas peregrinaciones: el caminar en oración y en silencio. EL sentirse solo o acompañado con otros. Escuchar la llama de Dios a ser discípulo misionero. El sentido del esfuerzo y del sacrificio. La alegría de convivir y compartir el camino. El gozo de la fe y el sacramento del perdón.

Ser parte de nuestra iglesia con la Eucaristía y nuestro obispo. Soñar que un mundo mejor es posible. Agradecer la Verdad y el sentido de la Vida en Cristo. Ayudar a caminar a otros. Aprender a descubrir la solidaridad y el servicio a los demás… Descubrir el modelo de vida y entrega de San Francisco Javier…



jueves, marzo 06, 2025

Cuaresma, Transformación del corazón

 

A lo largo de la Cuaresma se nos invita con mayor énfasis a la oración. No suele ser verdad que vengamos de un tiempo de desierto oracional o que la Iglesia interprete que como no hemos orado a lo largo del año, lo hagamos en este tiempo litúrgico. Si consideramos que la Cuaresma es un proceso de preparación cristiana para la Pascua de Cristo. Un largo itinerario de cuarenta días, donde ponemos a punto nuestro corazón para lo que nos va a tocar vivir junto al Señor. Una de las prácticas que debemos fomentar es el cuidado delicado de la oración. Entendamos que tenemos la necesidad y el deseo de crecer en relación de intimidad con Jesús, para poder acompañarle todos los días de su vida. No es otra cosa que alentar en nosotros ese espacio sagrado del encuentro.

La oración en cuaresma nos ayuda a aprender tres cosas fundamentales: abrirnos a la confianza, crecer en lucidez y afianzarnos en el amor. Es a través de la intimidad de la oración donde podemos sentir esa abertura al Misterio, la santa y justa cercanía a un Dios que siempre camina con nosotros en la cotidianidad. Es en la debilidad y en la fragilidad del desierto, donde sentimos que podemos generar espacios reparadores de consuelo. Todo este tiempo litúrgico bien podría ser un taller de discernimiento, para el cuál, necesitamos la Luz de Cristo que nos posibilite caminar en la dirección y el sentido de lo divino. Potenciar a lo largo de estos días ese ejercicio de lucidez que nos permite ver por dónde ordenarnos, qué elegir, delante de quién nos situamos… para ser más de Dios. 

Cimentar en nosotros para arraigarnos más en la experiencia del amor misericordioso: el único capaz de acoger y amar nuestras miserias. La profunda experiencia de la oración cuaresmal reside en avivar en nosotros el verdadero encuentro con el Señor; para que sirva, quizás en lo oculto y secreto de nuestro corazón, en ir transformando internamente aquello que somos. Expresar con nuestra vida aquellas palabras de santa Teresa de Jesús decía: «solo Dios basta»; requiere mucho tiempo de soledad habitada, de encuentro hondo y verdadero, con el Dios que nos salva.




domingo, febrero 23, 2025

 FE

La fe es una relación de un individuo, con toda su complejidad, con la transcendencia que, por definición, es Misterio.

Cuando nos proponemos evangelizar o realizar alguna actividad pastoral, nos surge la duda de cómo hacer posible el milagro de la fe. No está en nuestras manos, pero tampoco podemos permanecer inactivos. Es un don, pero hay que aprender a acogerlo.

Trabajar la dimensión emocional puede ser un atajo. Creemos al haber sentido algo, como los discípulos de Emaús cuyo corazón ardía mientras Jesús les explicaba las Escrituras (Lc 24, 32). Sin embargo, la fe no es el fervor experimentado. Este es solo una consecuencia.

A veces se habla del creer sin sentir para sortear el peligro del sentir sin creer. Esto es, centrarnos en la experiencia subjetiva, en la volatibilidad de los sentimientos, y no en el encuentro con la persona de Jesús. Sería fiarse de la propia afectividad y no confiar en Aquel que ha venido a visitarnos.

En tiempos de banalidad es fácil sucumbir frente a la tentación de lo emocional, de lo estridente, de lo espectacular. Entonces, la brisa suave (1Re 19, 12) nos puede pasar desapercibida y no prestamos la atención debida a nuestro convecino de Nazaret (Mc 6, 1-6).

Ahora bien, tampoco podemos caer en el extremo opuesto y renunciar a nuestras emociones pensando que así estamos más avanzados espiritualmente. En ocasiones, la práctica rutinaria de la vida religiosa acaba derivando en una moral estoica. Para esquivar el espejismo del sentimentalismo, podemos caer en la trampa de una sobriedad engañosa que, carente de entusiasmo y bajo la fachada de madurez, disimula el hecho de haber renunciado “al primer amor” (Ap 2, 4).

La fe comporta amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todo el ser (Mc 12, 30). Ningún aspecto de nuestra identidad puede quedar al margen de la experiencia de la fe.