NUESTRAS PARROQUIAS

Buscamos unas Parroquias que sean Comunidades generadoras de vida, en ella fuimos engendrados por el Bautismo, y ella acompaña a sus hijos desde que nacen hasta que mueren. Escuela en la que nos formamos y maduramos unos con otros en la fe por la evangelización y la formación, como tarea permanente de conversión personal y comunitaria, entendida como un proceso dinámico que nunca acaba, como experiencia profunda de Dios e interiorización de la vida de Cristo (Gál 2,20; Filp 1,21). Debe ser un lugar de encuentro y vínculo de comunión, casa abierta a todos, hogar de los pobres, plataforma misionera, donde aprendemos y vivimos en libertad, fermento de nueva humanidad. Atenta a los signos de los tiempos y a las necesidades de nuestra gente


Bizitza sortzen duen Parrokia baten bila gabiltza, bertan Bataioaren bidez sortu ginen, eta gure seme-alabei jaiotzetik hil arte laguntzen diena. Katekesi eta ebanjelizazioaren fedean hezten eta heltzen garen ikastetxea da, bihurtze pertsonal eta komunitarioko etengabeko zeregin bezala, inoiz bukatzen ez den prozesu dinamiko bat bezala ulertua, Jainkoaren esperientzia sakona eta Kristoren bizitzaren barnerapen bezala (Gal 2,20; Filp 1,21). Topagune eta elkarte-lotura izan behar du, denontzat irekitako etxea, behartuen etxebizitza, plataforma misiolaria, aske ikasi eta bizitu dezakegunak, gizarte berri baten hartzigarria.


martes, octubre 23, 2012

consejos cuentos historias reflexiones,


IRENA SENDLER LA MADRE DE LOS NIÑOS DEL HOLOCAUSTO
Irena Sendler (Varsovia, 15 de febrero de 1910 - Varsovia , 12 de mayo de 2008 a los 98 años).


Oscar Schindler era aclamado por el mundo gracias a Steven Spielberg, quien hizo la película que conseguiría siete premios Oscar en 1993, narrando la vida de este industrial alemán que evitó la muerte de 1.000 judios en los campos de concentración,

Años antes un grupito de ricos anticatólicos divulgaban la mentira de que el papa Pío XII había silenciado y con ello favorecido el holocausto nazi, cuando la verdad es que él colaboró en la salvación de muchos miles de judíos, lo que sí ha sido reconocido y agradecido públicamente por grandes personalidades políticas y religiosas judías.

Irena Sendler seguía siendo una heroína desconocida fuera de Polonia y apenas reconocida en su país por algunos historiadores, ya que los años de oscurantismo comunista habían borrado su hazaña de los libros oficiales de historia.
Así es la historia, perdón, así son muchos de los historiadores

Ella nunca contó a nadie nada de su vida. En 1999 su historia empezó a conocerse, curiosamente, gracias a un grupo de alumnos de un instituto de Kansas y a su trabajo de final de curso sobre los héroes del Holocausto. En su investigación consiguieron muy pocas referencias sobre Irena.
Sólo había un dato sorprendente: había salvado la vida, no de 1.000, sino de 2.500 niños.

La gran sorpresa llegó cuando tras buscar el lugar de la tumba de Irena, descubrieron que no existía dicha tumba, porque ella aún vivía, y de hecho vivió 9 años más.

Sus últimos años residió en un asilo de Varsovia, en una habitación donde nunca faltaban ramos de flores y tarjetas de agradecimiento procedentes del mundo entero.

Cuando Alemania invadió el país en 1939, Irena era enfermera, católica convencida.
En 1942 los nazis crearon un ghetto en Varsovia. Irena, horrorizada por las condiciones en que se vivía allí, se unió al Consejo para la Ayuda de Judíos.

Consiguió identificaciones de la oficina sanitaria. Como los alemanes invasores tenían miedo de una posible epidemia de tifus, permitían que los polacos controlaran el recinto.

Se puso en contacto con familias a las que les ofreció llevar a sus hijos fuera del ghetto... Pero no les podía dar garantías de éxito. Debía convencer a los padres de que le entregaran sus hijos, y ellos le preguntaban: "Puedes prometerme que mi niño vivirá...?" ...pero ¿qué podía prometer? Lo único cierto era que los niños morirían si permanecían allí. Irena las entendía perfectamente, ella misma era madre.

A veces, cuando Irena o sus chicas volvían a visitar a las familias para intentar hacerlas cambiar de opinión, se encontraban con que todos habían sido llevados al tren que los conduciría a los campos de la muerte.

Comenzó a sacarlos en ambulancias como víctimas de tifus, pero pronto se valió de todo lo que estaba a su alcance para esconderlos y sacarlos de allí: cestos de basura, cajas de herramientas, cargamentos de mercaderías, sacos de patatas, ataúdes...
Llevaba en la parte de atrás un perro al que entrenó para ladrar a los nazis cuando salía y entraba del Ghetto.
Los soldados no querían tener nada que ver con el perro y los ladridos ocultaban los ruidos de los niños.

Con ayuda de otras personas elaboró cientos de documentos falsos dándoles identidades a los niños judíos.

Quería que un día pudieran recuperar sus verdaderos nombres, identidad, historias personales, sus familias.
Entonces ideó un archivo en el que registraba los nombres de los niños y sus nuevas identidades. Anotaba los datos en pequeños trozos de papel y los guardaba dentro de botes de conserva que enterraba bajo un manzano.
Allí guardó, sin que nadie lo sospechase, el pasado de 2,500 niños....

Pero un día los nazis supieron de sus actividades.
El 20 de octubre de 1943 la Gestapo detuvo a Irena, la llevaron a la prisión donde fue brutalmente torturada.

En un colchón de paja de su celda, encontró una estampa ajada de Jesucristo. La conservó como un azar milagroso en aquellos duros momentos, hasta el año 1979, en que se se la obsequió a Juan Pablo II.

Irena era la única que sabía los nombres y las direcciones de las familias que albergaban a los niños judíos; soportó la tortura y rehusó traicionar a sus colaboradores o a cualquiera de los niños ocultos. Le rompieron los pies y las piernas además de otras muchas torturas. Pero nadie pudo romper su voluntad.

Fue sentenciada a muerte. Una sentencia que nunca se cumplió, porque camino del lugar de la ejecución, el soldado que la llevaba, la dejó escapar. La resistencia le había sobornado porque no querían que Irena muriese con el secreto de la ubicación de los niños.

Oficialmente figuraba en las listas de los ejecutados, así que a partir de entonces, Irena continuó trabajando, pero con una identidad falsa.

Al finalizar la guerra, ella misma desenterró los frascos y utilizó las notas para encontrar a los 2,500 niños que colocó con familias adoptivas. A los que pudo los reunió con sus parientes diseminados por toda Europa, pero la mayoría había perdido a sus familiares en los campos de concentración nazis.

Los niños sólo la conocían por su nombre clave: Jolanta. Años más tarde, su historia apareció en un periódico acompañada de fotos suyas de la época, varias personas empezaron a llamarla para decirle:
"Recuerdo tu cara... soy uno de esos niños, te debo mi vida, mi futuro y quisiera verte..."

Irena tenía en su habitación cientos de fotos con algunos de aquellos niños sobrevivientes o con hijos de ellos. Su padre un médico, que falleció de tifus cuando ella era todavía pequeña, le inculcó lo siguiente:
"Ayuda siempre al que se está ahogando, sin tomar en cuenta su religión o nacionalidad. Ayudar cada día a alguien tiene que ser una necesidad que salga del corazón"

Irena Sendler pasó años en una silla de ruedas, debido a las lesiones que arrastró tras las torturas de la Gestapo.

No se consideraba una heroína. Nunca se adjudicó crédito alguno por sus acciones. Decía:
"Podría haber hecho más y este lamento me seguirá hasta el día en que yo muera."

El año 2007 Irena fue propuesta para recibir el Premio Nobel de la Paz... Pero no fue seleccionada.
El premio se lo concedieron a Al Gore que figuraba como luchador a causa del cambio climático, se enriqueció a base de conferencias sobre el tema y la polítiquería se metió por medio. Así vuelve a ser la historia.

 Después de todo, el hombre es ese ser que ha inventado las cámaras de gas en Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas cámaras con la cabeza erguida y el Padre Nuestro o el Shema Israel en sus labios (Viktor Frankl)

BENDITO SEAS, MI DIOS, POR TANTOS SANTOS NO CANONIZADOS

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