NUESTRAS PARROQUIAS

Buscamos unas Parroquias que sean Comunidades generadoras de vida, en ella fuimos engendrados por el Bautismo, y ella acompaña a sus hijos desde que nacen hasta que mueren. Escuela en la que nos formamos y maduramos unos con otros en la fe por la evangelización y la formación, como tarea permanente de conversión personal y comunitaria, entendida como un proceso dinámico que nunca acaba, como experiencia profunda de Dios e interiorización de la vida de Cristo (Gál 2,20; Filp 1,21). Debe ser un lugar de encuentro y vínculo de comunión, casa abierta a todos, hogar de los pobres, plataforma misionera, donde aprendemos y vivimos en libertad, fermento de nueva humanidad. Atenta a los signos de los tiempos y a las necesidades de nuestra gente


Bizitza sortzen duen Parrokia baten bila gabiltza, bertan Bataioaren bidez sortu ginen, eta gure seme-alabei jaiotzetik hil arte laguntzen diena. Katekesi eta ebanjelizazioaren fedean hezten eta heltzen garen ikastetxea da, bihurtze pertsonal eta komunitarioko etengabeko zeregin bezala, inoiz bukatzen ez den prozesu dinamiko bat bezala ulertua, Jainkoaren esperientzia sakona eta Kristoren bizitzaren barnerapen bezala (Gal 2,20; Filp 1,21). Topagune eta elkarte-lotura izan behar du, denontzat irekitako etxea, behartuen etxebizitza, plataforma misiolaria, aske ikasi eta bizitu dezakegunak, gizarte berri baten hartzigarria.


viernes, marzo 06, 2026

Cuaresma: caminar juntos.

 

Cuaresma: caminar juntos.


Cada año, la Cuaresma vuelve a colocarnos ante lo esencial de la fe. No es solo un tiempo de prácticas personales o de propósitos individuales, sino un camino que hacemos como comunidad, como Iglesia que peregrina unida hacia la Pascua. Es un tiempo para volver al Evangelio, para mirar a Cristo y redescubrir cómo quiere que vivamos.

Con frecuencia pensamos la Cuaresma como un periodo de renuncias: dejar algo, hacer un pequeño sacrificio, proponernos una oración más intensa. Todo eso es bueno, pero la Cuaresma cristiana no se agota en lo individual. La conversión a la que nos llama el Señor es siempre una conversión del corazón que nos lleva hacia los demás, especialmente hacia los más pobres y olvidados.

Jesús no vivió su misión en soledad. Formó una comunidad de discípulos, caminó con ellos, compartió la mesa, escuchó sus miedos y los envió a servir. La fe cristiana nace de ese encuentro con Cristo, pero crece y se fortalece en comunidad. Nadie se salva solo; caminamos juntos.

Por eso, la Cuaresma es también un tiempo para preguntarnos: ¿cómo es nuestra comunidad? ¿Es un lugar donde todos encuentran acogida? ¿Hay espacio para el pobre, el enfermo, el que está solo, el que llega de lejos? ¿O nos hemos acostumbrado a una fe cómoda, sin riesgos?

La Iglesia primitiva era reconocida porque “miraban cómo se amaban”. Ese amor no era un sentimiento abstracto, sino una vida compartida, un pan repartido, una ayuda concreta al necesitado. La limosna, la oración y el ayuno —las prácticas tradicionales de la Cuaresma— no son gestos aislados, sino caminos que nos enseñan a salir de nosotros mismos.

El ayuno nos libera del egoísmo y del exceso.
La oración nos abre a Dios y a los hermanos.
La limosna nos recuerda que lo que tenemos es para compartir.

Cuando una comunidad vive así, la Cuaresma deja de ser un tiempo triste o pesado y se convierte en un camino de esperanza. Descubrimos que el Señor ya está presente en medio de nosotros, especialmente en los más pobres. Ellos no son un problema que resolver, sino un lugar donde Dios nos espera.

Tal vez este año no podamos hacer grandes gestos, pero sí pequeños pasos concretos: visitar a alguien que está solo, participar más activamente en la vida parroquial, colaborar como voluntariado, escuchar con paciencia, compartir tiempo y recursos.

La Cuaresma es un camino hacia la Pascua, hacia la vida nueva. Y esa vida nueva no es solo para nosotros, sino para todos. Cuando caminamos juntos y ponemos nuestra fe al servicio de los más pequeños, la comunidad se convierte en signo del Reino de Dios.

Que esta Cuaresma nos encuentre más unidos, más sencillos y más disponibles para servir. Porque allí donde una comunidad se abre al pobre, allí ya comienza la Pascua.

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